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Cléo de Mérode y otras influencers de la historia
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Cléo de Mérode y otras influencers de la historia

Admitámoslo, adoramos a simples mortales por el simple hecho de ser guapos, pero es algo que ha ocurrido desde siempre

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Por algún motivo, la belleza siempre ha fascinado al ser humano. Inspira a los poetas y las marcas de moda se basan en promesas en torno a ella para poder sobrevivir. Si bien es cierto que vivimos en una época particularmente hedonista, en la cual el término 'influencer', (relativamente nuevo), ha proliferado y crecido como la espuma, siempre hubo hombres y mujeres que marcaron no solo el canon de belleza de su época, sino que consiguieron la admiración de todo el mundo por algo tan efímero como ello.

El busto de Nefertiti aún impresiona, Antínoo fue considerado una deidad, la muerte de Rodolfo Valentino conmocionó a todo el mundo, Bettie Page revolucionó con su estilo pop up y todo el mundo imitó el famoso peinado 'Rachel' de Jennifer Aniston en los 90, y en general seguimos adorando a simples mortales por el simple hecho de ser guapos. Algunos (o algunas, más bien) han pasado a la historia, como las que señalamos a continuación.

Simonetta Vespucci

El reinado de Simonetta fue corto, pero intenso. De hecho, su rostro todavía aparece en bolsos y camisetas, gracias a Sandro Botticelli, que decidió inmortalizarla para siempre. Nacida en Génova durante el Renacimiento, pronto despuntó por su belleza y se casó con tan solo 16 años con Marco Vespucci (familiar del futuro explorador Américo Vespucci). Al instalarse en Florencia, comenzó a ser conocida por todos los nobles y artistas de la ciudad, que quedaron prendados de ella. Uno de ellos fue en efecto Sandro Botticelli, que por entonces era vecino de la familia Vespucci, aunque otros artistas, como Piero di Cosimo, también decidieron retratarla.

placeholder La Venus de Boticcelli, con el rostro de Simonetta.
La Venus de Boticcelli, con el rostro de Simonetta.

Los hermanos Lorenzo y Juliano Médici también quedaron prendados de "la bella Simonetta", como comenzó a ser conocida en Florencia, y el 28 de enero de 1475 (coincidiendo con el cumpleaños de ella) se realizó una justa para celebrar el éxito diplomático entre Milán, Venecia y Florencia. Cuando Juliano ganó el torneo, decidió coronar a Simonetta como reina de la belleza, y sus rasgos se convirtieron en el prototipo que primaría en el Renacimiento.

Botticelli jamás se casó, siguió pintando obsesivamente a Simonetta durante años y, antes de morir, pidió ser enterrado a sus pies

Desgraciadamente, la bella tuvo una vida efímera, y con tan solo 23 años falleció, enferma de tisis. Su marido contrajo nupcias de nuevo rápidamente. Botticelli, sin embargo, que al parecer decía tener "horror al matrimonio" y al que nunca se le conocieron relaciones, jamás se casó y siguió retratando el rostro de Simonetta obsesivamente, durante años. Cuando iba a morir, pidió ser enterrado a los pies de la Iglesia de Ognissanti—la iglesia de los Vespucci— en Florencia, para poder descansar junto a su musa.

Elizabeth (Lizzie) Siddal

Aunque logró vivir más que Simonetta (falleció con 32 años), la musa de los prerrafaelitas tuvo una vida desgraciada. Nacida en Londres en el verano de 1829, desde niña sintió gran interés por la poesía y el arte, aunque cuando el artista Walter Howell Deverell la descubrió trabajando en una tienda de sombreros. Pronto, todos los prerrafaelistas quedaron prendados de ella, y como las condiciones de trabajo en la sombrerería eran precarias, su madre le sugirió posar como modelo para los artistas, convirtiéndose pronto en su musa y fascinando a Dante Gabriel Rossetti, con quien finalmente se comprometió (aunque nunca se casó).

placeholder La Ofelia de Millais.
La Ofelia de Millais.

Sin embargo, su relación no fue en absoluto feliz. Durante años, el pintor engañó a Lizzie y en 1851 las cosas empeoraron cuando, sirviendo de modelo para la Ofelia de Millais, enfermó al tener que pasar horas en una bañera helada. Desde entonces su salud se resintió y se hizo adicta al láudano. Un año antes de la boda con Rossetti quedó embarazada, pero sufrió un aborto, cayendo en depresión. Al enterrarla, Rossetti introdujo una copia de sus poemas en el féretro, pero más tarde se arrepintió y decidió desenterrarla. Según cuenta la leyenda, cuando abrieron la tumba el cuerpo de Lizzie estaba completamente preservado, y su famosa melena rojiza había seguido creciendo, cubriendo el ataúd.

Foto: Fuente: Wikimedia.

La princesa Alejandra

Si el deber de una influencer es conseguir poner de moda una determinada tendencia, sin duda esta princesa de Dinamarca, esposa del príncipe Alberto Eduardo, entraría en el ranking. En la década de 1860, la princesa Alejandra era un ícono de moda, elegante y guapa, por lo que todo el mundo la admiraba. Aquello que lucía la futura consorte, aquello que el resto de mujeres de toda Inglaterra imitaban. Puso de moda los escotes altos, aunque en realidad solo era una moda de tapar una operación en el cuello.

placeholder Alejandra de Dinamarca.
Alejandra de Dinamarca.

Un ataque de fiebre reumática la dejó una cojera irreversible y usaba bastón para caminar. De pronto, todas las mujeres del país comenzaron a sufrir el mismo problema, hasta el punto de que en ciertas ciudades de Gran Bretaña los comerciantes comenzaron a vender zapatos desiguales, uno con tacón alto y el otro bajo, e incluso bastones como los que usaba la princesa. Como con todo, la moda llegó y se fue, pues cuando en la temporada siguiente los vestidos se volvieron más ceñidos, resultaba muy complicado caminar de esa manera.

Foto: Kiki Noire et Blanche. Man Ray.

Cléo de Mérode

Considerada la mujer más bella de su época, la bailarina Cléo de Mérode (1875-1966) se formó en la Ópera de París y consiguió bailar por toda Europa, además de convertirse en la estrella del Folies Bergère durante la Belle Époque. Como Simonetta Vespucci, fue elegida Reina de la Belleza por el diario L'Illustration, cuando se realizó un concurso en el que los lectores debían enviar diversas fotografías. Ella participó, junto a Sarah Bernhardt y otras celebridades.

placeholder Cléo de Mérode.
Cléo de Mérode.

Aunque siempre negó haber posado desnuda para él, el escultor Alexandre Falguière contribuyó a acrecentar su fama con su escultura La danseuse. Lo cierto es que muchísimos artistas (de Boldini a Benedito, e incluso Degas) decidieron inmortalizarla, y los rumores maliciosos la relacionaron incluso con Leopoldo II de Bélgica, que era 40 años mayor que ella.

Considerada la mujer más bella del mundo, Cléo de Mérode fue una mujer discreta y culta que prefirió mantenerse alejada de los escándalos

Lo cierto es que, pese a su oficio (relacionado en aquel entonces con la prostitución), Cléo de Mérode fue una mujer discreta y culta que prefirió mantenerse alejada de los escándalos. Como curiosidad, el escultor y diplomático español Luis de Périnat, que fue su amante durante un tiempo, realizó una escultura de la joven en 1909, que en la actualidad adorna su tumba.

Por algún motivo, la belleza siempre ha fascinado al ser humano. Inspira a los poetas y las marcas de moda se basan en promesas en torno a ella para poder sobrevivir. Si bien es cierto que vivimos en una época particularmente hedonista, en la cual el término 'influencer', (relativamente nuevo), ha proliferado y crecido como la espuma, siempre hubo hombres y mujeres que marcaron no solo el canon de belleza de su época, sino que consiguieron la admiración de todo el mundo por algo tan efímero como ello.

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