Cada vez más personas cambian la leche de vaca por alternativas vegetales creyendo que son una opción más saludable. Sin embargo, la nutricionista Gabriela Pocovi advierte de que la mayoría de las bebidas vegetales “no aportan ningún valor nutricional real” y que su consumo masivo responde más a una estrategia de marketing que a un criterio de salud.
Durante su participación en el pódcast Tengo un plan, Pocovi explicó que muchas de las leches vegetales que se encuentran en los supermercados contienen apenas “cuatro almendras por litro” y el resto son “agua, aceites refinados y emulsionantes”. Según la experta, el consumidor cree que está eligiendo un producto sano cuando en realidad está bebiendo un líquido casi vacío de nutrientes.
La nutricionista reconoce que puede usarse “una pequeña cantidad para manchar el café”, pero insiste en que “no tiene sentido pensar que una taza de bebida vegetal te va a nutrir”. Y advierte: “El problema es que hay padres que preparan biberones con bebidas vegetales o adultos que las toman a diario pensando que son mejores que la leche”.
La cara oculta del marketing saludable
El auge de las bebidas de avena, soja o almendra ha coincidido con el aumento de intolerancias y la demonización de los lácteos. Para Pocovi, sin embargo, esa tendencia ha llevado a sustituir un alimento completo por un producto ultraprocesado: “La leche de vaca puede generar inflamación en algunas personas, pero las bebidas vegetales industriales no son la alternativa. Están llenas de aceites y aditivos que tampoco benefician al intestino”.
A su juicio, “lo más importante es leer etiquetas y priorizar las versiones con pocos ingredientes y sin azúcares añadidos”. Algunas marcas ecológicas o de herbolario están mejorando sus fórmulas, eliminando gomas y aceites vegetales, pero “siguen siendo poco nutritivas, aunque al menos no tan tóxicas como las convencionales”.
Entre las variedades más populares, Pocovi desaconseja el consumo de bebida de soja: “No la recomiendo para población caucásica. Las bacterias intestinales de los asiáticos metabolizan mucho mejor la soja y sus fitoestrógenos. Nosotros no estamos adaptados de la misma forma”. Además, recuerda que los fitoestrógenos pueden alterar el equilibrio hormonal si se consumen en exceso.
La leche, entre el mito y la realidad
Pese a la polémica que rodea a los lácteos, la experta considera que la leche de vaca puede seguir siendo parte de una dieta equilibrada, siempre que sea de buena calidad y se tolere bien. “No hay que demonizarla, pero tampoco pensar que todos deben tomarla”, apunta. Lo esencial, dice, es “escuchar al cuerpo, evitar los ultraprocesados y buscar el alimento real, no su imitación de laboratorio”.
Para Pocovi, el gran problema no está en elegir entre leche o bebida vegetal, sino en cómo hemos dejado de cocinar y de cuidar lo que comemos: “Nos llenamos, pero no nos nutrimos. La alimentación moderna está repleta de productos que engañan al cuerpo con sabor y textura, pero sin aportar lo que realmente necesita”.
Cada vez más personas cambian la leche de vaca por alternativas vegetales creyendo que son una opción más saludable. Sin embargo, la nutricionista Gabriela Pocovi advierte de que la mayoría de las bebidas vegetales “no aportan ningún valor nutricional real” y que su consumo masivo responde más a una estrategia de marketing que a un criterio de salud.