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Simone de Beauvoir, filósofa: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos"
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Simone de Beauvoir, filósofa: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos"

Revisó la historia desde los mitos griegos y Aristóteles hasta la Edad Media y el pensamiento cristiano para mostrar cómo lo femenino ha sido identificado con lo pasivo, lo caótico y lo inferior

Foto: Simone de Beauvoir (Wikimedia)
Simone de Beauvoir (Wikimedia)

Su pensamiento revolucionó la forma de entender la libertad, el género y la desigualdad. Simone de Beauvoir dejó claro que las mujeres no están determinadas por su biología, sino que aprenden su papel social. Y ese rol no es neutro: está construido históricamente por el poder masculino. Por eso afirmó que "el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos", apuntando a las propias mujeres que perpetúan el sistema por miedo, comodidad o dependencia.

Esta idea, recogida en El segundo sexo (1949), su obra más influyente, plantea que la feminidad no es una esencia natural, sino una construcción social. Las niñas no nacen con un destino escrito, sino que aprenden desde pequeñas a actuar, pensar y sentirse como “mujeres” según las normas impuestas. Para Beauvoir, esa educación crea un “segundo sexo” subordinado, definido siempre en función del hombre.

Existencialismo, conciencia y opresión

Desde el existencialismo, Beauvoir analizó la opresión como una forma de “dominio de la conciencia”: el hombre convierte a la mujer en “lo otro” para afirmarse como sujeto soberano. La mujer, por miedo a asumir la angustia de la libertad, se refugia en ese rol pasivo, evitando así tener que inventar sus propios fines. Por eso, según la autora, muchas mujeres prefieren aceptar la seguridad de su papel subordinado antes que arriesgarse a vivir como sujetos autónomos.

Beauvoir revisó la historia desde los mitos griegos y Aristóteles hasta la Edad Media y el pensamiento cristiano para mostrar cómo lo femenino ha sido identificado con lo pasivo, lo caótico y lo inferior. Desde los pitagóricos hasta Santo Tomás, se ha negado a las mujeres no solo el acceso al conocimiento, sino incluso el alma. A través de esa genealogía de la opresión, propuso un análisis profundo de cómo la cultura ha construido a la mujer como ser secundario.

Foto: amistad-simone-de-beauvoir-filosofia-relaciones

La contradicción que la valida

Aunque fue una figura independiente e intelectual, Beauvoir aceptó de puertas afuera un rol subordinado respecto a Sartre. Él fue el número uno de su promoción; ella, el número dos. Él firmaba libros de filosofía; ella escribía ensayos y novelas. Pero detrás de cada obra de Sartre estaba la mirada crítica de Simone. Se eligió como su compañera, su editora y cronista, sin vivir bajo el mismo techo, pero sin dejar nunca de estar disponible.

A lo largo de su vida, Beauvoir fue tachada de fría, calculadora, astuta. Etiquetas que, como señala el propio vídeo, solo parecen aplicarse a mujeres que se atreven a pensar en voz alta. Su defensa del aborto, la prostitución o el amor libre escandalizó a la Francia de posguerra. El segundo sexo fue censurado por el Vaticano, pero Paris-Match dedicó siete páginas a celebrarlo como una llamada a la libertad femenina.

Hoy, la frase de Simone de Beauvoir sigue más vigente que nunca: "Negarse a ser el otro" es el primer paso para dejar de ser cómplice de una estructura desigual. Su pensamiento invita a mirar de frente el sistema, pero también las decisiones que tomamos dentro de él. Porque como ella escribió, la libertad auténtica es la que se construye sin la tutela de nadie. Y eso, para muchas, sigue siendo una revolución pendiente.

Su pensamiento revolucionó la forma de entender la libertad, el género y la desigualdad. Simone de Beauvoir dejó claro que las mujeres no están determinadas por su biología, sino que aprenden su papel social. Y ese rol no es neutro: está construido históricamente por el poder masculino. Por eso afirmó que "el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos", apuntando a las propias mujeres que perpetúan el sistema por miedo, comodidad o dependencia.

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