Reconocer la codependencia emocional resulta complicado incluso para quienes la sufren. La terapeuta Agustina D’Andraia explica que esta forma de adicción se disfraza de amor incondicional y se alimenta de ideas culturales muy arraigadas. “Es difícil identificarla porque es la adicción más legalizada y romantizada del mundo”, afirma. A diferencia de otras dependencias, esta se celebra en canciones, películas y relatos que glorifican el sacrificio y la entrega total al otro.
La psicóloga Patricia Faur, docente de la Universidad Favaloro y especialista en dependencias afectivas, detalla que el término “codependencia” surgió originalmente para describir a quienes convivían con personas adictas. Con el tiempo, el concepto evolucionó hasta definir un patrón relacional disfuncional. Según Faur, “la dependencia emocional actúa como una adicción de comportamiento, parecida a la del sexo o las compras: no se es adicto a alguien, sino a la ilusión del enamoramiento y al refuerzo que provoca”.
Para D’Andraia, el síntoma más evidente es la pérdida de paz interior. “Se siente físicamente que algo no está bien”, explica. Relata que llegó a dudar de su propio criterio, tolerando comportamientos dañinos por miedo a perder a la otra persona. Los celos, la desconfianza, la necesidad constante de aprobación y la culpa son señales de alerta. Estos vínculos mezclan momentos de intensa pasión con angustia y vacío, lo que refuerza el apego y dificulta romper el ciclo.
Salir de una relación codependiente exige reconocer la propia herida y pedir ayuda. Faur aconseja apoyarse en una red de confianza, practicar la pausa antes de reaccionar y escuchar al cuerpo, ya que la ansiedad o el malestar físico suelen ser los primeros avisos. La terapeuta D’Andraia insiste en que la recuperación es posible: “Sanar no significa dejar de amar, sino aprender a hacerlo sin perderse en el otro”. Un proceso que, aunque largo, permite reconstruir vínculos más sanos basados en el respeto y la libertad emocional.
Reconocer la codependencia emocional resulta complicado incluso para quienes la sufren. La terapeuta Agustina D’Andraia explica que esta forma de adicción se disfraza de amor incondicional y se alimenta de ideas culturales muy arraigadas. “Es difícil identificarla porque es la adicción más legalizada y romantizada del mundo”, afirma. A diferencia de otras dependencias, esta se celebra en canciones, películas y relatos que glorifican el sacrificio y la entrega total al otro.