Tianying Wu, epidemiologa: "Algo tan simple como la temperatura de lo que comemos y bebemos puede tener un impacto real en la salud"
Una nueva investigación sugiere que un detalle cotidiano de nuestra rutina podría estar influyendo más de lo que imaginamos en el bienestar físico y emocional
Un estudio elaborado por la Universidad Estatal de San Diego ha revelado que la temperatura de lo que ingerimos puede afectar al organismo más de lo que se pensaba. De acuerdo con sus autores, la elección entre consumir bebidas frías o calientes influye en el ánimo, la calidad del sueño y la salud digestiva. Este trabajo, pionero en Estados Unidos, demuestra que algo tan cotidiano como la temperatura de una bebida puede tener consecuencias reales sobre el bienestar general.
La investigación, dirigida por la epidemióloga Tianying Wu, analizó los hábitos de más de 400 adultos, tanto de origen asiático como blanco. Los resultados mostraron que quienes aumentaban el consumo de bebidas frías durante el verano experimentaban mayores niveles de ansiedad, insomnio y sensación de pesadez abdominal. En cambio, las personas que preferían bebidas calientes, sobre todo en invierno, declararon un mejor descanso nocturno y una digestión más equilibrada.
El estudio también identificó que las personas con manos frías, posible señal de mala circulación sanguínea, presentaban reacciones más intensas ante el consumo de productos fríos. Los autores apuntan que estas conclusiones coinciden con los principios de la medicina tradicional china y la ayurvédica, que históricamente desaconsejan abusar de alimentos o bebidas frías, sobre todo en quienes padecen problemas de circulación o digestión.
La terapeuta ocupacional Jessica Mack añadió que las bebidas calientes pueden mejorar la circulación y estimular la liberación de serotonina, neurotransmisor asociado al bienestar emocional. Por su parte, Wu subrayó la importancia de continuar investigando estos efectos para entender cómo afectan a distintos grupos de edad o condiciones médicas. “Las elecciones diarias sobre la temperatura de lo que comemos o bebemos pueden ser más relevantes para la salud de lo que creemos”, concluyó.
Un estudio elaborado por la Universidad Estatal de San Diego ha revelado que la temperatura de lo que ingerimos puede afectar al organismo más de lo que se pensaba. De acuerdo con sus autores, la elección entre consumir bebidas frías o calientes influye en el ánimo, la calidad del sueño y la salud digestiva. Este trabajo, pionero en Estados Unidos, demuestra que algo tan cotidiano como la temperatura de una bebida puede tener consecuencias reales sobre el bienestar general.