Hizo su tesis sobre acoso en la Complutense y le pusieron cum laude: ahora no les gusta
Paula Martín ha publicado el testimonio de 28 personas que sufrieron acoso por parte de profesores o compañeros en la universidad madrileña. Muchas fueron desatendidas
En 2019, la vida de Paula Martín Peláez cambió para siempre. Una mañana se despertó y en su correo electrónico aparecieron amenazas de muerte y difamaciones sobre su vida que provenían de una fuente anónima. Entre otras cosas, la acusaban de haberse aprovechado de las personas que acudían en busca de ayuda al Punto Violeta que ella gestionaba junto a sus tutoras de tesis, Elena Casado y Carmen Romero, en la Universidad Complutense de Madrid.
Desde su primer año como estudiante, allá por 2013, corrían rumores y advertencias sobre comportamientos inadecuados de ciertos profesores en el campus de Ciencias Políticas y de otras tantas facultades.
Al igual que en otros contextos y sectores profesionales, el acoso sexual y sexista formaba parte de la intrahistoria del ambiente universitario. Martín Peláez decidió organizarse junto con más compañeras para visibilizar este problema dentro de la institución a través de una serie de iniciativas que posteriormente molestaron a quienes no querían que los casos salieran a la luz. Un buen día, su nombre apareció acompañado de su rostro en la bandeja de entrada de profesores de más de veinte facultades, merced a un correo anónimo, que la acusaba de hechos que nunca cometió.
"Lo que más me dolió es que la universidad no hizo nada", asegura a El Confidencial. "El Rectorado no se pronunció y solo la Junta de mi facultad salió para defenderme", refiriéndose a la Facultad de Ciencias Políticas. "El caso quedó bajo investigación policial, y los juzgados nunca encontraron a los responsables", prosigue. "Yo lo pasé muy mal, caí en depresión, dejé de creer en la universidad o de sentirla como un espacio seguro. El caso se sobreseyó a la espera de que pudiera volver a reabrirse si el acoso continuaba. Creo que la policía judicial no quiso investigar mucho, el juez ordenó un requerimiento para que se investigaran las IPs desde las que se enviaban esos mensajes difamatorios y ahí quedó el asunto".
Estudiantes antes del inicio de los exámenes en la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid. (Europa Press/Alberto Ortega)
Al no obtener una respuesta contundente por parte del Rectorado, o al menos un reconocimiento público o privado de que las informaciones que se vertían sobre ella por los canales universitarios eran falsas, Martín Peláez decidió cambiar el tema de la tesis que estaba haciendo, que en aquellos momentos versaba sobre la violencia en las parejas lesbianas, por uno mucho más ambicioso: visibilizar el acoso que estaba teniendo lugar dentro de la Complutense. Ahora, cinco años después y tras soportar amenazas de todo tipo y, a la par, escuchar activamente los relatos de las víctimas, ha publicado la tesis que recoge los testimonios de 28 personas que han sufrido acoso, tanto sexual como sexista en la UCM.
La Unidad de Igualdad de la Complutense, encargada de gestionar y tramitar los casos, responde a este diario que no les consta que la autora de la tesis haya presentado alguna queja o denuncia sobre difamaciones —este periódico consultó a la investigadora a este respecto y ha comprobado que los correos existen— además de incidir en que todas las evaluaciones sobre la calidad del servicio que la institución académica ha realizado junto con los sindicatos estudiantiles, arrojaron resultados "altamente positivos".
La institución presume de atender todas las demandas y denuncias de manera adecuada, así como prestar atención psicológica por profesionales en materia de feminismo y violencia de género. Sin embargo,Martín Peláez rebate que lo que menos le interesa a la Unidad de Igualdad es que los casos salgan a la luz y se hagan públicos, lo que redundaría en una merma de la reputación de un departamento que depende directamente del Rectorado.
Una forma de "desahucio"
Para Martín Peláez, como para otras tantas compañeras, la universidad era su lugar favorito en el mundo, un enclave donde poder dedicarse a su pasión por el estudio y, en un hipotético futuro, a la docencia. En este sentido, ser víctima de una situación de acoso es, al margen del malestar psicológico, una forma de "desahucio", como ella misma defiende en la tesis junto a sus protagonistas, tan solo unas pocas décadas después de que el acceso universitario de las mujeres en España se normalizara.
"Hemos presionado a la Unidad de Igualdad para que implementasen bien el Protocolo"
La percepción de la gran mayoría de estudiantes, Personal Docente e Investigador (PDI) y Personal de Administración y Servicios (PAS) que sufrieron acoso y que aparecen también en este trabajo de investigación es negativa en lo que se refiere a la respuesta de la institución, sus órganos de prevención y tramitación de denuncias, cristalizadas en el Protocolo de Actuación frente al Acoso sexual y/o Sexista de la UCM.Muchas de ellas, como la propia autora, se sintieron cuestionadas y posteriormente desamparadas por la universidad:con denuncias que nunca llegaron a nada, cuestionamientos de lo vivido, revictimizaciones por parte del gabinete de atención psicológica y, en general, una amarga sensación de impunidad para los agresores.
"Sé que no les ha sentado nada bien", admite Martín Peláez en referencia a la publicación de su tesis, que por cierto ha sido evaluada con una matrícula de honor. "Nosotras en el Punto Violeta no tenemos vinculación institucional, somos autónomas, y a lo largo de estos años hemos estado presionando a la Unidad de Igualdad para que implementasen bien el protocolo, algo que siempre se han tomado como un ataque", argumenta. "Ellas piensan que hacen muy bien su trabajo, pero luego hablas con las personas a las que han atendido y la opinión es la contraria: he hecho un estudio y los resultados son estos, no me lo he inventado, es algo que ocurre no solo en la Complutense, sino también en el resto de universidades españolas".
La doctora incide en el hecho de que la estructura rígida y jerárquica de las universidades en España hace que "todavía se mueva mucho por amiguismos", lo que supone un lastre para todos aquellos que día a día luchan por un futuro académico. "Hay personas en la universidad que ostentan mucho poder", lamenta. "Aparte, el mundo universitario está cada vez más precarizado, si quieres vivir de profesor o investigador tienes que estar publicando constantemente y haciendo méritos", opina. "Si alguien con poder te ha acosado, tú no vas a decir nada porque toda tu carrera académica se va a terminar".
El caso de Rubén
Una de las víctimas presentes en la tesis es un hombre heterosexual, lo que rompe completamente con la norma. Cobijado bajo el seudónimo de Rubén, sufrió acoso sexual por parte del director de su tesis al que conoció previamente tras ser su profesor de máster durante varios años. Como avisaba Martín Peláez, muchas carreras universitarias pueden irse al traste cuando la víctima decide romper su silencio y abandonar la universidad para siempre, justo lo que le ocurrió a Rubén. "Estaba muerto de miedo por romper mi silencio, supuse que toda mi carrera se truncaría, también en lo personal", admite en la tesis.
"Las universidades, no solo la Complutense, no se están encargando de proteger a las víctimas, sino que están tratando de encubrir lo ocurrido"
Lo llamativo es que el profesor que le había acosado también era heterosexual. "Es una persona que no solo me acosó a mí, también a otros muchos, todos hombres como yo, y los homosexuales no le gustan", explica Rubén en la tesis. Esto demuestra, según la autora, que en la violencia machista no hay una cuestión de deseo, ni de orientación sexual, sino de poder. Además de la vergüenza que le suponía romper su silencio, Rubén también tenía miedo de que su relato se entendiera como una crítica a los discursos feministas, al parecer un intento de desdibujar o negar la violencia de género.
Las conclusiones
La tesis de Martín Peláez está plagada de historias similares a las de Rubén sin importar el género o la orientación sexual. Están divididas en tipos de acoso, quién es acosado (en su mayoría mujeres o personas LGTBIQ), quién acosa (mayormente profesores y compañeros) y si finalmente lo denunciaron o no a la Unidad de Igualdad. En su introducción, la joven doctora admite la dificultad de enfrentarse a los estándares de rigor y exhaustividad académica para abordarla, siendo una tesis "atípica" en cuanto al formato y metodología empleada y "difícil" al tratar un tema tan complejo, lleno de aristas y conocidas implicadas, por no hablar del hecho de tener que lidiar con las amenazas recibidas.
A lo largo de sus páginas podemos encontrar referencias a otros estudios previos sobre violencia de género dentro del ámbito universitario, algunos de ellos pioneros en España, como el de Rosa Valls en Cataluña, realizado en 2006, o el de Esperanza Bosch Fiol en la Universidad de Baleares, 2012. El trabajo de Martín Peláez se suma a estos últimos y hace un llamamiento a visibilizar el acoso en el ámbito universitario.
"Creo que la tesis, si tiene eco, servirá para generar unclima de concienciación y rechazo frente al acoso, ya que las universidades, no solo la Complutense, no están protegiendo a las víctimas, sino que están tratando de encubrir lo ocurrido", concluye la autora.
En 2019, la vida de Paula Martín Peláez cambió para siempre. Una mañana se despertó y en su correo electrónico aparecieron amenazas de muerte y difamaciones sobre su vida que provenían de una fuente anónima. Entre otras cosas, la acusaban de haberse aprovechado de las personas que acudían en busca de ayuda al Punto Violeta que ella gestionaba junto a sus tutoras de tesis, Elena Casado y Carmen Romero, en la Universidad Complutense de Madrid.