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Yuste, la tumba del hombre que gobernó el mundo
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Soledad antes de la eternidad

Yuste, la tumba del hombre que gobernó el mundo

Hay una anécdota en la larga construcción del Monasterio de Yuste que fue clave en los sucesos posteriores acaecidos al que llegó a ser el hombre más poderoso de la tierra

Foto: Vista aérea del monasterio de Yuste situado en Extremadura (Fuente: iStock)
Vista aérea del monasterio de Yuste situado en Extremadura (Fuente: iStock)

Siempre hay cuatro lados en una historia:

Tu lado, su lado, la verdad y lo que realmente sucedió.

Rousseau.

Carlos V fue rey de España a partir de un alambicado proceso de casualidades y emperador de Alemania tras una compra a la desesperada de electores (diputados) con préstamos que a la larga le saldrían por un ojo de la cara (cómo no puede ser de otra manera). De 55 años, avejentado, achacoso, con las cervicales sobrevenidas y el cuerpo en franca decadencia; un desdentado con apariencia de septuagenario apergaminado, se había retirado al Monasterio de San Jerónimo cercano a Cuacos de Yuste, en la esquina noreste de Cáceres, en busca de un lugar de serenidad y paz, de silencio y verdad antes de que el tiempo dejara de contar con él.

Para ello, y después de una burda maniobra, accedió al reinado que por herencia le correspondía y, en connivencia con el rey católico Fernando de Aragón, despojaron de cualquier forma de poder a la melancólica Reina Juana, mal llamada 'La Loca', alegando una patología mental de conveniencia que a día de hoy no tendría más relevancia que la de una depresión por desamor. Así, sibilinamente, fue apartada de la gobernanza y encerrada en Tordesillas de mala manera, maltratada por un sádico de manual, un sujeto llamado Marqués de Denia.

placeholder Carlos V retratado por Tiziano
Carlos V retratado por Tiziano

Pues bien, hay una anécdota en la larga construcción del Monasterio de Yuste que fue clave en los sucesos posteriores acaecidos al que llegó a ser el hombre más poderoso de la tierra en aquel tiempo de transición entre la Peste Negra, el Renacimiento y los grandes descubrimientos hechos por la Corona Española. Este accidente no era otro que el de un estanque que traería la fatalidad a través de un mosquito, un pelín 'cabroncete' y que, a la postre, sería determinante en el tránsito a la eternidad del Gran Emperador.

A una breve distancia andando, antes (o después) de llegar al monasterio, según se vaya o venga, en un lugar rodeado de olivos y cruces de granito, en un mirador de espectacular belleza sobre la comarca de La Vera, yacen más de 300 soldados y oficiales alemanes caídos en las tres guerras que salpicaron Europa occidental en poco más de 30 años. La I Guerra mundial, la fratricida Guerra Civil española y la II Guerra Mundial. El lugar en cuestión avasalla por la grandeza del silencio que destila y abarca la presencia de la muerte omnipotente. Todos los militares alemanes fueron encontrados (en su mayoría) en las costas españolas o derribados puntualmente por algún experto piloto republicano con un “Chato”.

placeholder Cementerio militar alemán en Cuacos de Yuste (Fuente: iStock)
Cementerio militar alemán en Cuacos de Yuste (Fuente: iStock)

Pero, ¿es Yuste solo un lugar donde el Gran Emperador de la cuarta parte del mundo agonizaba lentamente de sus achaques invencibles producidos por los ricos condumios porcinos de la comarca? ¿O, por el contrario, un mosquito antisistema le arreó una “puñalá” palúdica de aquí te espero por acabar con el sueño de los “malvados” comuneros? El que vino de las regiones del Strudel acabaría rendido a las chacinas y pantagruélicas barbacoas que había devorado el que fuera un esquelético emperador cuando tocó tierra de improviso en Tazones en el año del señor de 1517. Es de suponer que los indicadores de colesterol y la gota, treinta años más tarde, habían disparado el termostato y los galenos hacían malabares para justificar su prestigio. Si bien es cierto que la gota era más que evidente por sus síntomas y el diagnóstico fácil, la acumulación de microcristales en las articulaciones y severos cólicos nefríticos, hoy se cree que la muerte de este caballero vino por vía aérea tras el ataque del vil mosquito antes mencionado.

En origen, el Monasterio de Yuste se remonta a principios del siglo XV. Según parece, había muchos ermitaños y anacoretas rendidos a la mística y la meditación. Dicen las leyendas más fieles que abandonaron sus parcas moradas con la intención de buscar un discreto lugar lo más alejado posible del género terrícola y traducir su vida austera a una elevación espiritual más fértil. Sabedor de esta iniciativa, un religioso caballero de Cuacos se rascó el bolsillo con gran generosidad a cambio de que en las tierras donadas se embarcaran los dos vates en la faraónica y digna de ver, obra de recogimiento. Un 24 de agosto de 1402 en medio de la canícula veraniega nacía la sillería matriz de aquella monumental obra, originaria del actual Monasterio.

Foto:  William Randolph Hearst (Fuente: Wikimedia)

Allá en medio de fértiles valles, los presuntos orates que tras treinta años de voto de silencio todavía conservaban atisbos de cordura, se proclamarían como los Ermitaños de la Pobre Vida, iniciando la monumental obra que veneran los siglos y miles de peregrinos y visitantes. Queda en medio de esta austera obra y su pequeña iglesia gótica en el centro de la edificación, un mensaje donde claramente se ve la búsqueda de la simplificación, tan necesaria, donde claramente cobra grandeza el dicho “menos es más”, un delicado epitafio Zen imperceptible en el que debería de quedar claro que “No es más rico quien más tiene, sino el que menos necesita”.

¡Ah! Y también había un estanque muy decorativo que encerraba a un mosquito exterminador. Memento Moris.

Siempre hay cuatro lados en una historia:

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