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No están en Cádiz ni en Sevilla: los pueblos blancos de Andalucía que son perfectos para visitar en otoño
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No están en Cádiz ni en Sevilla: los pueblos blancos de Andalucía que son perfectos para visitar en otoño

Montes y barrancos esconden una ruta sorprendente, con arquitectura encalada, sabores serranos y senderos dorados; viaje breve donde calma rural, chimeneas humeantes y vistas infinitas

Foto: La Alpujarra granadina. (Pueblos más Bonitos de España)
La Alpujarra granadina. (Pueblos más Bonitos de España)

Cuando las playas se vacían y el calor comienza a dar tregua, Andalucía guarda un secreto entre montañas que brilla con la llegada del otoño. No están en la Costa de la Luz ni en los pueblos de la campiña sevillana, sino en el corazón de Sierra Nevada: la Alpujarra granadina, un conjunto de pueblos blancos que parecen colgados del cielo y donde las chimeneas empiezan a humear mientras los castaños tiñen los caminos de ocre y dorado.

La Alpujarra se extiende entre Granada y Almería, aunque es en su vertiente granadina donde late con más fuerza el espíritu morisco y la esencia rural andaluza. Pueblos como Pampaneira, Bubión o Capileira forman un triángulo mágico dentro del Barranco de Poqueira, con calles empedradas, fuentes cantarinas y fachadas encaladas que reflejan siglos de historia. La arquitectura bereber, herencia de los antiguos pobladores del norte de África, se mezcla con el paisaje serrano en una armonía única: casas escalonadas, tejados planos de launa y chimeneas altas que parecen vigías de un tiempo detenido.

El otoño es una estación que pinta sin descanso. Los chopos y castaños se tiñen de amarillos, rojos y marrones, cubriendo los senderos de hojas crujientes que invitan a caminar sin rumbo. Desde los miradores de Capileira se domina el Barranco de Poqueira, donde el horizonte se ondula entre montes y nubes, mientras el murmullo de las acequias acompaña el paso tranquilo del visitante.

Las temperaturas, suaves y agradables, convierten a esta zona en un paraíso para senderistas. Existen rutas tan sencillas como la circular de Bubión o tan desafiantes como el ascenso a Siete Lagunas desde Trevélez, el pueblo más alto de España. Y para los amantes de la fotografía, pocos lugares ofrecen una luz tan dorada y envolvente como las laderas alpujarreñas al caer la tarde.

placeholder La Alpujarra granadina (iStock)
La Alpujarra granadina (iStock)

Entre los pueblos más curiosos de la Alpujarra destaca Soportújar, conocido como “el pueblo de las brujas”. Pasear por sus callejones es hacerlo entre leyendas: calderos, escobas, arañas gigantes y la misteriosa cabaña de Baba Yaga se reparten por las plazas y miradores. Este rincón es una mezcla perfecta entre folclore, fantasía y humor, y cada rincón parece pensado para sorprender al visitante. Su restaurante principal, además, presume de platos “de otro mundo”, elaborados con productos locales como la miel o el jamón serrano.

A más de 1.500 metros de altitud, Trevélez se asoma entre los picos nevados del Mulhacén y las aguas del río Chico. Es famoso por su jamón curado en altura, uno de los más reconocidos de España, y por las vistas que regala desde sus miradores. Pasear por sus tres barrios —el de Arriba, el del Medio y el de Abajo— es recorrer un museo al aire libre con fuentes de piedra, secaderos tradicionales y casas de tejados planos. Es también el punto de partida ideal para rutas de montaña o para saborear el auténtico plato alpujarreño.

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El otoño trae consigo una gastronomía de montaña irresistible. El plato alpujarreño, con papas a lo pobre, chorizo, morcilla y jamón, se convierte en la mejor recompensa tras un día de senderismo. También abundan los guisos de castañas, las sopas de ajo o los dulces artesanales como los soplillos de almendra.

Durante estos meses, los pueblos celebran fiestas populares llenas de vida, como la Fiesta de la Castaña en Pampaneira o la del Jamón en Trevélez. En las plazas se encienden hogueras, se cantan coplas y el olor a anís y buñuelos llena el aire.

Septiembre, octubre y noviembre son los meses perfectos para perderse por esta comarca. Las temperaturas suaves, el paisaje cambiante y la tranquilidad que se respira en cada rincón convierten la Alpujarra en uno de los destinos más mágicos de Andalucía. Ya sea para una escapada de fin de semana o para una ruta de varios días, los pueblos blancos de Granada ofrecen una experiencia otoñal que no encontrarás ni en Cádiz ni en Sevilla: una Andalucía diferente, más silenciosa, más verde y profundamente auténtica.

Cuando las playas se vacían y el calor comienza a dar tregua, Andalucía guarda un secreto entre montañas que brilla con la llegada del otoño. No están en la Costa de la Luz ni en los pueblos de la campiña sevillana, sino en el corazón de Sierra Nevada: la Alpujarra granadina, un conjunto de pueblos blancos que parecen colgados del cielo y donde las chimeneas empiezan a humear mientras los castaños tiñen los caminos de ocre y dorado.

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