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Martha Nussbaum, filósofa: "La mayoría de políticos han rechazado la implementación del amor"
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Martha Nussbaum, filósofa: "La mayoría de políticos han rechazado la implementación del amor"

No habla de sentimentalismo, sino de un compromiso afectivo que complemente el respeto a la ley

Foto: Martha Nussbaum (Youtube)
Martha Nussbaum (Youtube)

La filósofa, docente y escritora de referencia mundial Martha Craven Nussbaum desembarcó hace unos años en Medellín para conversar —sin tecnicismos— sobre emociones, democracia y esa palabra que incomoda a los despachos oficiales: amor.

La cita, transmitida en directo desde el Parque Explora en diciembre de 2016, reunió a cientos de espectadores que descubrieron a una pensadora capaz de encadenar a Walt Whitman con Antígona mientras defendía una ética de cuidado que atraviese las leyes.

Nussbaum recordó que la imaginación infantil “es un activo tremendo para la democracia” y confesó que, de niña, sus muñecas terminaban envueltas en tragedias operísticas. Esa mezcla de juego y drama le permitió, dijo, “ensayar emociones” antes de enfrentarse a la vida real —un entrenamiento que muchos sistemas educativos siguen ignorando.

Preguntada por la política, esta galardonada con el premio Princesa de Asturias fue tajante: “La mayoría de políticos han rechazado la implementación del amor”. No habla de sentimentalismo, sino de un compromiso afectivo que complemente el respeto a la ley. “Las instituciones, sin esa energía, son cascarones vacíos”, añadió mientras recordaba el ejemplo de Martin Luther King Jr. y su retórica inclusiva.

El teatro, otra de sus pasiones, funciona —en su opinión— como gimnasio emocional. Pone al público frente al conflicto —“el dolor de Antígona”— y le impulsa a buscar soluciones menos trágicas. “Me gustaría que todos los candidatos actuales volvieran a Sofocles”, deslizó con media sonrisa.

La vulnerabilidad tuvo también un lugar central. Nussbaum evocó el nacimiento de su hermana, su primer gran duelo de protagonismo infantil, y la muerte de su madre, acontecimiento que la obligó a mirar de frente la finitud. “La fragilidad del bien” —título de uno de sus libros— no es metáfora: es diagnóstico de la condición humana y recordatorio de que nadie se salva solo.

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Sobre el perdón, distinguió entre la humillación del adversario y la generosidad de avanzar juntos. Citó la Comisión de la Verdad sudafricana como modelo de justicia que no exige rodillas, sino relato compartido. “Sin grandeza de espíritu, los países quedan atrapados en bucles de rencor”.

La conversación derivó hacia su célebre enfoque de las capacidades: medir el progreso por oportunidades reales —salud, educación, ocio, amistad— y no solo por PIB. “Queremos vidas florecientes”, resumió, exigiendo a los gobiernos mirar más allá de los indicadores económicos y legislar para potenciar talentos diversos.

Antes de marcharse, la profesora de la Universidad de Chicago volvió al hilo conductor de la velada. El amor, insistió, no es sentimental ni ingenuo: “Es la fuerza que amplía nuestro círculo de pertenencia y convierte al desconocido en vecino”. Quizá, sugirió, sea hora de que los responsables públicos lo tomen en serio y abandonen el miedo electoral que les ata las manos.

La filósofa, docente y escritora de referencia mundial Martha Craven Nussbaum desembarcó hace unos años en Medellín para conversar —sin tecnicismos— sobre emociones, democracia y esa palabra que incomoda a los despachos oficiales: amor.

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