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El tercer emperador hispano que trajo el cristianismo a Roma
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TEODOSIO I EL GRANDE

El tercer emperador hispano que trajo el cristianismo a Roma

Este respetado líder renovador, nacido en lo que hoy es Segovia, consiguió unificar y consolidar el Imperio con la prohibición de cualquier práctica religiosa que no fuera la cristiana

Foto: Detalle del cuadro de San Ambrosio y el emperador Teodosio de Roma. (Cuadro de Anton van Dyck)
Detalle del cuadro de San Ambrosio y el emperador Teodosio de Roma. (Cuadro de Anton van Dyck)

La tolerancia alcanzará tal nivel que a la gente inteligente se le prohibirá pensar para no ofender a los imbéciles.

Fiodor Dostoyevski.

En el tiempo en que Roma mostró su luz al mundo, hubo tres emperadores de origen hispano llamados Trajano, Adriano y Teodosio, y los tres fueron determinantes entre sus homólogos por sus incuestionables legados. Los dos primeros no necesitan presentación, pues sus nombres trascienden la historia. Ambos pertenecían a la dinastía Antonina o a llamada la de los "longevos" (incluía a Marco Aurelio, autor de las famosas 'Meditaciones'). El tercero fue parte de la bisagra que prolongó la dilatada existencia (más de 2.200 años) de este increíble imperio reciclado posteriormente en Bizancio (Constantinopla). A aquella Roma señorial y enorme le aguardaban más de doce siglos de existencia todavía (395-1453) y un trágico final.

Cuando uno camina hacia el futuro sin la luz del pasado camina entre tinieblas. El que decía esto no era un insensato, un compulsivo fumador de porros a destajo, un beodo a tiempo completo, un español condenado al analfabetismo por los medios, un esforzado joven intentando asomarse a la vida o un anciano recordando tiempos mejores, no. Era la máxima de este emperador en la decadencia de un imperio riquísimo en historias de la historia.

Teodosio como Tocqueville o Carlos III de España, intentó crear atmósferas razonables para sus pueblos a pesar de una corrosiva realidad

Teodosio era un ser aéreo de un idealismo exagerado, con una mirada muy vinculada a la justicia social, por muy romántico que esto parezca. Este protagonista de uno de los momentos estelares de la humanidad argumentaba que las religiones no eran sinónimo de libertad, sino todo lo contrario, pero luego cambió de opinión y legalizó plenamente el antaño denostado cristianismo. La libertad es un placer relativo que puede estar acompañado de fuertes dosis de desdicha, de ahí que la libertad pueda ser una elección muy lastrada y de óptica reducida. Padres tiene la iglesia, y hay un montón de sociedades que se tiranizan a sí mismas.

Una idea de justicia universal

Pues bien, entre las ideas reformadoras de Teodosio había precursores, tales como el vago de Sócrates que nos dejó sin un legado directo o a través de intermediarios como Antistenes o Arístipo, Marco Aurelio y su humanidad estajanovista, Séneca, con su elevada sabiduría etc. Esto es, por mandatarios o líderes con luz propia, que piensan en sus pueblos. Teodosio como Tocqueville, Carlos III de España, Múgica en Uruguay o Palme en Suecia intentaron crear atmósferas razonables para sus pueblos a pesar de que la corrosiva realidad era muy empecinada. Antes, en un pasado no tan lejano, la idea de una justicia universal, un escaso bien común no siempre al alcance del respetable, ya tenía defensores en filósofos fertilizantes, pero curiosamente esta fantástica asignatura, indispensable de un pensamiento que se precie ha sido licenciada en este país y condenada al rincón.

Foto: Trajano y Octavio Augusto

¿Qué hacía al emperador Teodosio tan singular? Muchos siglos antes ya había puesto en marcha directrices políticas digeribles para la población romana y esto, lo hace comparable, y quizás pionero, a los pensadores antes mencionados. Hacia el 395 d. C., cuando el declive del Imperio romano era más que patente, el culto y lúcido Teodosio repartiría los enormes territorios conquistados por sus predecesores durante siglos entre sus dos hijos. Oriente quedó en manos de Arcadio, que veía como las invasiones bárbaras consumaban su sumisión al magnetismo que conlleva el lujo; y la parte occidental, recayó en manos de Honorio. Ambos eran capaces y competentes e hijos a su vez de un progenitor con buena herencia en las venas, pero las hordas de "incivilizados" (la razón de la fuerza que decía Unamuno) con hambre atrasada, arrollaban a las antaño gloriosas legiones sin compasión.

Teodosio, no en vano llamado el Grande, nacido en lo que hoy es Segovia, estuvo al mando de aquel colosal imperio desde el año 379 al 395 d.C. Tras la sorpresiva por inesperada derrota romana en Adrianópolis a manos de los visigodos, comparable en gravedad y consecuencias a la de Cannas o Teutoburgo. Graciano a la sazón emperador, delegaría en Teodosio en ese momento su par en oriente, la dirección de aquella vastedad inabarcable. Valente, su antecesor, había fallecido caído en combate. Teodosio entró en el ruedo con valores y reformas muy avanzadas para la época, pero la situación de 'casus belli' ante las hordas del este desbarataron las mejores esencias de aquel emperador (pensador que, adaptándose al molde de las demandas del momento, fue fiel a los postulados del Concilio de Nicea). El cambio de tercio fue asombroso, cuando menos.

La llegada del cristianismo

Para el año 392, los roles del 'fair play' que habían presidido durante siglos las relaciones de un dominio disfrazado de buenas maneras en el conjunto de los sometidos al Imperio Romano comenzaron a disiparse. Cuando ya comenzaba a entrar en años Teodosio I el Grande, le dio un portazo severo al paganismo e impuso el cristianismo. Desde el reinado del emperador Constantino a principios del siglo IV el ascenso de esta religión había sido imparable, pasando de ser un colectivo perseguido a perseguidor. El Edicto de Constantinopla prohibía expeditivamente y sin ambages cualquier práctica que no fuera la cristiana.

Es posible que, ante la enorme presión en las fronteras del norte, Teodosio se 'columpiara' al prohibir la adoración de los antiguos dioses e inició la persecución de los paganos

Su propósito de generar una monolítica unidad religiosa contravenía un uso romano tradicional inmensamente valioso como herramienta para atenuar revueltas, tal que era (algo así como un 'laissez faire'), a cambio de cobrar impuestos por dejar hacer o pensar. Sin embargo, en aquel momento crítico para la supervivencia de la estructura de aquel macro imperio quiso consolidarlo por razones estratégicas con la unificación política a través de un asiento consistente para el enorme entramado geográfico y político, y darle una mayor seguridad y vigor, evitando al máximo las discrepancias innecesarias, o lo que es lo mismo: cortar por lo sano futuras sorpresas o enfrentamientos que generaran tensiones. Por ello, hizo del cristianismo la religión oficial.

No hay que olvidar que Constantino I el Grande sería el primer emperador en dejar de perseguir a los cristianos, creando una libertad de culto en la que inicialmente todas las religiones tenían cabida (Edicto de Milán, 313). Es posible que, ante la enorme presión en las fronteras del norte, Teodosio se 'columpiara' cuando prohibió la adoración de los antiguos dioses e inició la persecución de los 'protestantes' paganos.

Foto: Gran incendio de 1776 en Nueva York.

Como contrapunto a su labor de creación de un mundo mejor, se fue escorando hacia el lado oscuro y en un alzamiento de revoltosos en Tesalónica (hoy Grecia) en el año 390 se le fue la mano de manera más lamentable, provocando una carnicería espantosa entre los sublevados. Su figura de avanzado y respetado líder renovador pegó un bajón 'de aquí te espero' con aquella actuación. El embrionario pueblo bizantino ya barruntaba que el cambio de guardia se había descafeinado. En Milán, hoy la capital industrial de Italia, un 7 de enero del 395 d. C. un controvertido emperador hispano expiraba en medio de una tremenda ventisca a las puertas de la eternidad. ¿Será que en el mundo de las tinieblas hay entradas de primera y de segunda? Seguro que Trajano y Adriano le esperaban en la zona VIP.

La tolerancia alcanzará tal nivel que a la gente inteligente se le prohibirá pensar para no ofender a los imbéciles.

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