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Niebla y desconcierto a poca altura: así fue el terrible accidente del vuelo 6560 de First Air
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UNA DESVIACIÓN INADVERTIDA

Niebla y desconcierto a poca altura: así fue el terrible accidente del vuelo 6560 de First Air

Cada accidente aéreo tiene una enseñanza. El que veremos hoy nos recordó que incluso en los lugares más aislados del mundo, la seguridad debe ser siempre la prioridad absoluta

Foto: El avión accidentado, fotografiado en 2009. (Wikimedia Commons)
El avión accidentado, fotografiado en 2009. (Wikimedia Commons)

Nuestra historia de hoy tiene lugar el 20 de agosto de 2011. Son las 09:40 de la mañana (hora local, 14:40 UTC) en el aeropuerto de Yellowknife (Territorios del Noroeste, Canadá), y el vuelo 6560 de First Air inicia ya su carrera de despegue rumbo a Resolute Bay, una remota localidad situada en el corazón del archipiélago ártico canadiense. El trayecto, de algo más de 1.300 kilómetros hacia el norte, discurre íntegramente sobre uno de los entornos más inhóspitos del planeta: tundra, hielo, roca y temperaturas que pueden caer varias decenas de grados bajo cero incluso en verano; todo ello apenas interrumpido por pequeños núcleos de población que dependen casi exclusivamente del transporte aéreo.

La aeronave es un veterano Boeing 737-210C combi, matrícula C-GNWN, fabricado en 1975 y equipado con dos motores Pratt & Whitney JT8D-17. Se trata de un aparato adaptado por First Air para operar en pistas no preparadas, con kits de gravilla, y configurado para transportar simultáneamente carga y pasajeros: cinco pallets en la sección delantera y cuatro filas de asientos en la parte trasera de la cabina.

A los mandos viajan dos pilotos con amplia experiencia en operaciones árticas. El capitán Blair Rutherford, de 48 años, acumula 12.910 horas de vuelo, de las cuales 5.200 son en este tipo de avión. Su primer oficial, David Hare, de 43 años, cuenta con 4.848 horas, aunque solo 103 de ellas en el Boeing 737. Pese a su menor experiencia con este modelo, posee una trayectoria consolidada en la aviación regional del norte canadiense. Será el capitán quien lleve los controles en este salto, en tanto que el primer oficial monitorizará el vuelo y se encargará de las comunicaciones. Completan la tripulación dos auxiliares de vuelo (TCP). A bordo se encuentran además once pasajeros, entre ellos dos niñas de corta edad y varios investigadores con destino a misiones científicas en el Ártico. En total, hay 15 personas a bordo del vuelo 6560.

11:38 hora local

Tras algo más de hora y media de vuelo, los pilotos inician los preparativos para la aproximación. Las condiciones meteorológicas en Resolute Bay no son nada favorables: la nubosidad es densa y variable, con techo estimado en 700 pies, visibilidad reducida por niebla intensa y llovizna intermitente. A pesar de ello, el vuelo ha transcurrido sin incidentes hasta este punto.

Capitán: Niebla, ¡qué sorpresa!

La aeronave vuela con el piloto automático conectado, en modo VOR/LOC, una configuración que permite al avión seguir el localizador del sistema ILS (Instrument Landing System). Este localizador es una señal radioeléctrica que parte del umbral de la pista y se extiende en línea recta hacia el exterior, proporcionando una guía lateral para alinear la aeronave con el eje de pista. Mientras el modo VOR/LOC esté activo, el piloto automático realizará pequeñas correcciones de rumbo para mantener esa alineación, algo especialmente útil cuando las condiciones de visibilidad —como en este caso— impiden referencias visuales. Sin embargo, al estar tan cerca del Polo Norte Magnético, los pilotos deben recalibrar con frecuencia sus brújulas utilizando referencias GPS. Un error en este procedimiento puede derivar en una desviación significativa del rumbo real, especialmente si se suma la deriva magnética característica de la región.

Capitán: Empezamos ya a acercarnos, ¿de acuerdo?

FO (First Officer, Primer Oficial): Todo comprobado. ¡Vamos!

En ese momento, reciben una comunicación de control de tráfico aéreo:

ATC: First Air 6560, ¿vais a aterrizar en la (pista) 35? Está un poco mojada.

FO: Recibido. Sí, en la 35. Gracias. Estamos a 10 millas de la pista (unos 19 kilómetros).

11:40 hora local

Dos minutos después, la tripulación inicia la aproximación final a la pista 35. Mientras preparan la configuración final para el aterrizaje, el primer oficial lanza un par de comentarios, en voz no del todo firme, al ver que algunos indicadores no acaban de “cuadrar”:

Capitán: Localizador capturado

FO: Senda de planeo en marcha... Espera... el heading se nos está desviando a la derecha... ¿No estamos demasiado a la derecha? Si nos desviamos demasiado nos toparemos con la colina Resolute.

El primer oficial expresa su preocupación por el rumbo que está tomando la aeronave hasta en tres ocasiones. Sin embargo, el capitán le tranquiliza.

FO: No estamos donde deberíamos estar, ¿y el localizador?

Capitán: No pasa nada, el piloto automático lo está buscando

FO: Creo que debemos frustrar la aproximación y hacer go-around

Capitán: No, vamos bien. No te preocupes. Seguimos

FO: Vale... Continuamos con la aproximación

Foto: vuelo-676-china-airlines-accidentes-aereos

Pero cuando el aparato desciende por debajo de los 500 pies, las cosas empiezan a ir mal, muy mal. Algo espantoso está a punto de ocurrir.

FO: Esto no me gusta...

Hasta que, de repente, una voz robótica inunda la cabina...

EGPWS: TERRAIN, TERRAIN! PULL UP! PULL UP!

Sin contacto visual con el exterior debido a la niebla cerrada, el capitán Rutherford queda momentáneamente desconcertado. Su primer oficial sigue insistiendo en cancelar la aproximación.

FO: ¡No aterrices! ¡Sigue!

Capitán: Cancelando aterrizaje.

Finalmente, Rutherford aplica máxima potencia y tira de los mandos para intentar volver a elevar el avión. Sin embargo, ya es demasiado tarde. El 737 se estrella contra una colina situada, a menos de dos kilómetros al este del umbral de pista, a una velocidad de 157 nudos (unos 290 km/h). Como consecuencia del brutal impacto, la aeronave queda completamente destruida.

El accidente se produjo como consecuencia de una acumulación de errores técnicos y humanos, agravados por un entorno operacional exigente

Fallecen doce de sus quince ocupantes. Sobreviven milagrosamente una de las niñas, una estudiante de posgrado de 23 años y un científico de 48 años gracias a que fueron rescatados rápidamente por personal militar canadiense que se encontraba en Resolute Bay como parte de un ejercicio militar. En el momento del accidente, se estaba llevando a cabo en Resolute Bay la Operación NANOOK 2011, un ejercicio de respuesta a emergencias del gobierno canadiense en el Ártico. La presencia inmediata de personal militar permitió localizar y rescatar rápidamente a los supervivientes. Sin su intervención, la exposición prolongada a las bajas temperaturas habría reducido drásticamente sus posibilidades de sobrevivir.

Qué ocurrió

La investigación oficial, llevada a cabo por la Junta de Seguridad en el Transporte de Canadá (o TSB por sus siglas en inglés) concluyó que el accidente se produjo como consecuencia de una acumulación de errores técnicos y humanos, agravados por un entorno operacional especialmente exigente, marcado por condiciones meteorológicas adversas, navegación cercana al Polo Norte Magnético y un aeropuerto aislado sin ayudas avanzadas.

Al no percatarse del cambio de modo, la tripulación asumió que el avión seguía la senda de aproximación correctamente

Durante el viraje final para alinearse con la pista, el capitán Rutherford realizó sin darse cuenta una ligera presión sobre el control de alabeo (roll input) —un movimiento manual mínimo, pero suficiente para que el sistema automático interpretase erróneamente que quería tomar el control lateral de forma manual—. Como consecuencia, el piloto automático abandonó el modo VOR/LOC y pasó a HDG HOLD (mantener rumbo), un modo mucho más básico en el que el avión se limita a mantener el rumbo que llevaba en ese momento, sin realizar ajustes para alinearse con la pista.

Veamos qué implica esto. En una aproximación instrumental, el avión depende de ayudas a la navegación como el ILS, cuyo localizador emite, como vimos anteriormente, una señal horizontal que guía la alineación de la aeronave con la pista. En modo VOR/LOC, el piloto automático sigue esta señal y realiza pequeñas correcciones para mantener la trayectoria alineada, pero al pasar a HDG HOLD, dejó de corregir desviaciones, manteniendo solo el rumbo que llevaba, incluso si eso significaba alejarse progresivamente del eje de pista como ocurrió aquí.

Esta transición, que se indicó únicamente en el anunciador de modos de vuelo (FMA) sin alertas sonoras, pasó desapercibida para ambos pilotos, probablemente debido a la alta carga de trabajo durante la aproximación, pues se da la circunstancia, además, de que la aproximación final se inició 600 pies por encima de la senda de planeo (glide slope), algo que —según el informe oficial— "aumentó significativamente la carga de trabajo de la tripulación, reduciendo su capacidad para evaluar y resolver los problemas de navegación durante el resto de la aproximación". Al no percatarse del cambio de modo, la tripulación asumió que el avión seguía la senda de aproximación correctamente, cuando en realidad ya había dejado de seguir el localizador y comenzaba a desplazarse lateralmente hacia la derecha del eje.

Foto: accidente-aereo-331-vuelo-american-airlines

A esto se sumó un error en la calibración de los sistemas de rumbo al entrar en el espacio aéreo ártico, una zona particularmente compleja desde el punto de vista de la navegación por su proximidad al Polo Norte Magnético. Los pilotos recalibraron sus brújulas direccionales utilizando el GPS, como es habitual en esa región, pero introdujeron accidentalmente un pequeño desfase de –8°. Con el avance del vuelo, la deriva magnética propia de la zona amplificó este error, que llegó a alcanzar –17° durante la aproximación final. A esto se sumó un viento lateral sostenido del suroeste, que ejercía una componente de empuje hacia la derecha, intensificando aún más la desviación respecto al eje de pista. Como resultado, el rumbo que mostraban los instrumentos no coincidía con el rumbo real, lo que provocó una deriva progresiva hacia la derecha. Esta discrepancia también afectó a las indicaciones del HSI y al Flight Director, que mostraban señales engañosamente coherentes con una trayectoria correcta.

Los pilotos interpretaron de forma distinta la situación. Mientras el capitán confiaba en que el piloto automático estaba siguiendo el localizador y creía que el desvío era transitorio, el primer oficial observó una tendencia creciente a la derecha tanto en el HSI —el indicador de situación horizontal, que combina información de rumbo y navegación para mostrar la posición del avión respecto al eje de pista— como en el GPS. Pese a intentar comunicar su preocupación, lo hizo con expresiones ambiguas y sin utilizar la fraseología estandarizada que requería la situación. Esa falta de claridad y de asertividad impidió desencadenar una decisión inmediata para cancelar la aproximación cuando aún podían.

La aeronave se encontraba a tan baja altitud que resultó imposible recuperar suficiente altura a tiempo de evitar la colisión

Se produjo, por tanto, una ruptura en la conciencia situacional compartida. Cada piloto operaba con un modelo mental distinto, sin una coordinación efectiva ni una verificación cruzada de instrumentos. Esta fragmentación del entendimiento en cabina es un factor de riesgo bien documentado en aviación (ha habido más casos similares) y fue determinante en el desarrollo del accidente. La conciencia situacional compartida implica que todos los miembros de la tripulación tienen el mismo entendimiento de lo que está ocurriendo, hacia dónde se dirigen y qué decisiones deben tomarse. Cuando esta se pierde, como en el vuelo 6560, cada piloto actúa según un modelo mental diferente, y la toma de decisiones se fragmenta.

El vuelo 6560 entró en el segmento final de la aproximación sin estar estabilizado. Para que una aproximación se considere estabilizada, la aeronave ha de estar correctamente configurada para el aterrizaje y no tener desvíos significativos en su trayectoria. Tampoco puede presentar un desvío significativo en cuanto a tasa de descenso, velocidad o empuje. Sin embargo, éste no era el caso del vuelo 6560 que volaba demasiado rápido, con exceso de altura y sin una configuración de aterrizaje completa. La propia política de la compañía exigía cancelar la aproximación en esas circunstancias por debajo de 1.000 pies AGL, pero esa norma no estaba acompañada de procedimientos prácticos que facilitaran su ejecución. Tampoco existía una cultura organizativa que respaldase con firmeza la toma de decisiones conservadoras por parte del copiloto.

Foto: accidente-aereo-avion-malasia-tragedia

La decisión de hacer un go-around fue correcta, pero tardía, pues se produjo solo dos segundos antes del impacto. En ese momento, la aeronave se encontraba a tan baja altitud que resultó imposible recuperar suficiente altura a tiempo de evitar la colisión. El informe oficial también señaló deficiencias estructurales en la formación de la compañía, especialmente en lo relativo al CRM. El curso tenía una duración muy inferior a la recomendada, no incluía escenarios prácticos ni técnicas avanzadas, y no fomentaba estrategias efectivas de comunicación en cabina. Esta carencia de herramientas comunicativas afectó directamente a la capacidad del primer oficial para intervenir con eficacia ante una aproximación inestable y una desviación manifiesta del eje de pista. Por último, el TSB identificó como factores contribuyentes la falta de implementación de procedimientos para evaluar la estabilidad de la aproximación, así como la inexistencia de directrices claras sobre cuándo debe tomar el control el copiloto.

Y a partir de entonces...

Los accidentes aéreos no ocurren en vano. Con cada siniestro, la industria aprende valiosas lecciones que permiten seguir reforzando la seguridad operacional en todo el mundo. Tras el accidente del vuelo 6560 de First Air, la Junta de Seguridad en el Transporte de Canadá (TSB) emitió una serie de recomendaciones clave destinadas tanto a la aerolínea como a la autoridad aeronáutica canadiense (Transport Canada), con el fin de corregir las deficiencias que contribuyeron al accidente y prevenir futuros siniestros en entornos de alta complejidad como el Ártico.

Desde el accidente, se instó a que las aproximaciones inestables por debajo de 1.000 pies fueran interrumpidas de manera obligatoria

Se instó a First Air a reforzar de manera significativa la formación en CRM (Crew Resource Management o Gestión de Recursos en Cabina), poniendo un especial énfasis en el desarrollo de habilidades de comunicación asertiva, liderazgo efectivo en cabina y toma de decisiones en situaciones de aproximaciones inestables. El accidente había puesto de manifiesto que, aun existiendo procedimientos escritos, sin un CRM eficaz es posible que las señales de alarma que surgen en vuelo no sean comunicadas o gestionadas adecuadamente.

Asimismo, se recomendó a la compañía actualizar y mejorar los procedimientos de recalibración de los sistemas de referencia de rumbo en operaciones en alta latitud, estableciendo métodos de verificación cruzada y validación sistemática del rumbo mediante múltiples fuentes, para evitar los desvíos no detectados que se produjeron en este accidente. Otra recomendación importante fue reforzar los protocolos de estabilidad de la aproximación. Se instó a que las aproximaciones inestables por debajo de 1.000 pies fueran interrumpidas de manera obligatoria, incluyendo en los manuales de operaciones pautas claras para su identificación y acciones de respuesta inmediatas.

Foto: fatiga-cabina-enemigo-invisible-vuelo-3407-colgan-air

Por su parte, Transport Canada recibió la recomendación de ejercer una supervisión más estricta sobre las compañías que operan vuelos en entornos remotos y extremos, revisando los programas de formación, los procedimientos de navegación en zonas de alta latitud y la implementación real de las políticas de estabilidad de aproximaciones. El vuelo 6560 puso de relieve que, en aviación, no basta con tener procedimientos: es imprescindible que estos se integren realmente en la cultura de trabajo de las tripulaciones. Y también recordó algo fundamental: en entornos extremos como el Ártico, donde las condiciones cambian de manera imprevisible y los márgenes operativos son mucho más estrechos, la única defensa efectiva contra el error es una vigilancia constante y un entrenamiento riguroso. Cada accidente aéreo tiene una enseñanza. El del vuelo 6560 nos recordó que incluso en los lugares más aislados del mundo, la seguridad debe ser siempre la prioridad absoluta.

Nuestra historia de hoy tiene lugar el 20 de agosto de 2011. Son las 09:40 de la mañana (hora local, 14:40 UTC) en el aeropuerto de Yellowknife (Territorios del Noroeste, Canadá), y el vuelo 6560 de First Air inicia ya su carrera de despegue rumbo a Resolute Bay, una remota localidad situada en el corazón del archipiélago ártico canadiense. El trayecto, de algo más de 1.300 kilómetros hacia el norte, discurre íntegramente sobre uno de los entornos más inhóspitos del planeta: tundra, hielo, roca y temperaturas que pueden caer varias decenas de grados bajo cero incluso en verano; todo ello apenas interrumpido por pequeños núcleos de población que dependen casi exclusivamente del transporte aéreo.

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