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Caos, abismo y sangre: la Barcelona dominada por la Banda Negra
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Terrorismo urbano en Barcelona

Caos, abismo y sangre: la Barcelona dominada por la Banda Negra

Barcelona quedó atrapada entre anarquistas, pistoleros y sicarios financiados por la patronal en una guerra sin frentes que jamás se declaró. Durante aquellos años de plomo, la ciudad vivió un clima de violencia e impunidad

Foto: La Rambla de Barcelona a principios del siglo XX (Wikimedia)
La Rambla de Barcelona a principios del siglo XX (Wikimedia)

"A veces la patria es un presidio", Zenk.

Había concluido la I Guerra Mundial. Las tropas alemanas se habían replegado hacia el interior de Alemania para reprimir el levantamiento de Rosa Luxemburgo y sus ad lateres comunistas del Movimiento Espartaquista, cansados estos de perder familiares en el frente. Tras firmar el oneroso capítulo del Tratado de Versalles en Compiegne, germen de la atroz II Guerra Mundial y del cruel nazismo, las Freikorps, se habían quitado la careta y daban lugar a un nacionalismo reactivo y feroz, a su vez paritorio de las SA de Ernst Röhm y estas, por extensión, de las SS.

Europa, tras el final de la terrible guerra, quedo sumergida en un mercado negro de armas ligeras en el cual, cientos de pescadores de tierra adentro y mercachifles de negocio fácil, se habían arremangado para infestar a todos los grupos reaccionarios de izquierdas y como no, de derechas también con sus mortales juguetes. Por esta razón, el anarquismo catalán, siempre tan efervescente, se había hecho con centenares de fusiles Mauser y otras armas menores incluidas, las famosas granadas de mano, la Stielhandgranate Modelo 24/MK2 de apoyatura de madera. La Cataluña de aquel tiempo, entraba en convulsión por los duros enfrentamientos entre los libertarios anarquistas y los matones a sueldo del empresariado local o el llamado Sindicato Blanco. La guerrilla urbana era la apoteosis de la guerra. Aquello era el acabose.

Se libró durante cinco duros y largos años (1918-1923), una batalla sin cuartel entre unos idealistas y la fuerza encarnada en la oligarquía catalana

En aquel ambiente de hostilidad extrema entre profesionales del crimen organizado dirigidos por la policía oficial en sus horas extras y una oscura agencia de detectives llamada Koenig, instalada en el mismísimo centro de Barcelona; se libró durante cinco duros y largos años (1918-1923), una batalla sin cuartel entre unos idealistas y la fuerza encarnada en la oligarquía catalana. Cuando ese mismo año llegó al poder el dictador Primo de Rivera, aquella jaula de grillos que era Cataluña se serenó y las matanzas por ambas partes se congelaron hasta que aquel monumental rifirrafe quedó en mínimos.

Se estima que unos doscientos matones y criminales profesionales, los llamados duros del hampa, esto es, la Banda Negra, se emplearían a fondo en secuestros, desapariciones, torturas y asesinatos de líderes sindicales y anarquistas. Lo cotidiano era el horror entre los transeúntes y la ciudadanía tranquila que veía como los tiroteos, explosiones, atentados iban in crescendo; aquellos comandos del hampa barcelonesa no daban puntada sin hilo.

Foto: pistolerismo-barcelona-banda-negra-1hms

La Banda Negra tenía claras las consignas de sangre y fuego, los años de plomo y un crimen organizado desatado para empeñarse en los trabajos sucios contra los sindicatos, fueron los turbulentos años de plomo del pistolerismo de los gánsteres del llamado terrorismo blanco a las órdenes de la patronal, que alcanzó niveles de brutalidad sin parangón. Estas patrullas similares a los somatenes tradicionales, detenían por la calle con absoluta impunidad a los transeúntes, cacheándolos, pidiendo documentación y, si era necesario, aplicándoles la ley de fugas tras invitarles a circular, una vez el futuro interfecto les daba la espalda, una descarga cerrada lo dejaba tieso. Las venganzas de los grupos libertarios no se hicieron esperar.

El estallido que lo cambió todo

En el punto álgido de la ola de terror que emanaba de aquel mundo siniestro, el reclutador de origen alemán, un tal Koenig, llegaría a contratar matones y policías, unos como ejecutores y los otros como informadores y todos ellos, según la carga de “trabajo”, a comisión. Se calcula, según fuentes que consulté, que en el clímax de aquel aquelarre llegó a haber más de veinte comandos o grupos de acción móviles con sus correspondientes vehículos.

La temprana muerte del empresario Joan Tapias abrió el melón del crimen organizado y, por consiguiente, de las hostilidades entre los trabajadores afiliados a la CNT; esto ocurría en el año 1917. La muerte del abogado laboralista Francesc Lauret, de Joan Canela y el sonado crimen del reconocido luchador obrero, Salvador Seguí, generaron una ola de huelgas en toda España. El escenario empezó a extenderse por otros pueblos y ciudades próximas a Barcelona y, en este contexto, fue asesinado por los libertarios de la CNT el prestigioso empresario Théodore Jenny en Sabadell.

placeholder Asesinato de Salvador Seguí, portada de La Campana de Gràcia, 10 de marzo de 1923 (Wikimedia)
Asesinato de Salvador Seguí, portada de La Campana de Gràcia, 10 de marzo de 1923 (Wikimedia)

Pero uno de los crímenes más sonados por su enorme repercusión, fue el del Comisario Manuel Bravo Portillo; un sádico de manual, la mujer de la limpieza del corrupto funcionario, tras escuchar una conversación muy comprometedora le entregó el detalle resumido de lo que había descubierto; era además de todos sus chanchullos, un espía a favor de Alemania. Delataba a todos los barcos que salían del puerto de Barcelona hacia Gran Bretaña y los U Boote, se encargaban del resto. La muerte del alto cargo de la policía dio lugar a una espiral de violencia estremecedora entre las partes. Se estima que más de 500 cadáveres (otros historiadores rebajan la cifra al no incluir daños colaterales de gente que circulaba desprevenida antes de iniciarse un tiroteo).

En aquella ciudad de opulencia y miseria, en aquel laberinto de sangre, muchos transeúntes cayeron sin mayores consecuencias para los asesinos. Las balaceras estaban a la orden del día y las páginas de la prensa se teñían de rojo constantemente. Las mujeres de la CNT organizaron una vasta red de asistencia para los trabajadores en situaciones de emergencia alimentaria y los menesterosos, ya que la inflación llegó a dispararse, solo en el año 1919, en un 50%. Mientras, la ciudad absorbía una cuota importante de prostitución proveniente de otros países europeos y el variopinto mercado de drogas se disparaba; las barras de pan se compraban fragmentadas y el aceite desaparecía en las despensas de los más perjudicados.

Todo aquello se detuvo de forma abrupta con el golpe de Estado del dictador Primo de Rivera, que conseguiría desactivar aquella violencia descomunal a base de meterles mano a unos y a otros, o mejor dicho, a unos más que a otros. La policía —entendía el militar—, estaba podrida. Destacamentos del ejército tomaron las calles como medida de seguridad y las aguas volvieron a su cauce. Una época traumática se cerraba y otra, más inquietante, se abría...

"A veces la patria es un presidio", Zenk.

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