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El infierno de Nelson: una operación imposible
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El infierno de Nelson: una operación imposible

Es necesario recordar que solo la Corona española infligió las únicas cuatro derrotas que este enorme marino sufrió en toda su carrera

Foto: Horatio Nelson retratado por Lemuel Francis Abbott (Fuente: Wikimedia)
Horatio Nelson retratado por Lemuel Francis Abbott (Fuente: Wikimedia)

"El verdadero conocimiento es conocer la extensión de la propia ignorancia."

—Confucio.

Nelson ha sido probablemente no solo un icono militar para los ingleses, sino además para quienes tuvieron la fortuna – o desgracia – de compartir su carrera militar, es sin duda alguna uno de los más grandes marinos que hayan hollado los mares. Su visión táctica y estratégica a la hora de abordar cualquier enfrentamiento fue reconocida por muchos de sus adversarios y el tratamiento dado a los prisioneros fue siempre celebrado entre sus pares españoles como el propio de un caballero. Hay muchos testimonios dados por cautivos que dan fe de ello y su valoración del gran almirante inglés era de reconocimiento hacia su figura.

Nada que ver con Walter Raleigh o el infumable Francis Drake, gentes sin escrúpulos donde las haya y muy dados al cambio de vestuario según soplara el viento; unas veces iban a la última con el parche y otros vestidos de oficiales de la marina real para dar el pego.

Lamentablemente, se hace necesario recordar que solo la Corona española infligió las únicas cuatro derrotas que este enorme marino sufrió en toda su carrera. Esto es, Cabo de Palos, Tenerife, el desastre causado en Nicaragua que acabó en una auténtica masacre y finalmente, la amarga victoria contra la flota Hispano Francesa del incompetente Villeneuve que a la postre le costó la vida.

Foto: Fuente: iStock

Durante los siglos que van del XVI a principios del XIX (entre las sublevaciones criollas financiadas por Inglaterra coincidiendo con la Guerra de Independencia) el enorme Virreinato de Nueva España abarcaba un territorio inmenso. Es más que probable - según estimaciones - que contuviera cerca de 6.000.000 de km2. Desde los norteños pagos de Oregón hasta las fronteras del sur con el Virreinato de Nueva Granada y trazando una línea recta desde la actual frontera canadiense hasta el sur de Costa Rica, podríamos decir que en línea recta había una distancia de alrededor de 9.000 km. Casi nada.

Pues bien, tras la desmembración de nuestro gigantesco imperio quedaron colindantes dos zonas al sur de la demarcación original del virreinato, esto es, las actuales Costa Rica y Nicaragua. Entre ambas hubo casi un siglo de fricciones por el control de un río fronterizo, el río en cuestión se llamaba – y llama - río San Juan. Según quedó establecido por el Tratado de Límites Cañas-Jerez de 1858, el último tramo de este río estratégico en su recorrido final hace frontera natural con Costa Rica.

Antaño, sucedió que cerca de la desembocadura y en su ánimo de expoliar la rica ciudad de Granada sita al lado del lago Cocibolca, los ingleses encontraron una falla en el sistema defensivo español. Pero la realidad demostró que aquel supuesto error era un trampantojo. Hasta dicha ciudad había en la ribera del curso fluvial una cadena de pequeños fuertes de sólida construcción, con guarniciones bien entrenadas y amparados por el perfecto camuflaje de la jungla.

placeholder Batalla del Convoy de Malta (Fuente: Wikimedia)
Batalla del Convoy de Malta (Fuente: Wikimedia)

En aquel tiempo, el gobernador de Jamaica, general John Dalling, se sentía molesto por la audacia con que las naves españolas en su viaje a las tierras firmes del oeste pasaban delante de sus narices como Pedro por su casa. Esto era demasiado para él y este desafío a su autoridad generó una respuesta. El cabreado uniformado pensó que un contragolpe en la zona de Nicaragua podría ser un revulsivo para su atormentado espíritu y su degradada imagen de militar.

El Castillo de la Inmaculada Concepción estaba 8 km río arriba de la desembocadura, allí aguardaban avisados unos 160 soldados, una magra milicia civil y una docena de arqueros Mosquitos bajo el mando del capitán Juan de Ayssa.Lo cierto, es que todo el trayecto por el río San Juan hasta el lago Cocibolca fue infernal para los asaltantes. Su intento de crear una ruta comercial atravesando América Central desembocó en uno de los mayores desastres que infligimos a los ingleses

Tomar la ciudad de Granada significaba partir en dos el oeste del imperio español y por ende acceder al océano Pacífico, una vieja aspiración inglesa. Ya lo habían intentado en dos ocasiones antes del año de 1741 en la que probablemente sea una de las mayores humillaciones padecidas por el imperio británico a manos de uno de los mejores marinos que ha dado esta nación, Blas de Lezo. La idea obsesiva de colapsar la logística del Virreinato de Nueva España en la zona más estrecha del territorio en que se asentaba, se había vuelto patológica. La otra opción era hacerlo por Panamá algo que conseguirían al cabo de los años (1903) los norteamericanos (con la colaboración de la burguesía criolla) expropiando y desgajando el istmo a Colombia.

Foto: Familia tagalo, Filipinas (Fuente: iStock)

Cuando los ingleses iniciaron el enésimo asalto al virreinato de Nueva España en el año 1780, era febrero. Un jovencísimo capitán Horacio Nelson con sus recién cumplidos 20 años portaba los galones de capitán de fragata. El futuro se abría ante él con el esplendor al que aspira cualquier joven soñador. Por rango, experiencia – a pesar de su corta edad -y por ser el embarcado de más galones en la expedición, tenía el mando y la devoción de sus subordinados. Cinco regimientos, además de un considerable número de voluntarios, esclavos jamaicanos manumitidos, milicianos e indígenas, sumaban un total - incluyendo a la marinería - de cerca de 6.000 hombres.

La situación española no era la idónea pues, aunque avisados por los vigías de la presencia de la patulea no habían tenido tiempo de abastecerse convenientemente. Por otro lado, los ingleses no habían podido dar juego a sus barcos, habida cuenta que remontar el fuerte caudal del río era impensable a la vista de los rápidos y lajas que sembraban el trayecto ascendente. La planificación de los anglos no había previsto hacer acopio en las barcazas, pues estas daban el espacio justo para los soldados, una improvisación que les pasaría factura. La escasez de pertrechos y municiones se haría notar durante toda la campaña.

Las lluvias estacionales habían humedecido la pólvora, convirtiéndola en totalmente ineficaz. Si a esto le sumamos la escasez de víveres, los brotes de malaria y disentería más las deserciones sobrevenidas de indios Mosquitos y guías que veían claro el futuro poco halagüeño de la expedición, el veredicto estaba visto para sentencia.

Matías de Gálvez, a la sazón el militar español de más rango, armó una milicia móvil compuesta por tropas indígenas y soldados de la Corona

Una semana más tarde, Nelson suspendió el asedio a causa de una radical disentería y era evacuado río abajo hasta el campamento costero británico. Sin embargo, lo de Juan de Ayssa y su tropa fue más bien heroico, se veía venir. Al contrario que los ingleses, podían disparar los falconetes y la fusilería, munición había sí, pero no condumio. Tenían sal para conservar la pólvora seca, pero no víveres ni agua. Con una estricta monodieta de ayote (calabaza), lagartijas y orines filtrados con prendas expuestas al sol y y luego rebajados con agua de rocío, sobrevivieron 30 días, causando infinitas bajas al adversario. Al día siguiente de esta resistencia numantina el propio capitán Juan de Ayssa rindió armas.

A partir de la caída del fuerte de la Inmaculada Concepción, los británicos, más que avanzar, deambularon sin profundizar por la costa sureste de Nicaragua. Las intensas lluvias que descargaba la estación a diario y durante pocas horas, generaban una humedad brutal con desmayos frecuentes de los soldados. Además, estaba presente la carencia de alimentos y las enfermedades asociadas al clima. Los mosquitos hacían su agosto.

Mientras esto sucedía, Matías de Gálvez, a la sazón el militar español de más rango, armó una milicia móvil compuesta por tropas indígenas y soldados de la Corona. Todas las fortificaciones en ambos lados del río y hasta la ciudad de Granada, fueron reforzadas, mientras de todo el sur del Virreinato acudían refuerzos en socorro de los baluartes que bordeaban el río. Mientras los españoles cada vez estaban más protegidos, los ingleses sufrían bajas inasumibles. Los mensajeros que Juan de Ayssa prudentemente había enviado antes de rendir el fuerte, conseguirían convocar un número de fuerzas abrumador.

Hacia el 30 de noviembre de 1780, tras unos ocho meses de ocupación, los británicos embarcaban rumbo a Jamaica. Cerca de 300 desaparecidos, más de 200 desertores y del orden de 3.500 muertos eran el resultado del balance de una pretensión añeja y pésimamente planificada. Todas las expediciones británicas que intentaron abrir una brecha en Centro América desembocaron en desastres mayúsculos.

A día de hoy, el imponente Castillo de la Inmaculada Concepción en Nicaragua ha sido preseleccionado como monumento candidato protegido por la UNESCO. Sería una buena manera de honrar la memoria del capitán Juan de Ayssa y su tropa.

"El verdadero conocimiento es conocer la extensión de la propia ignorancia."

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