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El recuerdo de los 'hibakusha': así se vivió el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki
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"little boy" y "fat man"

El recuerdo de los 'hibakusha': así se vivió el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki

El 6 y el 9 de agosto de 1945, Estados Unidos atacó nuclearmente a Japón, propiciando el final de la guerra y provocando heridas que, a día de hoy, aún parecen incurables

Foto: Las nubes de hongo en Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha). (George R. Caron)
Las nubes de hongo en Hiroshima (izquierda) y Nagasaki (derecha). (George R. Caron)

Muchos japoneses que visitan el Museo Reina Sofía pasan mucho más tiempo que el resto de visitantes frente a un cuadro concreto. Parecen sentir una conexión especial con el Guernica de Pablo Picasso, debido a un trauma generacional que sigue transmitiéndose como un tumor maligno: este fin de semana se cumplen 77 años desde que una parte del mundo se apagó durante unos instantes. Un 6 de agosto de 1945, el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman atacó nuclearmente a la ciudad de Hiroshima en Japón. Tan solo tres días después, el ataque se repitió en Nagasaki. 'Little Boy' y 'Fat Man' fueron el nombre de las respectivas bombas, y aquello contribuyó a la rendición del país nipón y a poner fin a una guerra que se había extendido durante seis largos años.

Japón había invadido el noreste de China en 1937, con la idea de expandirse por el continente asiático, algo que no les costó mucho trabajo teniendo en cuenta su clara superioridad militar. Irremediablemente, acabaría uniéndose a Alemania e Italia para formar parte del Eje, y su política expansionista encaminó sus pasos hacia el sur de Indochina, controlado hasta entonces por Francia. Algo que, lógicamente, no gustó y propició una disminución del suministro del petróleo en el país y que provocó finalmente uno de los momentos clave en esa sangrienta contienda: el ataque sorpresa en Pearl Harbor en Hawái, en diciembre de 1941. Aquello fue lo que marcó la entrada de Estados Unidos en la guerra y lo que llevaría a la caída de Japón.

En 1938, Otto Hahn y Fritz Strassmann habían descubierto la fisión nuclear y, con el miedo de que el enemigo se adelantase, los estadounidenses comenzaron a desarrollar el Proyecto Manhattan

Con la pérdida de Alemania, a los japoneses se les pusieron las cosas difíciles. En 1938, los químicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann habían descubierto la fisión nuclear y, con el miedo de que el enemigo se adelantase, los estadounidenses comenzaron a desarrollar (con la ayuda de Reino Unido y Canadá) el llamado Proyecto Manhattan, en el que crearon los dos tipos de bomba atómica que marcarían el final de la guerra y conformaría el único ataque nuclear hasta la fecha.

placeholder Fotografía tomada desde uno de los B-29, tras el ataque de Hiroshima.
Fotografía tomada desde uno de los B-29, tras el ataque de Hiroshima.

Eran las 8:15 de la mañana de ese 6 de agosto de 1945 cuando el mundo se paró unos instantes. Un día como cualquier otro, aparentemente, aunque no lo sería. Quizá la población había notado de manera intuitiva la tragedia que se cernía sobre ella o quizá todos vivieron los últimos momentos de su vida de manera rutinaria y cotidiana, desapareciendo sin saber que lo hacían. Un reloj de pulsera, encontrado en las ruinas de la ciudad y testigo mudo de la catástrofe, como esos amantes que quedaron en las ruinas de Pompeya abrazados, marca la hora en la que se registró el bombardeo, congelada en el tiempo para siempre.

La explosión generó una ola de calor de más de 4.000 °C. "Esto es lo más grande de la historia", fueron las palabras de Truman

Un avión estadounidense pilotado por el coronel Paul Tibbets sobrevolaba la zona, algo que no era excepcional en aquellos tiempos. Antes de ser detectado, lanzó a 'Little Boy', con 64 kilos de uranio 235, que impactó contra la ciudad japonesa con una fuerza de mil rayos y acabó en el momento con la vida de más de 70 mil personas. La explosión generó una ola de calor de más de 4.000 ºC. Truman se enteró prácticamente al momento, a pesar de que se encontraba en Postdam. "Esto es lo más grande de la historia", fueron sus palabras. A pesar de ello, Japón no se rindió.

Se precipitaron los hechos: el 8 de agosto, los soviéticos iniciaron la invasión de Japón a través de Manchuria. Por si el castigo apocalíptico de Hiroshima no había sido suficiente, el 9 de agosto se repitió la estrategia y 'Fat Man' impactó con toda su fuerza, en esta ocasión sobre la ciudad de Nagasaki.

Eran las 11 de la mañana y la ciudad ni siquiera estaba entre los objetivos prioritarios debido a que se encontraba cerca de un campo de prisioneros aliados, pero los planes de última hora terminaron dirigiéndolos hacia aquella zona. La bomba hecha de Plutonio 239 causó una explosión aún más fuerte que la de su predecesora (era algo así como su hermana mayor) que quedó un poco limitada por la topografía montañosa del lugar elegido. Se calcula que murieron entre 30 y 50 mil personas. Japón presentó su rendición.

Los supervivientes de la explosión, llamados en japonés hibakusha, comenzaron a experimentar los síntomas de la radiación con el paso del tiempo

Como en aquellos momentos no se conocían los efectos por culpa de la radiación provocada por las bombas, los supervivientes de la explosión, llamados en japonés hibakusha, comenzaron a experimentar sus síntomas con el paso del tiempo. Además de la destrucción y la muerte, trajeron quemaduras, cataratas, tumores malignos, cáncer (no solo en los afectados directos, también en sus descendientes), envenenamiento y contaminación de agua, tierra y aire, con un efecto similar a los problemas que se repetirían más tarde en Chernobyl. El caos, la barbarie y la tragedia llevaron a la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como, en 1948, la creación de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El debate sobre la devastación de las bombas sigue vigente hoy en día y las opiniones sobre uno de los crímenes más sangrientos de la historia reciente están servidas. Por un lado, algunos apuntan que el bombardeo propició el final de la guerra y, por tanto, "salvó vidas", puesto que los japoneses no pensaban rendirse y habían cometido graves crímenes de guerra, atacando masivamente a las islas del Pacífico durante años. Por otro lado, otros como el historiador Howard Zinn señalan que fue un ataque desproporcionado contra la población civil de un país agotado que estaba a punto de rendirse.

placeholder La aclamada 'En este rincón del mundo' (2016) trata el bombardeo de Hiroshima desde el punto de vista japonés.
La aclamada 'En este rincón del mundo' (2016) trata el bombardeo de Hiroshima desde el punto de vista japonés.

Este cruel episodio sigue siendo una herida abierta todavía en la psique de los japoneses, que no han superado todavía y quizá tampoco lo consigan las generaciones posteriores. Ningún otro país se ha atrevido a usar armas como las de los bombardeos indiscriminados en Hiroshima y Nagasaki. Los hibakushas que todavía viven rondan los 80 años y muchos de ellos continúan compartiendo sus historias para luchar contra las armas nucleares y hablar de las consecuencias de las guerras. En la actualidad, Estados Unidos y Japón son aliados, ambos siguen silenciando por su propio interés la masacre injustificada contra miles de vidas.

Muchos japoneses que visitan el Museo Reina Sofía pasan mucho más tiempo que el resto de visitantes frente a un cuadro concreto. Parecen sentir una conexión especial con el Guernica de Pablo Picasso, debido a un trauma generacional que sigue transmitiéndose como un tumor maligno: este fin de semana se cumplen 77 años desde que una parte del mundo se apagó durante unos instantes. Un 6 de agosto de 1945, el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman atacó nuclearmente a la ciudad de Hiroshima en Japón. Tan solo tres días después, el ataque se repitió en Nagasaki. 'Little Boy' y 'Fat Man' fueron el nombre de las respectivas bombas, y aquello contribuyó a la rendición del país nipón y a poner fin a una guerra que se había extendido durante seis largos años.

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