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La historia de nuestro paso por el ahora territorio mexicano: un poco de memoria, por favor
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Un presidente amnésico

La historia de nuestro paso por el ahora territorio mexicano: un poco de memoria, por favor

Las críticas a España son injustificadas, pues los problemas actuales de México provienen de rincones más cercanos. Además, no hay que olvidar el legado cultural y la cooperación histórica entre ambos países

Foto: La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México fue un símbolo del poder religioso que la Iglesia adquirió en el Virreinato de Nueva España. Fue construida entre 1570 y 1813. (Fuente: iStock)
La Catedral Metropolitana de la Ciudad de México fue un símbolo del poder religioso que la Iglesia adquirió en el Virreinato de Nueva España. Fue construida entre 1570 y 1813. (Fuente: iStock)

La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

Eduardo Galeano.

Es necesario aclarar ciertos puntos, señor Obrador. Según la legislación civil mexicana, cualquier persona tiene la oportunidad de cambiar su nombre por uno más auténtico, si así lo desea. Cabe preguntarse por qué algunas personas, que han tenido esa oportunidad, no lo han hecho cuando pudieron. No obstante, la legislación sigue en vigor y aún es posible realizar ese cambio para volver a una identidad primigenia, que no tiene por qué ser necesariamente la azteca o mexica. De hecho, si se quiere ser más exigente, se podría remontar incluso a épocas más antiguas, como la Edad de Piedra, que también tiene su propio glamour y pedigrí.

Por otro lado, resulta difícil entender la crítica hacia España cuando varios presidentes mexicanos en el pasado, con más estilo y solidaridad, aceptaron en momentos trágicos para España la llegada de cientos de miles de refugiados españoles que huían de situaciones extremas. Aquellos líderes comprendieron los vínculos históricos y culturales entre ambos países, una asignatura que quizás no todos están dispuestos a entender o estudiar.

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Es importante señalar que no es prudente arremeter con acusaciones infundadas. Desde su entronización, el rey Felipe VI y la reina Letizia han trabajado incansablemente para tender puentes con las naciones hermanas trasatlánticas, como México. Los lazos que unen a España y México son profundos y no pueden deshacerse agitando discursos de odio. La hospitalidad y fraternidad cultural que se ha brindado históricamente entre ambas naciones está basada en siglos de colaboración y hechos conjuntos, durante los cuales se ha forjado una hermandad. Por tanto, resulta infantil y erróneo acusar a España de ser la raíz de todos los problemas que enfrenta México. Sería más acertado investigar si esas acusaciones están realmente dirigidas a los responsables del verdadero expolio del país, que quizás están mucho más cerca de lo que parece.

Es pertinente hacer una reflexión sobre el Virreinato de Nueva España, que, en los albores del siglo XIX, antes de 1821 (año de la independencia mexicana), abarcaba más de 7,657,000 km². Estos territorios se extendían desde Alta California y la antigua Luisiana, hasta adentrarse profundamente en la actual Canadá. Hoy, México tiene una extensión territorial mucho menor, y es necesario cuestionarse qué fuerzas externas han contribuido a esa pérdida. Resulta claro que los problemas actuales del país no provienen de España, sino de fuentes más cercanas, hacia el norte, de donde provienen muchas de las dificultades que enfrenta el país.

"Es importante recordar que cuando Hernán Cortés llegó a lo que hoy es México, no existía un estado de México como tal"

En cuanto a la historia, es importante recordar que cuando Hernán Cortés llegó a lo que hoy es México, no existía un estado de México como tal. Lo que había eran pueblos indígenas, algunos de ellos en guerra entre sí, como los tlaxcaltecas, totonacas y chichimecas, quienes se unieron a los españoles para luchar contra el dominio de los aztecas y sus Guerras Floridas. Hernán Cortés, como estratega, supo aprovechar esta situación, y es necesario preguntarse por qué esos pueblos castigados se aliaron con los españoles en lugar de con los aztecas. Modificar la historiografía para reflejar estos hechos permitiría conciliar y unir, en lugar de separar y enfrentar.

Otro asunto a tratar es el legado español en México, que incluye la construcción de universidades, hospitales, catedrales, escuelas y obra civil. Si el objetivo hubiera sido únicamente saquear, ¿por qué habrían de construir infraestructuras de tal magnitud? Al observar otros procesos coloniales, como los de Inglaterra, Francia o los Países Bajos, se pueden apreciar diferencias importantes. El colonialismo inglés, por ejemplo, resultó en millones de muertos, y en Estados Unidos prácticamente no quedan poblaciones indígenas. Este tipo de colonialismo genocida contrasta con el enfoque que tuvo España en América Latina.

Finalmente, es fundamental reconocer que las relaciones entre México y España han sido históricamente buenas y deben seguir siéndolo. Las naciones hermanas comparten lazos culturales, históricos y afectivos que no deben ser erosionados por discursos de confrontación. Es vital que se retome el camino de la cooperación y el entendimiento, dejando de lado cualquier distracción artificial que busque dividir en lugar de unir. Los problemas reales que enfrenta México no provienen de España, sino de otros actores que están más cerca y que han contribuido de manera significativa a sus dificultades actuales.

La violencia engendra violencia, como se sabe; pero también engendra ganancias para la industria de la violencia que la vende como espectáculo y la convierte en objeto de consumo.

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