“Una de cada tres personas mueren por enfermedad de corazón y, lamentablemente, la mitad no llega a nuestra sala de intervencionismo cardíaco, donde podemos tratar el infarto y salvarles la vida”, advierte el cardiólogo José Abellán. Aunque la medicina avanza y los tratamientos de urgencia salvan miles de vidas cada año, los especialistas insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. Y buena parte de esa prevención está en los hábitos cotidianos y en la gestión del estrés.
El doctor Abellán, cardiólogo intervencionista en el Hospital General Universitario Santa Lucía de Murcia, ha explicado en un vídeo en sus redes que una parte esencial del riesgo cardiovascular está directamente vinculada al estilo de vida. A su juicio, aunque la población ha interiorizado la importancia de controlar factores como la hipertensión, la diabetes o el colesterol, aún se subestiman otros riesgos igual de determinantes.
El estrés crónico, un enemigo silencioso
Entre esos factores, el cardiólogo destaca especialmente el impacto del estrés prolongado: “El estrés, cuando se cronifica, sabemos que aumenta el riesgo de infarto un 45%”. Este dato, que respalda la literatura médica, coincide con las advertencias de instituciones como la Universidad de Harvard, que subraya los efectos del estrés crónico en la salud cardiovascular.
Según el portal de salud de dicha universidad, el estrés puede dividirse en dos tipos: agudo (de corta duración) y crónico (que se mantiene durante semanas o meses). Este último “debilita la salud física y el bienestar emocional” y puede aumentar la presión arterial, alterar el sistema inmunitario y provocar una respuesta inflamatoria persistente. Con el tiempo, esa inflamación sostenida puede favorecer el desarrollo de enfermedades cardiovasculares, entre otras dolencias.
Vivir estresado todos los días supone un esfuerzo continuo para el sistema cardiovascular, comparable al de entrenarlo sin descanso. Por eso, el doctor Abellán insiste en que para mantener el corazón sano, “hay que entrenarlo diariamente, pero no estresarlo cada día”.
El cardiólogo murciano advierte también sobre el peligro de hábitos que a menudo se subestiman. “Vapear duplica el riesgo de infarto en comparación con quienes no lo hacen”, explicó. El uso de anabolizantes es otro de los factores que más preocupa al especialista, pues “envejecen el sistema cardiovascular a un ritmo brutal”. A esto se suman la contaminación atmosférica —que, según distintos estudios, incrementa la mortalidad por infarto— y el sedentarismo, un problema que afecta a buena parte de la población española. “No os imagináis lo importante que es moverse mucho para tener un corazón sano”, señala Abellán.
Como explica la Universidad de Harvard, cuando el estrés se convierte en un estado permanente, el cuerpo se mantiene en “modo alerta”, segregando hormonas como el cortisol y la adrenalina. A largo plazo, esto puede favorecer la hipertensión, el daño arterial y el aumento del riesgo de infarto de miocardio.
“Una de cada tres personas mueren por enfermedad de corazón y, lamentablemente, la mitad no llega a nuestra sala de intervencionismo cardíaco, donde podemos tratar el infarto y salvarles la vida”, advierte el cardiólogo José Abellán. Aunque la medicina avanza y los tratamientos de urgencia salvan miles de vidas cada año, los especialistas insisten en que la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. Y buena parte de esa prevención está en los hábitos cotidianos y en la gestión del estrés.