Lama Rinchen Gyaltsen, monje budista: "Si no estás iluminado, va a llegar un punto en donde puedes explotar como un gran volcán"
La ira es una de las emociones más complejas de comprender y gestionar, porque surge con rapidez, nubla el juicio y deja huellas que el tiempo no siempre borra
Una enseñanza reciente del Lama Rinchen Gyaltsen aborda cómo gestionar la ira y el egocentrismo para mantener la calma cuando todo “arde”. Desde la perspectiva del budismo y con ejemplos de Shakya Pandita, propone identificar el “punto de hervor” emocional antes de “explotar como un gran volcán”, y cultivar resiliencia y altruismo para transformar la reactividad.
La lección forma parte de Perlas de sabiduría, publicada en un vídeo en el canal de YouTube de Paramita (monasterio Sakya): el maestro invita a mirar dentro para reconocer el origen de la reactividad y del sufrimiento. Entre las citas literales, subraya: “Si lo puedes hacer mal, también lo puedes hacer bien, porque lo puedes hacer, ¿verdad?”, y advierte: “Si no estás iluminado, entonces vamos a llegar algún punto en donde sí podemos explotar con gran volcán, ¿verdad?”.
El maestro explica que incluso las personas “buenas” pueden volverse hostiles si se las fricciona sin tregua, como el sándalo que termina ardiendo. De ahí su insistencia en reconocer límites: “Todas las personas tenemos nuestro punto de hervor.” y protegerse de detonantes porque “cuando explota la ira, cuando ardemos con ira, no estamos en control y podemos hacer en poco tiempo mucho daño.” Conocer el umbral propio ayuda a evitar decisiones con repercusiones duraderas.
Cómo evitar la reactividad
Según Rinchen Gyaltsen, la raíz está en el egocentrismo, una obsesión con el “yo” que distorsiona la realidad y genera emociones tóxicas. Lo expresa así: “Egocentrismo en el budismo es la obsesión con nosotros” y de él “nace la reactividad”. De ese bucle emergen miedo y esperanza proyectados al futuro, que alimentan la sensación de amenaza ante críticas o pérdidas, disparando la ira.
El antídoto directo es el altruismo: “no hay ninguno que sea tan […] directamente implicado como antídoto como el altruismo”. Practicar empatía, amor bondadoso y compasión fortalece la mente y la vuelve más estable. Desde los versos de Shakya Pandita, recuerda además el potencial transformador: “Quién tiene la capacidad de dañar, también tiene el poder de beneficiar.” La clave es entrenar esa capacidad para orientar la acción hacia el bien común.
El maestro llama a integrar el dharma más allá de la simple afinidad pasajera, llevándolo a la práctica cotidiana: “Tenemos que realmente implementarlo en nuestra vida y en nuestra práctica formal para ver si funciona.” Con una ética de paciencia, discernimiento y compromiso, la mente puede navegar los altibajos sin dejarse arrastrar por la reactividad, cultivando una fortaleza que no lucha, sino que comprende y transforma.
Una enseñanza reciente del Lama Rinchen Gyaltsen aborda cómo gestionar la ira y el egocentrismo para mantener la calma cuando todo “arde”. Desde la perspectiva del budismo y con ejemplos de Shakya Pandita, propone identificar el “punto de hervor” emocional antes de “explotar como un gran volcán”, y cultivar resiliencia y altruismo para transformar la reactividad.