Prácticamente cada persona joven dispone de un smartphone, una herramienta útil que puede, o bien facilitarnos la vida, o bien generar diversos problemas de salud. La nomofobia, considerada por muchos expertos como “la enfermedad del siglo XXI”, afecta con especial intensidad a la generación Z, que pasa gran parte de su vida conectada al teléfono móvil. Este síndrome describe un miedo irracional a quedarse sin acceso al dispositivo, generando ansiedad y dependencia en millones de jóvenes.
Tal y como explica el psicólogo Federico Casado en un artículo publicado en Psicología y Salud Sevilla, “la llamada nomofobia (un término pseudocientífico derivado del inglés, no-mobile-phone phobia, acuñado por primera vez en 2008) es una parte más de esas nuevas adicciones tecnológicas, en las que los límites del uso y del abuso cada vez están más difuminados”. Según el especialista, más que una fobia, se trataría de un problema de control de impulsos.
Este fenómeno se traduce en conductas habituales como revisar el móvil una media de 34 veces al día, no apagarlo nunca, llevarlo incluso al baño o regresar a casa si se ha olvidado. Encuestas citadas en el mismo análisis señalan que hasta el 85% de los británicos admite sufrir nomofobia, un porcentaje que alcanza el 98% en mujeres. En España, los estudios apuntan a que entre el 53% y el 66% de los usuarios experimenta este miedo irracional, impulsado por la alta penetración de smartphones.
Síntomas y consecuencias
Los síntomas más frecuentes incluyen ansiedad, pensamientos obsesivos relacionados con el dispositivo, inestabilidad, agresividad e incluso problemas de concentración y sueño. “La persona con adicción al móvil, cuando no puede hacer uso de él, se siente ‘aislada del mundo’, no puede dejar de pensar en el teléfono y manifiesta un deseo irrefrenable por volver a estar conectada a su smartphone”, advierte el psicólogo.
Ante este panorama, los especialistas recomiendan establecer pautas conscientes de desconexión: apagar el móvil en reuniones sociales o familiares, dejarlo fuera de la mesa en comidas y cenas, e incluso pactar con amigos que el primero en mirar el dispositivo pague la cuenta. Más allá de ser un simple hábito, se trata de un esfuerzo colectivo por recuperar la atención plena y las relaciones presenciales frente a la dependencia tecnológica.
Prácticamente cada persona joven dispone de un smartphone, una herramienta útil que puede, o bien facilitarnos la vida, o bien generar diversos problemas de salud. La nomofobia, considerada por muchos expertos como “la enfermedad del siglo XXI”, afecta con especial intensidad a la generación Z, que pasa gran parte de su vida conectada al teléfono móvil. Este síndrome describe un miedo irracional a quedarse sin acceso al dispositivo, generando ansiedad y dependencia en millones de jóvenes.