Xevi Verdaguer, psiconeuroinmunólogo: "Si por la noche tienes las manos y los pies fríos, las hormonas de estrés están altas y no deberían"
El especialista explica cómo la temperatura de las manos y los pies puede revelar si el cuerpo está preparado para descansar o si el estrés sigue dominando durante la noche
El psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer ha explicado en uno de sus vídeos una curiosa forma de comprobar cómo se comportan las hormonas del estrés a lo largo del día. Según el especialista, el cuerpo ofrece señales claras del estado del sistema nervioso y de los niveles de cortisol —la principal hormona del estrés— a través de algo tan cotidiano como la temperatura de las manos y los pies.
“Si por la noche tienes las manos y los pies fríos, las hormonas de estrés están altas y no deberían de estarlo”, afirma Verdaguer. Este fenómeno, explica, indica que el organismo continúa en modo vigilia cuando debería estar preparándose para el descanso. Las noches son el momento en el que las hormonas del estrés deberían reducirse para permitir un sueño reparador y activar los procesos de regeneración del cuerpo.
Durante el día, señala el experto, lo normal es que las manos y los pies estén fríos. Esto ocurre porque el cuerpo concentra el flujo sanguíneo en el “core”, el núcleo central del organismo, para mantener activo el metabolismo y la mente alerta. “Por las mañanas, las manos y los pies deben estar fríos, para estar seguros de que el core está caliente”, comenta el psiconeuroinmunólogo, que añade un sencillo truco para comprobarlo.
Verdaguer recomienda colocar las manos en las fosas supraclaviculares, una pequeña depresión que se encuentra justo encima del pecho, junto al cuello. Si se nota que las manos están más frías que esa zona central del cuerpo, es una buena señal: significa que las hormonas del estrés están elevadas y el cuerpo se encuentra en un estado de activación normal para afrontar la jornada.
El cambio se produce al llegar la noche. Según Verdaguer, cuando las hormonas del estrés se reducen de forma natural, el cuerpo invierte el flujo de calor: las manos y los pies se calientan y el núcleo corporal se enfría ligeramente, lo que facilita la conciliación del sueño y el descanso profundo. “Por la noche tiene que ocurrir lo contrario, si las hormonas del estrés se han reducido, has cenado pronto y todo ha ido bien, las manos y los pies estarán calientes”, explica.
Antes de acostarse, el especialista recomienda repetir el mismo gesto que por la mañana: colocar las manos sobre las fosas supraclaviculares. Si en ese momento se percibe que las manos están más calientes que el núcleo del cuerpo, el sistema está preparado para dormir y entrar en las fases más profundas del descanso.
Verdaguer señala que esta autorregulación de la temperatura no es un detalle sin importancia. Cuando el cuerpo logra entrar en el sueño profundo de ondas lentas, también llamado REM número 3, se activan funciones esenciales para la salud. “En esta fase, el sistema inmunológico repara inflamaciones y el sistema glinfático limpia de tóxicos el cerebro”, indica. Este proceso de depuración nocturna es fundamental para despertar con la mente clara y el cuerpo con energía.
Al contrario, si las hormonas del estrés permanecen elevadas durante la noche, el sueño se fragmenta y el organismo no alcanza esos niveles de reparación. El resultado, según el especialista, es un despertar con fatiga, dificultad para concentrarse y sensación de agotamiento a pesar de haber dormido varias horas.
El psiconeuroinmunólogo insiste también en la importancia de mantener rutinas saludables antes de dormir. Cenar con tiempo, evitar el uso prolongado de pantallas y crear un ambiente relajado son hábitos que favorecen la bajada del cortisol y preparan al cuerpo para descansar. “Si todo ha ido bien y tus hormonas del estrés están bajas, estás a punto para tener una gran noche”, afirma.
El psiconeuroinmunólogo Xevi Verdaguer ha explicado en uno de sus vídeos una curiosa forma de comprobar cómo se comportan las hormonas del estrés a lo largo del día. Según el especialista, el cuerpo ofrece señales claras del estado del sistema nervioso y de los niveles de cortisol —la principal hormona del estrés— a través de algo tan cotidiano como la temperatura de las manos y los pies.