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El Muro de las Colmenas: un refugio para las abejas chinas a miles de metros de altitud
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El Muro de las Colmenas: un refugio para las abejas chinas a miles de metros de altitud

Este singular santuario de abejas consta de más de 700 cajas de madera colocadas en la pared de un acantilado empinado donde permanecen a salvo de depredadores y otros peligros

Foto: El "muro de las colmenas", en la Reserva Natural de Shennongjia. (Getty)
El "muro de las colmenas", en la Reserva Natural de Shennongjia. (Getty)

Hay un lugar en el mundo donde las abejas reposan de manera peculiar. El mundo de estos insectos es, en sí mismo, peculiar, tan igual y tan distinto del nuestro, pero siempre presente en nuestra propia existencia. Sin ellas, el planeta ya sería otro, y quién sabe si las personas podrían vivirlo. Por eso, protegerlas y sobre todo, entenderlas, es una tarea fundamental. Esto mismo parecen estar haciendo en las montañas de la Reserva Natural de Shennongjia, en la provincia china de Hubei.

Conocido popularmente como "el muro de las colmenas", este singular santuario de abejas consta de más de 700 cajas de madera colocadas en la pared de un acantilado empinado, a unos 1.200 metros sobre el nivel del mar.

Foto: Las abejas desarrollan cerebros de diferentes tamaños (Unsplash)

La apicultura en China tiene una larga historia: desde al menos el siglo II d.C., es labor habitual en el medio rural del país, y sigue siéndolo. De hecho, más de la mitad del suministro mundial de miel proviene de su territorio, según señalan desde 'Bee World Project'.

Evitando su extinción

Sin embargo, en las últimas décadas, más del 80% de la población de abejas nativas ya se ha extinguido. Así lo recoge el periodista Qin Xie a través de 'The Daily Mail'. ¿Qué ha pasado?

Los expertos sostienen que la principal causa de esta pérdida tiene que ver con la introducción de la abeja melífera europea (Apis Mellifera). Con ellas, aseguran, llegaron enfermedades virales y ataques habituales a las colmenas de abejas chinas, rompiendo con sus rituales de apareamiento.

Hoy en día, la Apis Cerana está catalogada como una especie en peligro de extinción, por lo que las colmenas que cuelgan de los acantilados de la Reserva Natural de Shennongjia constituyen uno de los pocos espacios seguros para estas. Pero, ¿cómo funciona?

Una reserva natural muy especial

En este acantilado, las cajas están destinadas a atraer a las abejas silvestres de la zona para que se asienten y, de hecho, la mayoría de ellas ya están habitadas por familias de miles de abejas que conviven en un momento dado. Las colmenas están tan densamente agrupadas hacia arriba, pues es allí donde permanecen a salvo de depredadores y otros peligros como los pesticidas.

Para llegar a las colmenas más altas, los apicultores tienen que usar las cajas inferiores como escalones, mientras intentan mantener el equilibrio, explica Nichola Daunton en 'EuroNews'. En cambio, a las que están cerca de la cima solo se puede acceder por cuerda, desde lo alto del acantilado. Mientras tanto, la abeja melífera se dedicará a la ardua tarea de producir miel. De media, esta especie apenas genera 1/12 de cucharadita de este fluido en toda su vida.

Sin embargo, apuntan desde la Comisión Nacional de la República Popular China para la 'UNESCO', lo que hace que la Reserva Natural de Shennongjia sea tan especial para la apicultura, es la presencia de varias zonas climáticas diferentes: desde 1982, ha unido zona subtropical, de clima templado cálido, templado e incluso templado frío, todo en una misma área, pero diferentes perímetros. De esta forma, es posible garantizar una gran variedad de flora y fauna que atrae y anima a las abejas.

En total, hay alrededor de 1131 especies de plantas y más de 1000 tipos de néctar para que estos insectos puedan desarrollarse lo mejor posible. Además, el espacio está compartido con 190 tipos de aves, 12 tipos de reptiles y 8 tipos de anfibios.

Hay un lugar en el mundo donde las abejas reposan de manera peculiar. El mundo de estos insectos es, en sí mismo, peculiar, tan igual y tan distinto del nuestro, pero siempre presente en nuestra propia existencia. Sin ellas, el planeta ya sería otro, y quién sabe si las personas podrían vivirlo. Por eso, protegerlas y sobre todo, entenderlas, es una tarea fundamental. Esto mismo parecen estar haciendo en las montañas de la Reserva Natural de Shennongjia, en la provincia china de Hubei.

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