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Un aviador insolente que soñó con volar en la Córdoba del siglo IX
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Un aviador insolente que soñó con volar en la Córdoba del siglo IX

Mucho antes de que Leonardo da Vinci soñara con alas y hélices, un sabio andalusí llamado Abbás Ibn Firnás se lanzó al vacío desde un minarete de Córdoba decidido a volar. Sobrevivió y se ganó el título de primer aviador del mundo

Foto: Recreación de las alas ideadas por Ibn Firnás, probadas por él mismo. (Wikimedia)
Recreación de las alas ideadas por Ibn Firnás, probadas por él mismo. (Wikimedia)

"La suerte, es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad", Séneca.

Es altamente probable que el primer sueño para volar por los aires, fuera materializado por un Andalusí; esto es, volar sin antes arrearse una buena castaña con final infeliz. A los inventos de Leonardo da Vinci les quedaba un ratito largo y algunos disgustos de por medio. Pero, ¿cuál fue la historia de este arriesgado piloto de primera hornada? Vamos a por ello.

Isaac Asimov dijo en su momento que para que el hombre culminara su desarrollo en este plano, debería comenzar a volar por sí mismo sin subterfugios ni zarandajas. Es evidente que llevamos cierto retraso para poder igualar a los dioses, pero, no se nos puede negar que ese antiguo anhelo de la condición humana por levitar y volar está latente en nuestras más íntimas aspiraciones.

En la época de la dinastía Tang ya se había intentado hacer volar a los esclavos con artilugios muy parecidos a los cohetes adosados a sus espaldas. Más de uno de aquellos desgraciados interfectos acabó con sus huesos triturados contra la adversa orografía, o lo que es lo mismo, por convertirse contra su voluntad en pilotos de pruebas. Hay que recordar que la invención de la pólvora tal y como se nos ha contado se remonta hacia el año 850 d.C. Los alquimistas chinos que andaban enredando como siempre, intentaban crear un mejunje para dar con la clave de la inmortalidad y, durante la búsqueda, varios de ellos encontraron la muerte sin que hasta la fecha se haya sabido de las conclusiones de estos experimentos, siempre, relacionados con la búsqueda de elevarnos en el aire.

Si bien es cierto que el caso de Lagâri Hasan Çelebi, en su intento de cruzar el Cuerno de Oro con unas alas de fortuna y un remedo de cohete, fue un hito en su momento —salió vivo del impacto, aunque algo perjudicado—, que los hermanos Wright siglos más tarde no rompieran la barrera del sonido, pero sí algunos huesos; el caso del Andalusí Abbás Ibn Firnás, tiene un cariz más que heroico. Lo más normal es que, si te tiras de un séptimo piso, te hagas papilla contra el suelo. Pues este hijo de la Serranía de Ronda y Bereber, para más datos, lo hizo y sobrevivió sacudiéndose el polvo de la túnica con gallardía, así, como quien no quiere la cosa. Eso ocurrió en el primero de los dos intentos, en el segundo tuvo un descalabro importante, pero sobrevivió.

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Esta polímata árabe peninsular, era un “máquina”. Profesor de física y astronomía, escribía greguerías y poemas a velocidad hipersónica, instruyendo en el arte de los versos al propio Abderramán II. Como inventor no tenía rival. Preciosas clepsidras dignas de un orfebre y variantes de la misma con una audaz ingeniería hidráulica; medían el tiempo cronológico con precisión. Llegó a diseñar y armar una esfera armilar, un instrumento de medición planetaria desde la perspectiva terrestre, con toda probabilidad, la primera vista en nuestro continente.

Sus conocimientos de la antiquísima lengua sánscrita, le permitieron traer a la península y por ende a Europa, unas tablas trípticas que hacían alusión al tiempo infinito o tiempo cíclico, qué dicho en árabe vendría a ser —se hace necesario recordar que las tablas de Zij as Sindhind, dividen el espacio-tiempo en ciclos de creación y destrucción que se llaman kalpas—; una métrica cósmica similar a los Yugas indostánicos de aquella era. En ellas estaban insertos unos manuales de instrucción para medir con precisión la posición del sol, la luna, Venus y otros tres o cuatro planetas conocidos hasta ese momento.

placeholder Estatua de Abbás Ibn Firnás en Bagdad (Wikimedia)
Estatua de Abbás Ibn Firnás en Bagdad (Wikimedia)

Finalmente, la historia aeronáutica de Abbás Ibn Firnás, comenzó y acabó un día en el que el osado Ándalus se atrevió a desafiar la gravedad sin disimulo. ¿Qué pasó? Pues muy sencillo, no supo medir sus límites. La idea de volar lo humano acudió a Ibn Firnás como siempre, tras un momento de inspiración. Él era un hombre apasionado que cruzaba los límites de las dudas hasta forzarlas. Dejaría una herencia en la historia. Su contribución a la aviación, aunque perdida en el tiempo por la distancia y el olvido, quedaría rubricada en la historia por la memoria de aquellos herederos sin amnesia.

En un segundo intento y muy subido por la fama que había construido en su personaje, voló desde un minarete de la ciudad de Córdoba haciéndose una pupa de tal magnitud que, le dejaría en silla de ruedas para los restos. Abbas Ibn Firnás. El primer aviador "español" fue Andalusí y no se mató en el intento. Los sueños tienen un precio.

"La suerte, es lo que ocurre cuando la preparación coincide con la oportunidad", Séneca.

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