"Solo tomaba proteína en la cena": el chef Paco Roncero cuenta cómo consiguió perder 40 kilos
Decidió dar un giro radical a su rutina personal, apostando por un estilo de vida en el que el esfuerzo físico y la disciplina diaria se convirtieron en la receta principal de su bienestar
La foto fija no engaña: hace casi dos décadas, Paco Roncero se vio con 120 kilos, mucho trabajo y cero tiempo para sí mismo. Hoy, a los 56, luce dos estrellas Michelin, corre maratones, ha completado Ironman y repite un mantra aprendido a fuerza de disciplina: “el deporte me devolvió la vida”. Su transformación no fue de un día para otro, pero sí empezó con un gesto diminuto: ocho minutos corriendo.
El chef reconoce que hace casi dos décadas llegó a pesar 120 kilos. El exceso de trabajo, las jornadas maratonianas y la falta de tiempo para sí mismo le pasaron factura. Hoy, con 56 años, dos estrellas Michelin y un palmarés deportivo envidiable, cuenta que su cambio arrancó con un gesto casi insignificante: ocho minutos de carrera a primera hora de la mañana, que pronto se convirtieron en kilómetros y, más tarde, en maratones e incluso en pruebas Ironman.
Al principio apenas podía aguantar un par de vueltas, pero en veinte días ya corría diez kilómetros y en ese mismo año completó el maratón de Nueva York. En la báscula, el cambio fue evidente: pasó de 120 a 98 kilos en cuestión de meses. Con el tiempo, la transformación alcanzaría los 40 kilos menos. La clave, insiste, fue la constancia y no dejarse arrastrar por la pereza ni siquiera cuando las agujetas hacían acto de presencia.
El deporte se convirtió en parte esencial de su rutina. Correr, nadar, montar en bicicleta y entrenar fuerza son hábitos que mantiene casi a diario. No presume de tiempos ni de marcas, sino de fortaleza mental: “si no la tienes bien, no terminas”, asegura al hablar de pruebas de fondo. También reconoce que antes dormía muy poco y que con los años aprendió a cuidar su descanso, midiendo las horas de sueño como un ingrediente más de su equilibrio personal.
Su pareja, Nerea, exdeportista y tan metódica como él, ha sido un apoyo fundamental. Entrenan juntos, comparten disciplina y también se animan a disfrutar del camino, sin caer en la obsesión por los resultados. Ese mismo espíritu lo aplica a la cocina y a su equipo: ahora evita jornadas interminables y ha aprendido a delegar responsabilidades, convencido de que un chef también necesita aire para ser creativo.
En lo que respecta a la alimentación, Roncero se define como “antidieta”. Rechaza los planes rígidos y apuesta por la coherencia: comer de todo, con moderación, y ajustar las cantidades según el nivel de actividad. En los primeros tiempos, reconoce que en ocasiones se saltaba la cena o solo tomaba proteína, como una tortilla o algo ligero, para no irse a la cama con sensación de pesadez. Hoy su enfoque es más flexible: café con leche y tostada para empezar el día y, si toca viajar, un croissant de mantequilla sin remordimientos.
El gran aprendizaje, según confiesa, ha sido entender que no existen alimentos prohibidos ni fórmulas mágicas. Lo importante es moverse, descansar y mantener el equilibrio.
La foto fija no engaña: hace casi dos décadas, Paco Roncero se vio con 120 kilos, mucho trabajo y cero tiempo para sí mismo. Hoy, a los 56, luce dos estrellas Michelin, corre maratones, ha completado Ironman y repite un mantra aprendido a fuerza de disciplina: “el deporte me devolvió la vida”. Su transformación no fue de un día para otro, pero sí empezó con un gesto diminuto: ocho minutos corriendo.