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Por qué tantas esculturas antiguas perdieron sus narices
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Por qué tantas esculturas antiguas perdieron sus narices

A muchas también les faltan brazos, piernas o incluso la cabeza. Pero en su mayoría carecen de este órgano facial tan frágil a los golpes o a la erosión de los elementos naturales

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

De todas las partes del cuerpo humano, si hay una que es notablemente frágil, esa es la nariz. Lo sabrán aquellos que por desgracia se han llevado más de un puñetazo o han tenido la mala suerte de caerse al suelo sin poner los brazos. Para las esculturas, representación máxima del físico humano, también. Seguramente alguna vez te has preguntado por qué ciertas esculturas antiguas tienen la nariz rota. El mármol de la poeta griega Safo, de la Gliptoteca de Múnich, o sin ir más lejos la Gran Esfinge de la meseta de Giza en Egipto.

En realidad, pocas se conservan con sus partes íntegras. Pensemos en la Venus de Milo, expuesta en el Museo del Louvre o la Victoria de Samotracia, a la que directamente le falta la cabeza, como si estuviera decapitada. Pero de todas ellas, la parte que más destaca es la que nos permite respirar y sobresale de la cara, la nariz. Incluso, en ocasiones parece que su amputación ha sido deliberadamente forzada por alguien.

Foto: Napoleón Bonaparte en Egipto (Fuente: iStock)

¿A qué se debe este particular rasgo de ciertas esculturas antiguas? No, no es la acción humana, ni tampoco alguna funesta caída a la hora de transportarlas, que también, sino simplemente por el inevitable desgaste y erosión forzada por los elementos naturales. "Las estatuas que vemos hoy en día están casi siempre golpeadas, maltratadas o dañadas por el tiempo y la exposición a los elementos", asegura Spencer McDaniel, experta en la Grecia antigua, quien ha escrito un artículo en la revista 'Mental Floss' a propósito de este hecho tan curioso.

Se especula que fue un fanático musulmán desfiguró el rostro de la esfinge de Giza porque unos campesinos la adoraban

"Las partes de las esculturas que sobresalen, como las narices, brazos, cabezas y otros apéndices, son casi siempre las primeras en romperse", admite. "Otras partes están más sujetas, como las piernas o los torsos, y estas suelen permanecer intactas". En el caso de la Venus de Milo, en su momento debieron de sobresalirle los brazos tanto como para que en un pasado muy remoto, a la hora de transportarla, estos se le desprendieran. Y no por ello luce mal, pues la tenemos tan asimilada de esta forma a raíz de su gran exposición, que el hecho de que tuviera brazos o decidieran completarla sería un completo fiasco.

El curioso caso de la esfinge

En el caso de la esfinge de Giza, se especula que fue un fanático musulmán sufí quien desfiguró su cara, en concreto la nariz. Esta es la teoría del historiador árabe al-Maqrizi, quien en el siglo XV sostuvo que un tal Muhammad Sa'im al-Dahr en 1378 le destrozó la nariz después de que un grupo de campesinos hicieran ofrendas a la estatua para conseguir mejores cosechas. Acto después, fue ejecutado por vandalismo.

Foto: Entrada a Abu Simbel. (iStock).

La versión más aceptada por el mundo de los arqueólogos e historiadores es que no fue la mano humana la que causó esta desfiguración en su rostro, sino simplemente la progresiva erosión de los elementos naturales. Otras explicaciones más caricaturescas las dan los cómics de Astérix y Obélix, creados por René Goscinny, quien atribuyó que la esfinge se quedó sin nariz después de que Obélix se subiera encima y, debido a su sempiterna torpeza, la destrozara.

De todas las partes del cuerpo humano, si hay una que es notablemente frágil, esa es la nariz. Lo sabrán aquellos que por desgracia se han llevado más de un puñetazo o han tenido la mala suerte de caerse al suelo sin poner los brazos. Para las esculturas, representación máxima del físico humano, también. Seguramente alguna vez te has preguntado por qué ciertas esculturas antiguas tienen la nariz rota. El mármol de la poeta griega Safo, de la Gliptoteca de Múnich, o sin ir más lejos la Gran Esfinge de la meseta de Giza en Egipto.

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