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Un abrazo, un beso y dos actores negros: los 20 segundos que cambiaron la historia del cine
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Un abrazo, un beso y dos actores negros: los 20 segundos que cambiaron la historia del cine

Muy pocas películas de los primeros años del cine han sobrevivido al combustible inflamable en que se recogían, y aún menos a la narrativa de poder y privilegios racistas que ha construido una historia blanca

Foto: Saint Suttle and Gertie Brown en Something Good – Negro Kiss. Fuente: USC HMH Foundation Moving Image.
Saint Suttle and Gertie Brown en Something Good – Negro Kiss. Fuente: USC HMH Foundation Moving Image.

El entretenimiento en el siglo XIX estaba lleno de espectáculos racistas. El mundo, fuertemente organizado a través de la subyugación de unos territorios por otros, se constituía aún en base a la esclavitud. El desprecio absoluto de la sociedad blanca hacia toda persona racializada no se inmutó con la décimotercera enmienda a la constitución estadounidense, aprobada en 1865, que prohibía esta práctica, pero no zanjaba toda una narrativa de poder y privilegios que continuó en las calles y en las casas, cada día, en todas partes. En el teatro, en los libros o en la música, lo negro quedaba en los planos ocultos, en el lenguaje deformado: gente blanca con la cara pintada de betún.

Con la llegada del cine, las dinámicas sociales siguieron aferradas a esas formas de control, aunque las formas de ilustrarlo estuvieran cambiando. La historia real de los primeros días del cine, sostiene el periodista y escritor Tambay Obenson en un artículo para Indie Wire, es "una larga y compleja historia de logros que involucra a muchas personas y procesos, y que a menudo pasa por alto y subestima las contribuciones de todos aquellos que no eran blancos".

Foto:  Fuente: Diseño EC

Muy pocas películas han sobrevivido de aquel primer período en que las imágenes en movimiento dependían de un combustible altamente inflamable. Según la Film Foundation, más de la mitad de las películas realizadas antes de 1929 se han perdido para siempre debido a que se tratan de rollos de nitrato. Además, el coste de restaurar una película de estas cuesta hoy cientos de miles de euros.

El problema de las películas perdidas

Obenson apunta que, aunque estas estadísticas no están separadas por factores como la raza, el género o el tema, por lo que no hay patrones o tendencias específicas para asociarlas, "no es descabellado considerar que el problema de las películas perdidas probablemente afectó más a las películas de elenco negro, o 'películas de carreras', como se las llamó durante la primera mitad del siglo XX, con mayor frecuencia".

De hecho, como añade la profesora e investigadora del Departamento de Estudios de Cine y Medios de la Universidad de Chicago Allyson Nadia Field en un artículo para Criterion Collection, no se sabe de la supervivencia de ninguna de las películas realizadas por los primeros cineastas afroamericanos de la década de 1910, incluidos George W. Broome, William Foster, Hunter C. Haynes y Peter P. Jones. Y, pese a todo ello, unos pocos segundos de escena resultan hoy suficientes para corroborar todas las caras, buenas y malas, de esta historia.

Redescubierta en 2017 por el archivista de películas estadounidense Dino Everett e identificada y catalogada más tarde por la propia Field, Something Good - Negro Kiss es la primera película conocida que rompe con el discurso visual racista de la época en que fue realizada, nada más y nada menos que 1898.

Nada más extraordinario que el afecto

Para entonces, la segregación, la discriminación, los problemas de representación y los estereotipos despectivos fundaban los pilares de una industria que aún no lo era. Desde los primeros días de las películas, los principales estudios utilizaron actores negros para atraer a las audiencias negras, pero a menudo, los relegaban a papeles secundarios, eligiendo a las mujeres como sirvientas o niñeras, y a los hombres como nativos o sirvientes; y, sin importar su género, como personajes místicos, peligrosos, mágicos y salvajes.

placeholder Cartel de un espectáculo de trovadores de William H. West de 1900. Fuente: Wikipedia.
Cartel de un espectáculo de trovadores de William H. West de 1900. Fuente: Wikipedia.

Ante este panorama, los actores afroamericanos Gertie Brown y Saint Suttle se abrazaban y besaban ante la cámara del cineasta William N. Selig. Una vez, y otra, y otra, sin sonido, sus miradas se ponen en común mientras bailan uno junto al otro. Nada más extraordinario que el afecto sucede en Something Good - Negro Kiss, suficiente para modificar o, más bien, enmendar la historia.

Su hallazgo sucedió de pura casualidad. Everett, que investiga para la Universidad del Sur de California, se encontraba como de costumbre entre montones de cajas de cintas antiguas, y se detuvo en algunas que había adquirido de un coleccionista de Luisiana casi tres años antes, en busca de ejemplos de nitrato para mostrar a sus alumnos. De pronto, una le llamó la atención: era aquella pareja negra, vestida con trajes típicos de espectáculos de trovadores, abrazándose románticamente.

Un hito en la historia del cine

Tenía ante sus ojos 20 segundos de un hito del cine que durante casi cien años habían estado escondidos, olvidados, al margen de la cronología a la que pertenecía y que sin ellos resultó otra. Todo cobró su curso el 6 de enero de 2017, cuando Field recibió un correo electrónico de Everett con capturas de los curiosos fotogramas que había encontrado.

placeholder Fotograma de Something good - Negro Kiss. Fuente: Wikipedia.
Fotograma de Something good - Negro Kiss. Fuente: Wikipedia.

La profesora pasó semanas analizándola, y fue quien llegó hasta sus actores, su título y su director. Y como experta, sostiene a la periodista Live Vedeler Nilsen en una entrevista para la Biblioteca Nacional de Noruega que su importancia radica sobre todo en el hecho de que el beso sea parte de un espectáculo (la escena no dejaba de estar guionizada) entre personas racializadas. "Le da a la película un contexto ligeramente diferente que quizás uno debería pensar a primera vista. Especialmente cuando se da cuenta de qué tipos de representaciones existían en la década de 1890, y cómo esto podría haber afectado la forma en que la audiencia recibió la película".

De hecho, los propios actores de Something Good - Negro Kiss, Suttle y Brown, formaban parte de los mínimos espacios culturales donde los artistas negros encontraban, nunca mejor dicho, espacio: actuaban con el cuarteto de entretenimiento de vodevil Rag-Time Four. Con este grupo solían realizar diferentes tipos de actos, como el famoso "Cake Walk".

Un mundo bajo el cánon blanco

Como apunta Nilsen, el "Cake Walk" fue un baile muy popular en Estados Unidos, y más tarde en los países nórdicos, durante la década de 1890, justo cuando se hizo esta película. "Se trata de un baile originado durante la esclavitud, como una parodia solemne de los dueños de las plantaciones blancas durante las fiestas que organizaban". Cuando se convirtió en un baile popular, lo hizo primero entre la población negra para llegar a través de ella a la población blanca.

placeholder George Walker, Aida Overton Walker y Bert Williams bailan cakewalk en el primer musical de Broadway escrito e interpretado por afroamericanos. Fuente: Wikipedia.
George Walker, Aida Overton Walker y Bert Williams bailan cakewalk en el primer musical de Broadway escrito e interpretado por afroamericanos. Fuente: Wikipedia.

Al mismo tiempo, convivía como un enfrentamiento con la marcada tradición del juglar, que se había desarrollado a lo largo de aquel siglo. Originalmente, este tipo de espectáculo consistía en hombres blancos que representaban a los afroamericanos a través de los estereotipos raciales degradantes que manejaban.

Los afroamericanos que eligieron la cultura como forma de vida tuvieron que lidiar con el cánon blanco de las artes, obligados a entregarse a las reglas no oficiales que los subordinaban

Los afroamericanos que eligieron la cultura y el entretenimiento como forma de vida tuvieron así que lidiar con el cánon blanco de las artes. "Muchos, de hecho, no tuvieron otra que apegarse a las reglas no oficiales del mundo del espectáculo hechas por estadounidenses blancos y eligieron tocar en las mismas cuerdas cuando entretenían a una audiencia". Encontramos, por tanto, a actores y actrices racializados encarnando papeles cuanto menos desalentadores, a sabiendas de que su carrera profesional se estaba viendo enmarcada por estos, sin más opciones que las de seguir entregándose a ello.

La película que cruzó el Atlántico

Por supuesto, tampoco lo tuvo nada fácil quien optó por dirigir. Para las mujeres negras o latinas esto era, directamente, tarea imposible. En el caso de los hombres, según Public Domain, la película superviviente al tiempo más antigua realizada por un director afroamericano, es Within Our Gates. Se trata de un relato mordaz de la situación racial de los Estados Unidos a principios del siglo XX, incluidos los años de Jim Crow, el renacimiento del Ku Klux Klan, la Gran Migración de población afrodescendiente del sur a las ciudades del norte y el surgimiento del "nuevo negro". Dirigida por Oscar Micheaux, la película es uno de los primeros y mejores ejemplos en el género de las "películas de carreras".

Mientras todo siguió de esta forma su curso, una copia más extensa de Something Good - Negro Kiss cruzó el Atlántico en algún momento, y acabó en un carrete escondido en un granero en Leksvik, Noruega. No fue hasta que las autoridades encontraron y aseguraron que representaba un riesgo de incendio que el trabajo conjunto entre un país y otro se puso en marcha.

placeholder Fotograma de Something good - Negro kiss. Fuente: Wikimedia
Fotograma de Something good - Negro kiss. Fuente: Wikimedia

La historia oral, dice Nilsen, sugiere que la película llegó a Noruega cuando un cineasta natural de dicho país quiso ensamblar un proyector a comienzos del siglo XX y trajo a casa rollos de películas estadounidenses, pero poco o nada más se sabe al respecto. Al principio, aquella versión extendida se identificó erróneamente en 2020 en los laboratorios de Oslo, como restos de un film de los hermanos Lumière. Sin embargo, la noticia de 2017 hizo que la Biblioteca Nacional noruega lo reexaminara con más atención, descubriendo que eran las mismas imágenes que tres años atrás habían sacudido a los estudiosos del cine en Estados Unidos.

Todo lo que falta

"Parte del poder de la película es la simple afirmación de la humanidad negra", explica Nilsen, reflejada en un momento en que las poblaciones no blancas debían ser de todo menos humanas. "Aquí sus protagonistas no están haciendo ninguna caricatura, simplemente están actuando como dos personas enamoradas".

Además, es tanto o más poderoso el hecho de que también estamos viendo profesionales haciendo su trabajo, como explica Field, que asegura que "era una película que sabíamos que se había hecho, era conocida por los historiadores, su título estaba presente en las filmografías, pero nadie parecía haberla visto o había escrito sobre ella con ningún tipo de detalle. Todo lo que sabíamos por la información del catálogo es que la película se hizo y circuló a finales del siglo XIX y principios del siglo XX".

"Hay una sensación de vergüenza o diversión tímida, pero también humor, en su actuación frente a la cámara, que es un escenario diferente al que están acostumbrados". El año de su realización, 1898, también fue el año en que se estrenó el primer musical afroamericano de Broadway. Si bien el descubrimiento de estas películas puede arrojar una luz muy necesaria sobre un período de la historia del cine (y de la cultura en general) del que sabemos poco, todavía nos faltan la mayoría de las piezas del rompecabezas, como asegura Field.

El entretenimiento en el siglo XIX estaba lleno de espectáculos racistas. El mundo, fuertemente organizado a través de la subyugación de unos territorios por otros, se constituía aún en base a la esclavitud. El desprecio absoluto de la sociedad blanca hacia toda persona racializada no se inmutó con la décimotercera enmienda a la constitución estadounidense, aprobada en 1865, que prohibía esta práctica, pero no zanjaba toda una narrativa de poder y privilegios que continuó en las calles y en las casas, cada día, en todas partes. En el teatro, en los libros o en la música, lo negro quedaba en los planos ocultos, en el lenguaje deformado: gente blanca con la cara pintada de betún.

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