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Geraldine Mock, el ama de casa de los sesenta que cogió una avioneta y dio la vuelta al mundo
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EL 'ÁGUILA DORADA DE OHIO'

Geraldine Mock, el ama de casa de los sesenta que cogió una avioneta y dio la vuelta al mundo

Hoy descubrimos la increíble gesta de esta mujer que hizo historia al completar una vuelta al globo terráqueo en solo 29 días a bordo de una humilde avioneta

Foto: Geraldine Mock, recogiendo el ramo de orquídeas de su marido tras completar su viaje en 1964. (Wikipedia)
Geraldine Mock, recogiendo el ramo de orquídeas de su marido tras completar su viaje en 1964. (Wikipedia)

Montar en camello, ver las pirámides de Egipto y subirse a un elefante. Estas eran las tres cosas que Geraldine Mock, una humilde ama de casa de la localidad de Columbus, en Ohio, quería hacer antes de morir. Y puestos a soñar, ¿por qué no cumplirlo? "Simplemente, nadie tuvo el suficiente sentido común, o mejor dicho, la estupidez, de intentarlo", aseguró a la revista 'Air & Space' poco antes de morir a la edad de 88 años. La protagonista de esta historia no se refería a esas tres aspiraciones, sino nada más y nada menos que a dar la vuelta al mundo subida a una avioneta de segunda mano del tamaño de apenas una furgoneta. "Hubo mujeres que luego me dijeron que volaron inspiradas por mí. Me alegro de haber hecho lo que hice, porque lo pasé de maravilla".

En una de sus fotografías, realizada antes de lanzarse a la aventura, podemos ver a Mock con una sonrisa de oreja a oreja junto a su aeronave, decidida a completar un periplo que bien podía haberle costado la vida. Y, como ella misma reconoció posteriormente, lo hizo debido a su entusiasmo por el mundo de la aviación y a que estaba mortalmente aburrida ejerciendo como ama de casa. Era 1964, en aquellos tiempos las mujeres no estaban acostumbradas a viajar solas, al igual que estudiar o no llevar una vida relegada al marido. De ahí que la prensa de esos años la bautizara como 'el ama de casa piloto'.

Cuando pasó de soslayo por Vietnam, relató: "En algún lugar no muy lejano se estaba librando una guerra, pero desde el cielo todo parecía pacífico"

"Ella no creía que nadie tuviera que privarse de cumplir sus sueños", asegura su nieta, Rita Mock-Pite, en una conversación con Smithsonian Mag, página web del museo que pronto abrirá una exposición sobre la proeza de Geraldine. "Era su forma de rebelarse contra la sociedad y decir: 'No, no puedes obligarme a ser la persona que tú quieras... Si yo pude hacer esto, cualquier otro podría hacer cualquier cosa".

Siempre (con la vista puesta) en las nubes

Nació en 1925, poco antes de la Gran Depresión. Con tan solo siete años, surcó por primera vez los cielos a bordo de un Ford TriMotor acompañada por su padre. Tal vez ese fue el acontecimiento que marcó su vida de después y sus pretensiones de convertirse en piloto en una época en la que la inmensa mayoría de las mujeres todavía no iba a la universidad. De hecho, era la única en su clase de ingeniería aeronáutica en la State University de Ohio, lo que hacía que sus compañeros masculinos la miraran con desdén. Al poco tiempo, conoció al que luego sería su marido y padre de sus tres hijos, Russell Mock, con quien estaría felizmente casada al compartir con él la pasión por la aeronáutica.

"Nunca había volado más allá de las Bahamas ni había soportado vuelos de 14 horas"

Ambos se apuntaron a clases de vuelo y pronto obtuvieron su licencia para volar. Adquirieron una aeronave modelo Cessna 180 y la llamaron 'Spirit of Columbus', en honor a su ciudad natal, aunque finalmente usaran el apodo de 'Charlie' para referirse a ella. Pero las tardes subida a este avión de apenas el tamaño de una furgoneta no eran suficientes para calmar las ambiciones de Geraldine. Fue su marido quien le propuso el reto de dar la vuelta al mundo, según relató ella misma. Al poco tiempo de venirle la idea, ya estaba obteniendo permisos y visas, trazando rutas y obteniendo el permiso por parte de la Asociación Aeronáutica Nacional (NAA) de Estados Unidos. También obtuvo un préstamo por valor de 10.000 dólares (alrededor de 9.900 euros) del periódico 'The Columbus Dispatch' después de haberle contado sus intenciones de batir un nuevo récord en la historia de la aviación y a cambio de que escribiera artículos durante su viaje.

"Mock tenía mucha menos experiencia que otros pilotos, habiendo registrado solo 750 horas de vuelo junto con 250 horas de vuelo en solitario", explica la periodista Lucia Cheng en un artículo publicado en el Smithsonian a propósito de su exposición sobre Geraldine. "Nunca había volado más allá de las Bahamas, y mucho menos había soportado vuelos de 14 horas que seguramente tendría que hacer para algunas de las etapas más tediosas de su viaje. Su nave necesitaba algunas modificaciones: agregó tres tanques de combustible adicionales, radios de corto y largo alcance y buscadores de dirección duales, lo cual apenas le dejaba un pequeño hueco para sentarse en la cabina". Además, como objetos personales solo llevó consigo una máquina de escribir, dos conjuntos de ropa y dos pares de zapatos.

Una competidora nata

Lo más curioso es que, tres meses antes de partir, se enteró de que otra mujer estaba decidida a batir su récord. Su nombre era Joan Merriam Smith, una piloto más veterana que ella y con más apoyos dentro de los círculos de la aviación. Entonces, su travesía adquiría otro cariz: ya no se podía contentar con llegar a la meta, sino que ahora tenía que competir contra Smith si quería pasar a la historia. Lo malo es que Smith tenía programado iniciar su vuelo mucho antes que ella, por lo que ni corta ni perezosa, decidió salir dos semanas antes de lo planeado y dos días después de su compañera.

Foto: El batallón Six Triple Eight. (Foto promocional del documental 'The Six Triple Eight')

Una vez a bordo de 'Charlie', sufrió algunos percances técnicos, pero seguramente lo que más difícil le debió de resultar fueron las largas jornadas de vuelo con la única compañía del ruido incesante del motor a su espalda. Aunque era una persona que amaba la soledad, como ella misma confesaría tiempo después, nadie está preparado para realizar un viaje tan largo, cruzando el inmenso océano Atlántico. Uno de los acontecimientos más remarcables de su viaje fue cuando aterrizó en Arabia Saudí y contempló con estupor las caras de asombro de los hombres de allí, teniendo en cuenta que las mujeres tenían prohibido conducir un coche hasta hace apenas cuatro años, en 2018. Cuando pasó de soslayo por Vietnam, relató: "En algún lugar no muy lejano se estaba librando una guerra, pero desde el cielo todo parecía pacífico".

"La experiencia ha sido plenamente satisfactoria. Así es como creo que se debe vivir la vida"

Otro de los percances que tuvo en que realmente peligró su vida fue cuando sobrevolaba las islas Azores, momento en el cual se formó una capa de hielo en sus alas, lo que inevitablemente provocaría que se resquebrajaran. Con mucha pericia, Mock decidió subir hasta por encima de las nubes y esperar de buena fe a que el sol derritiera la capa. Cuando llegó a El Cairo, cometió la torpeza de aterrizar en una base militar, por lo que, al llegar, las fuerzas armadas del país la retuvieron a la espera de obtener una autorización para despegar. Mientras esto sucedía, vio en la televisión cómo un grupo de soldados se acercaba al aeropuerto, teniendo que salir de allí de inmediato.

Tras recorrer más de 35.000 kilómetros, realizando un total de 21 paradas en 29 días, como analizan desde la web Hispaviación, un 17 de abril de 1964, Mock llegó a su destino, su ciudad natal, en el aeropuerto de Columbus. Allí la esperaba un gran recibimiento por parte de sus familiares, amigos e instituciones. El gobernador de la región le puso el mote del 'Águila dorada de Ohio' y el propio presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, le otorgó una medalla de la Agencia Federal de la Aviación. "He viajado tan lejos y tan rápido que me llevo un montón de impresiones que necesito asimilar cuando tenga tiempo", escribió hablando de su viaje en el 'Washington Record-Herald'. "Pero la experiencia ha sido plenamente satisfactoria. Así es como creo que se debe vivir la vida".

Montar en camello, ver las pirámides de Egipto y subirse a un elefante. Estas eran las tres cosas que Geraldine Mock, una humilde ama de casa de la localidad de Columbus, en Ohio, quería hacer antes de morir. Y puestos a soñar, ¿por qué no cumplirlo? "Simplemente, nadie tuvo el suficiente sentido común, o mejor dicho, la estupidez, de intentarlo", aseguró a la revista 'Air & Space' poco antes de morir a la edad de 88 años. La protagonista de esta historia no se refería a esas tres aspiraciones, sino nada más y nada menos que a dar la vuelta al mundo subida a una avioneta de segunda mano del tamaño de apenas una furgoneta. "Hubo mujeres que luego me dijeron que volaron inspiradas por mí. Me alegro de haber hecho lo que hice, porque lo pasé de maravilla".

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