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El 'oro blanco' que equilibra tu flora intestinal: el alimento milenario que muchos han olvidado
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El 'oro blanco' que equilibra tu flora intestinal: el alimento milenario que muchos han olvidado

Una bebida ancestral vuelve a ganar protagonismo gracias a la ciencia moderna, que confirma su potencial para mejorar la digestión y reforzar el sistema inmunitario

Foto: Una flora intestinal sana es un metabolismo sano. iStock
Una flora intestinal sana es un metabolismo sano. iStock

Aunque su origen se remonta a las montañas del Cáucaso, el kéfir ha recuperado protagonismo en los últimos años gracias al interés científico por sus propiedades. Publicaciones recogidas en bases médicas como PubMed y BioMedCentral (BMC) lo describen como una compleja comunidad de microorganismos vivos —entre treinta y sesenta cepas según el cultivo— que actúan sobre el sistema digestivo, inmunitario y metabólico. Los estudios sugieren que su consumo regular puede favorecer el equilibrio de la microbiota y aliviar molestias intestinales.

Esta bebida fermentada se obtiene a partir de gránulos de textura gelatinosa y tono blanquecino, donde conviven bacterias lácticas y levaduras. Al fermentar los azúcares, se generan compuestos como ácido láctico, dióxido de carbono y etanol, responsables de su sabor característico y de sus efectos biológicos. Según César Casavola, presidente de la Sociedad Argentina de Médicos Nutricionistas (SAMENUT), “el kéfir representa una comunidad simbiótica que obtiene beneficios de su convivencia”. Existen dos tipos principales: el kéfir de leche, de sabor ácido y mayor valor proteico, y el kéfir de agua, más ligero pero también rico en probióticos.

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Las investigaciones apuntan a que esta bebida puede restaurar la flora intestinal, mejorar la digestión y reforzar las defensas naturales. Casavola explica que las bacterias del kéfir —entre ellas Lactobacillus kefiranofaciens o Saccharomyces cerevisiae— ayudan a mantener un ambiente intestinal estable, reduciendo el crecimiento de microorganismos dañinos. La nutricionista Milagros Sympson añade que su consumo “mejora la absorción de minerales como el calcio o el magnesio y puede favorecer la tolerancia a la lactosa”. Un estudio publicado en BMC Medicine incluso observó una disminución de la disbiosis intestinal en pacientes críticos que incorporaron kéfir en su dieta.

Prepararlo en casa es sencillo: basta con dejar fermentar los gránulos en leche o en agua azucarada entre 24 y 48 horas, a temperatura ambiente, y luego colarlos. Los expertos recomiendan utilizar utensilios limpios, evitar el metal y conservar la bebida en refrigeración. Sympson precisa que “una dosis diaria de entre 100 y 200 mililitros resulta suficiente para obtener beneficios”, y subraya la importancia de mantener una alimentación equilibrada y constante. Este “oro blanco” ancestral, símbolo de bienestar durante siglos, confirma ahora con respaldo científico su papel como aliado natural de la salud intestinal.

Aunque su origen se remonta a las montañas del Cáucaso, el kéfir ha recuperado protagonismo en los últimos años gracias al interés científico por sus propiedades. Publicaciones recogidas en bases médicas como PubMed y BioMedCentral (BMC) lo describen como una compleja comunidad de microorganismos vivos —entre treinta y sesenta cepas según el cultivo— que actúan sobre el sistema digestivo, inmunitario y metabólico. Los estudios sugieren que su consumo regular puede favorecer el equilibrio de la microbiota y aliviar molestias intestinales.

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