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El aeropuerto fantasma: la increíble historia del vuelo 514 de Alrosa Air
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INCIDENTES AÉREOS

El aeropuerto fantasma: la increíble historia del vuelo 514 de Alrosa Air

Un fallo catastrófico ha dejado a la aeronave sin instrumentos, sin comunicaciones y con sus motores a punto de pararse. La única opción es aterrizar en un aeropuerto que no existe

Foto: RA-85684, el Tu-154 involucrado, visto en junio de 2009. (Wikipedia)
RA-85684, el Tu-154 involucrado, visto en junio de 2009. (Wikipedia)

Nuestra historia de hoy tiene lugar el martes, 7 de septiembre de 2010. Pasan unos minutos de las 3 de la mañana en el Aeropuerto de Polyarny, en Rusia, y el Vuelo 514 de Alrosa Air se prepara para partir rumbo al Aeropuerto Internacional de Moscú Domodédovo.

Se trata, pues, de un vuelo doméstico de 2.431 millas (unos 3.890 km) que se desarrollará en unas cinco horas y media. La aeronave utilizada es un Túpolev Tu-154, un trimotor de fabricación rusa inspirado en el célebre Boeing 727.

Fabricado a principios de los años 70, el Túpolev Tu-154 es un avión de fuselaje estrecho y capacidad para hasta 180 pasajeros. Se trata de uno de los aviones rusos más longevos y aún pueden verse muchas aeronaves de este tipo en servicio en aerolíneas de este país.

placeholder Tupolev Tu-154. (iStock)
Tupolev Tu-154. (iStock)

Al mando de la aeronave se encuentra el capitán Evgeny Novoselov, de 41 años y 8.500 horas de vuelo de experiencia. Le acompaña el primer oficial y copiloto Andrei Lamanov, de 43 años y 10.500 horas de vuelo.

Al contrario que en Occidente que dejó atrás estos roles hace ya bastantes años, las tripulaciones rusas cuentan, además, con la figura del ingeniero de vuelo, que en este viaje será Sergey Talalaev, y el navegante, Rafik Karimov. Completan la tripulación 5 auxiliares de vuelo. Además, viajan 72 pasajeros, por lo que el total de personas a bordo de la aeronave es de 81.

Tras una puesta en marcha y posterior rodaje sin contratiempos, el Vuelo 514 despega sin incidentes a las 3:27 hora local.

Foto: Dos aparatos aparcados en la plataforma del Aeropuerto de Castellón. (Aerocas)

Han pasado 3 horas y media. El aparato se encuentra a su altitud de crucero, 34.800 pies, sobrevolando la región de la ciudad de Usinsky y todo transcurre con normalidad. Es un vuelo rutinario hasta que, de repente, se desconecta el piloto automático.

Los pilotos se miran sorprendidos. No hay motivo aparente para que el 'autopilot' se desconecte, pero no es nada que deba alarmarles. Simplemente, procederán a reconectarlo de nuevo. Sin embargo, el autopilot se niega a responder.

Desconcertados, los pilotos proceden a ejecutar el checklist establecido para estos casos. Es posible que se les haya pasado algo por alto. No son conscientes de que algo espantoso está a punto de ocurrir.

De pronto, los sistemas eléctricos empiezan a apagarse uno a uno. Las alarmas empiezan a sonar. El sistema de navegación también se desconecta. Preocupado, el Capitán Novoselov trata de contactar con Control de Tráfico Aéreo, pero las comunicaciones tampoco funcionan. ATC ha recibido una llamada del Vuelo 514 que les indica que tienen problemas, pero ni ha dado tiempo a comunicar la gravedad de los mismos, ni podrán realizar más comunicaciones a partir de ahora.

Están solos y no hay ciudades a la vista.

Aún tratando de asimilar lo que está pasando, Novoselov recibe otra mala noticia de su ingeniero de vuelo: las bombas eléctricas también han dejado de funcionar. Sin ellas, en breve se detendrá el flujo de combustible a los motores que acabarán parándose. Calculan que, como mucho, tendrán para unos 30 minutos.

"Cuando sobrepasan la capa de nubes se encuentran con un panorama desolador. Nada de pueblos, ni ciudades a la vista"

En el Tu-154, los depósitos principales de combustible están en las alas y hay otro depósito secundario desde el que el combustible va directamente a los motores. Si las bombas eléctricas que bombean el combustible al depósito dejan de funcionar, los motores se apagan.

Sin instrumentos y con los motores a punto de detenerse, la tripulación del Tu-154 solo tiene una opción: descender por debajo de las nubes y buscar visualmente algún lugar donde aterrizar de emergencia, por lo que Novoselov inicia la maniobra de descenso.

Cuando sobrepasan la capa de nubes se encuentran con un panorama desolador. Nada de pueblos, ni ciudades a la vista. Solo un inmenso bosque atravesado por un largo río. Ningún claro donde aterrizar y ningún aeropuerto lo suficientemente cerca.

Foto: Los motores de un cohete SpaceX Falcon Heavy en un lanzamiento en Cabo Cañaveral (SpaceX).

Novoselov no tiene opción: tendrá que acuatizar de emergencia en el río con todo lo que esto supone. La tripulación del Vuelo 514 empieza a prepararse mentalmente para esta eventualidad cuando, de repente, se encuentra con un faro de esperanza. A lo lejos divisan... no, no puede ser... es... es... ¡Una pista!

¿Cómo es posible? Una pista en medio del bosque. Las cartas aeronáuticas no la señalan. ¿Cómo puede haber una pista de aterrizaje en medio de la nada? Sin embargo, ese aeropuerto imposible es su única opción, por lo que Novoselov procede con la aproximación.

Hay, además, otro problema. ¿Habrá otros aviones en las inmediaciones? Sin comunicaciones se exponen a una colisión con otra aeronave... Pero no hay opción. Los pilotos ya están alineando con el avión con esa extraña pista y han iniciado el descenso.

Aunque se trata de una pista muy corta. Va a ser difícil aterrizar ahí. Un Tu-154 necesita de una pista de al menos 7.200 pies (unos 2.200 metros) para detenerse de forma segura. Esta, como se sabría después, mide solo 4.347 (unos 1.325 m)

Los pilotos proceden a desplegar los flaps, pero... ¡Los flaps no se despliegan! ¡Tampoco hay flaps!

Un Tu-154 puede aterrizar sin flaps, pero esto implica hacerlo a una velocidad notablemente superior, de lo contrario, sin estos elementos hipersustentadores, el avión podría entrar en pérdida y caer del cielo como una piedra. ¿Cómo van a aterrizar a tanta velocidad en una pista tan corta? Novoselov tiene una idea. No es una solución, pero al menos ayudará. Ordena a las auxiliares de vuelo que muevan varios pasajeros a la parte delantera del avión. Ese peso a mayores ayudará durante el frenado al incrementar la presión del aparato.

Foto: El avión de Pterodynamics en plena transformación. (Pterodynamics)

Por fin, proceden a la maniobra de aterrizaje. ¡Vamos allá! La aeronave ya está alineada y empieza a descender: 300 pies... 200... mínimos... pero... Novoselov se da cuenta de que la tasa de descenso es insuficiente. Si prosiguen con el aterrizaje, no lo harán en el umbral de la pista, sino mucho más adelante y, en una pista tan corta, no tendrán terreno suficiente para detener la aeronave, por lo que frustran la aproximación y realizan un go-around.

Un go-around es una maniobra destinada a abortar un aterrizaje cuando los pilotos creen que no se va a poder realizar con seguridad. Consiste en poner la palanca de gases en potencia máxima (TOGA), replegar el tren y elevarse de nuevo y dar la vuelta en una nueva aproximación.

Unos minutos después, tras finalizar el giro, el Vuelo 514 trata de alinearse de nuevo con la pista y procede a una nueva aproximación, pero la tripulación está muy preocupada. Saben que los motores se apagarán en cualquier momento.

"Se trata de una maniobra complicadísima. Una pista desconocida en medio de ninguna parte"

Ahora sí... 300... 200... mínimos... pero al llegar a mínimos, el Tu-154 vuelve a elevarse. El capitán Novoselov realiza un segundo go-around. Tampoco ha sido posible aterrizar con seguridad al segundo intento.

Se trata de una maniobra complicadísima. Una pista desconocida, rodeada de árboles, en medio de ninguna parte y que no aparece en las cartas de navegación, en medio de una situación de emergencia y tan corta que si no aterrizan en su umbral se saldrán de la misma.

Una salida de pista podría provocar que el avión se incendiase y, en consecuencia, un número considerable de víctimas. No se puede aterrizar en esas condiciones. Aún a riesgo de que los motores se paren, es más seguro intentarlo por tercera vez.

¡Vamos allá! Tercer intento y... seguramente el último. Si fallan en este será muy difícil que el Tu-154 pueda realizar una nueva aproximación antes de que los motores se paren.

Foto: Restos del avión en llamas en Miami. (EFE/EPA/Cristobal Herrera-Ulashkevhich)

El viejo Túpolev inicia la aproximación final: 300... 200... mínimos... 100... 50... 30... El vuelo 514 aterriza finalmente a una velocidad muy superior a la recomendada, pero a pocos metros del umbral de la pista y de una pieza. Los pilotos activan spoilers y máxima reversa. La aeronave empieza a detenerse, pero van a una velocidad endiablada. ¡El Tu 154 se sale de pista y empieza a llevarse por delante varios árboles! El ruido de los impactos es atronador.

Afortunadamente, la aeronave logra detenerse a solo 160 metros del final de la pista. Si los tanques de combustible se hubieran incendiado, podía haber ocurrido una catástrofe, pero la integridad del viejo Túpolev ha resistido. Todos a bordo resultan ilesos.

Seis meses después, el 23 de marzo de 2011, el viejo Túpolev, ya reparado, volvió a despegar del aeropuerto de Izhma rumbo a Ukhta y, posteriormente, a Samara, donde se completaron las reparaciones finales antes de que el avión volviera a ponerse en servicio.

¿Qué ocurrió?

La investigación reveló que el fallo total de los sistemas en vuelo se debió a una "fuga térmica" que provocó un sobrecalentamiento de las baterías que dan corriente a los sistemas de la aeronave.

Tanto el capitán Novoselov como el copiloto Lamanov fueron condecorados como "Héroes de la Federación Rusa". Por su parte, el resto de la tripulación recibió la "Orden al Valor de Rusia".

En cuanto al "aeropuerto fantasma", ¿por qué estaba ahí? ¿Qué hacía un aeropuerto que no figuraba en ninguna carta de navegación en medio de un bosque? Pues la historia es casi tan interesante como la del Vuelo 514.

placeholder El presidente ruso Dmitry Medvedev (en el centro) recibiendo a la tripulación del vuelo 512 en 2010 (Fuente: Wikimedia / Kremlin)
El presidente ruso Dmitry Medvedev (en el centro) recibiendo a la tripulación del vuelo 512 en 2010 (Fuente: Wikimedia / Kremlin)

El "milagro" se le debemos a un hombre llamado Sergei Sotnikov que fue, hasta octubre de 2019 que se jubiló, el director de una pista de aterrizaje de helicópteros en Izhma, una pequeña ciudad del norte de la República Komi de Rusia.

Durante 12 años, después de que el aeropuerto donde se encontraba el helipuerto cerrara, Sotnikov mantuvo su única pista de aterrizaje en perfectas condiciones. Ningún avión aterrizaría jamás allí y nadie le pagaba por ello. De hecho, no tenía ninguna obligación de hacerlo, pues nadie se lo había pedido, pero la tozudez y amor a su aeropuerto llevó a Sotnikov a mantener intacta y libre de escombros la única pista del aeródromo. Ello salvó la vida de los pasajeros y la tripulación del Vuelo 514.

Sin este milagroso aeródromo surgido de la nada, el destino de los 71 pasajeros y 9 tripulantes del Tu-154 de Alrosa Air hubiese sido muy distinto.

*Pedro Carvalho es divulgador aeronáutico, jurista y piloto privado. Es autor del libro 'Algo espantoso está a punto de ocurrir' (LGE libros), una obra donde se analizan 25 grandes accidentes e incidentes aéreos a lo largo de la historia. Cada miércoles analiza uno diferente en su cuenta de Twitter @PatoAviador.

Nuestra historia de hoy tiene lugar el martes, 7 de septiembre de 2010. Pasan unos minutos de las 3 de la mañana en el Aeropuerto de Polyarny, en Rusia, y el Vuelo 514 de Alrosa Air se prepara para partir rumbo al Aeropuerto Internacional de Moscú Domodédovo.

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