Detección temprana y tratamiento precoz: los dos grandes retos del alzhéimer
Aún no hay cura para la enfermedad, pero las investigaciones se centran en conseguir identificarla de forma temprana para poder iniciar lo antes posible un tratamiento que logre frenar su desarrollo
Las enfermedades neurodegenerativas representan uno de los mayores desafíos de salud pública en el siglo XXI. De entre todas ellas, el alzhéimer es la más prevalente y la que tiene un mayor impacto. Caracterizada por una progresiva pérdida de memoria y funciones cognitivas, es el tipo más común de demencia. De hecho, se estima que es responsable de alrededor del 60-70% de los casos.
Su importancia radica en su creciente prevalencia, especialmente en sociedades con una población envejecida. En España, más de 800.000 personas viven con alzhéimer, mientras que a nivel mundial la cifra alcanza aproximadamente los 55 millones de afectados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dada la falta de cura, representa un desafío significativo tanto para los sistemas de salud como para las familias, que enfrentan la carga del cuidado a largo plazo.
En esta patología, explica el doctor Rafael Arroyo, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y elegido entre los Mejores Médicos de España 2024, “se produce un deterioro cognitivo progresivo que afecta a áreas como la orientación, la memoria, el lenguaje las capacidades para realizar actividades que antes podíamos hacer”.
La edad es el principal factor de riesgo. Aunque hay un pequeño porcentaje (1%) de casos en los que los síntomas aparecen a partir de los 40 años, se trata de algo excepcional y con un componente genético muy elevado. “Se da con más frecuencia a partir de los 70 años, cuando se estima que el 8% de la población puede estar afectada. Pasados los 80, el riesgo se incrementa y puede llegar a afectar a entre el 15 y el 20% de las personas”. Un dato inquietante, sobre todo teniendo en cuenta que, en España, la esperanza de vida es superior a los 80 años.
Los primeros síntomas
Aunque las primeras señales de alerta de la patología son variables, “las más frecuentes son los olvidos, que generalmente refieren los familiares del paciente. También se dan algunas alteraciones en la orientación, problemas para encontrar palabras y alteraciones en la conducta y en el carácter”.
Cuando estos signos empiezan a incidir en la vida cotidiana, aunque sea de forma muy leve, “podemos tener sospechas de que se podría estar iniciando la sintomatología de la enfermedad de Alzhéimer, y hay que consultar a un especialista que tenga experiencia en esta patología”, advierte el doctor Arroyo.
¿Es posible frenar la enfermedad?
En la actualidad no hay cura para el alzhéimer, pero sí se están haciendo numerosos esfuerzos investigadores para conseguir diagnosticarlo de forma precoz. En este sentido, el doctor Arroyo apunta que “en los últimos años ha habido un campo importante en la detección de la enfermedad de Alzheimer a través de biomarcadores. Así, estamos midiendo proteínas tóxicas que, aun cuando no sean la causa, sí participan en el proceso neurodegenerativo”.
En concreto, detalla dos proteínas, la Beta-amiloide y la Tau, “que son los biomarcadores que nos están ayudando a definir mejor la enfermedad. Se pueden obtener a través del estudio del líquido cefalorraquídeo en laboratorios muy especializados, o por medios de PET, sobre todo para la detección de Beta-amiloide”. Son técnicas que no se utilizan en la práctica clínica habitual, “pero poco a poco se irá generalizando su uso para una detección cada vez más precoz”.
Por otra parte, y de cara a frenar su evolución, el experto apunta que, en cuanto haya quejas subjetivas, “es importante realizar evaluaciones neurocognitivas especializadas en las que se puedan apreciar pequeños signos de que empieza la enfermedad, aunque sea asintomática. Estamos avanzando en proyectos de investigación en el análisis biomarcadores, tanto en líquido cefalorraquídeo como en PET, buscando una forma asintomática en la que podemos diagnosticar el alzhéimer. Dentro de protocolos de investigación, podemos incluso tratar a estos pacientes en los que hayamos encontrado biomarcadores claros y evidentes, aunque no muestren síntomas”.
Tratamiento actual
Con respecto a las posibilidades terapéuticas, el doctor Arroyo explica que, en estos momentos, “los resultados de los tratamientos son moderados. Es así por dos causas: primero, no se han obtenido los fármacos que alteran ciertas proteínas que creemos que tienen una importancia capital en la enfermedad; segundo, solemos llegar un poco tarde a la hora de instaurar los tratamientos”.
En estos tratamientos, continúa, “toda la investigación se centra en hallar nuevos fármacos, muchos de los cuales son anticuerpos monoclonales, que bloquean las proteínas Beta-amiloide y Tau y lo hagan en estadios más iniciales, e incluso en asintomáticos, como estamos desarrollando en nuestro centro”.
La detección precoz de la sintomatología, concluye, es vital para la orientación de los familiares. “Es una enfermedad con una carga familiar y social muy importante. Por ello, la información correcta, el apoyo de la familia y que tanto el paciente como sus familiares lleven una vida ordenada y rutinaria, sabiendo cómo hay que reaccionar, tiene una importancia capital a la hora de que la vida social del paciente sea lo más adecuada a largo plazo”.
El Confidencial, en colaboración con Quirónsalud, presenta una serie de artículos con información práctica, consejos y recomendaciones para mejorar nuestra salud y bienestar. Si tienes alguna duda sobre esta temática o quieres más información, puedes contactar con la Fundación Jiménez Díaz
Las enfermedades neurodegenerativas representan uno de los mayores desafíos de salud pública en el siglo XXI. De entre todas ellas, el alzhéimer es la más prevalente y la que tiene un mayor impacto. Caracterizada por una progresiva pérdida de memoria y funciones cognitivas, es el tipo más común de demencia. De hecho, se estima que es responsable de alrededor del 60-70% de los casos.