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El refrescante placer veraniego de ducharse con agua fría: curiosidades históricas y beneficios
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CONTRA EL CALOR

El refrescante placer veraniego de ducharse con agua fría: curiosidades históricas y beneficios

Repasamos algunos hechos científicos e históricos que rodean al hecho de refrescarse y los efectos que tiene en el organismo. ¿Podemos hacernos insensibles al frío?

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Foto: iStock.

Seguro que en estos momentos, mientras lees este artículo, hace un calor de espanto (si estás en España). Solo piensas en una cosa: darte un chapuzón en alguna piscina o, en caso de no tener acceso a estos espacios, meterte bajo agua helada en la ducha. Paradójicamente, esto será contraproducente: si te bañas con agua a una temperatura baja, sentirás un alivio corto y necesario, pero cuando salgas, es posible que tengas el mismo calor; por el contrario, si optas por subir el agua unos grados aunque lo veas contraproducente, ya que estás acalorado, cuando salgas de la ducha sentirás más frescor. La explicación está en que nuestro cuerpo se activa cuando siente calor, de ahí que haya un mayor gasto energético con su correspondiente sensación de calor, mientras que si es de agua caliente, la temperatura estará más acorde con la del exterior. Entonces, tu cuerpo no necesitará calentarse, y entonces, el contraste será mucho mayor, produciendo una sensación de frescor.

Más allá de esta curiosa apreciación, el agua fría en muchos casos puede resultar más beneficiosa que la caliente, ya que es mejor para la circulación sanguínea y para reducir la inflamación. Que esté a una temperatura alta no es del todo malo tampoco, pues es una opción muy relajante, alivia los dolores musculares, abre los poros y, por su puesto, la limpieza es mayor al acabar con una mayor parte de la grasa natural que desprende nuestro organismo. Sin embargo, ahora que llega el verano merece la pena repasar con más detenimiento los beneficios que tiene para la salud física y mental el hecho de bañarse regularmente en agua fría, aunque científicamente no ayude a aliviar la sensación de calor al completo.

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Es muy sonada la rutina matutina de Jack Dorsey, cofundador de Twitter, quien presume de levantarse a las cinco de la mañana para darse un baño de agua con hielo. A cualquiera esto podría antojarse como un hábito doloroso e incómodo, pues al final el hielo produce quemazón en el cuerpo si el tiempo de exposición con la piel es prolongado, pero según él esto le permite conseguir todo lo que se proponga en la vida. A algunos lo que más les vale para despertarse con energía es experimentar dolor nada más levantarse... ¿Quién sabe?

"Muchos investigadores creen que nuestra buena adaptabilidad a climas fríos proviene del material genético transmitido por los neandertales"

Otro testimonio que valora los efectos físicos y psicológicos de los baños en agua fría es el de la escritora canadiense Kathleen MacDonnell, quien ha publicado un texto en 'The Walrus' en el que confiesa que este simple acto le ayudó a librarse de muchos cambios de humor típicos de la etapa de la menopausia y su depresión. "El agua fría me devolvió el interés por la vida y la alegría", asegura. Para ella, darse baños a baja temperatura va en nuestro ADN de mamíferos y en los primeros manuales de medicina, como el de James Currie, quien en 1797 recomendaba estos baños para luchar contra las fiebres.

"Debido a que los humanos son criaturas terrestres, no acuáticas, la mayor marte de la ciencia que hemos desarrollado va sobre nuestra adaptación al frío", asevera la escritora. "Es un misterio que los humanos tengamos buena capacidad para adaptarnos al frío, ya que el consenso científico sostiene que el 'homo sapiens' salió del África tropical hace miles de años. Muchos investigadores se inclinan por la teoría de que nuestra buena adaptabilidad a climas fríos proviene del material genético transmitido por nuestros pasados neandertales".

El hombre que murió de frío sin sentirlo

¿Puede entrenarse la habilidad para resistir al frío? ¿Si te acostumbras a bañarte en agua helada, como Dorsey, es posible que con el paso del tiempo dejes de sentir la incomodidad que produce? Un estudio realizado por Michael Tipton, profesor de fisiología humana en la Universidad de Portsmouth en Reino Unido, indagó a fondo sobre los efectos de la exposición continuada al frío de algunos nadadores, descubriendo que, efectivamente, existe una especie de "adaptación hipotérmica" en individuos que se sumergen en agua helada durante largos períodos de tiempo hasta ya no sentir la incomodidad relativa a una bajada brusca de la temperatura corporal. Es decir, ciertos nadadores, en particular aquellos que se suelen enfrentar a aguas frías, pueden llegar a perder la capacidad de sentir cómo de fríos están sus cuerpos, lo cual comporta graves riesgos para su salud, como es evidente.

placeholder Jason Zirganos, el nadador que perdió su vida por hipotermia sin sentir frío. (Open Water Pedia)
Jason Zirganos, el nadador que perdió su vida por hipotermia sin sentir frío. (Open Water Pedia)

Uno de estos nadadores intrépidos a los que Tipton siguió la pista fue Jason Zirganos, quien llegó a cruzar cuatro veces el Canal de la Mancha a principios de la década de 1950. En sus retos, según cuentan las crónicas recogidas por MacDonnell, debían sacarlo del agua inconsciente para preservar su vida: estaba tan acostumbrado al frío, que ya apenas lo sentía. De hecho, fue por este motivo por el que murió: en 1959, se propuso nadar 35 kilómetros desde Irlanda del Norte hasta Escocia en aguas heladas. En ningún momento reconoció a su equipo que tenía frío, pero estaban tan preocupados por él que no dudaron en sacarlos. El nadador, finalmente, falleció a causa de la hipotermia tras muchos esfuerzos por revivirlo.

A pesar de la crudeza de este ejemplo, que a más de uno le hará replantearse el hecho de bañarse en agua fría, podemos deducir que sí, los seres humanos somos tan complejos y nuestra capacidad de adaptación al entorno es tan grande que podemos llegar a morir de un malestar que no se siente y al que nos hemos acostumbrado. Esto, como todo, puede jugar a nuestro favor o en nuestra contra; bien podría animar a intentarlo a más de un rezagado que nunca disfruta de un fresco chapuzón o a algún que otro intrépido inconsciente como Zirganos que decida tirar toda su vida por la borda por su cabezonería.

¿Un potente desestresante?

Como decíamos, no hace falta llegar a extremos. Pero el discurso de McDonnell sobre las bondades del agua fría a la hora de tratar enfermedades como la depresión encaja a la perfección con los hallazgos científicos a este respecto. Primero, porque efectivamente sirve como una potente medida contra el aletargamiento físico y mental, sintiéndonos más activos y despejados después de sumergirnos en ella.

Esto se debe a que las neuronas del sistema nervioso reciben información constante sobre los receptores térmicos encontrados en nuestra piel, lo que nos imprime la sensación de alerta y activación corporal. El choque térmico que se produce entre la temperatura de nuestro organismo y la del agua fría hace que la producción de la hormona noradrenalina se estimule en el cerebro. Y se ha demostrado que los síntomas depresivos aumentan el número de proteínas cerebrales sobre las que interviene esta hormona, por lo que esta no deja de ser un potente regulador del estado de ánimo.

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En un estudio publicado en 2015, científicos del Instituto de Biomedicina y Biotecnología (Ibbitec) de Cantabira y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), demostraron que un mayor conocimiento sobre la acción de la noradrenalina en el cerebro representaba una nueva vía de cara a diseñar fármacos más efectivos contra la depresión. Si el agua fría estimula la producción de la misma, no haría falta tomar pastilla alguna, simplemente dejar que el hábito haga mella en la vida del individuo. Del mismo modo, también favorece la atención, lo que resulta de gran ayuda frente a uno de los efectos negativos más notables de padecer demasiado calor: la nula capacidad de concentrarse en tareas que exijan aplicar razonamientos complejos.

Por último, otros efectos beneficiosos de bañarse en agua fría es que aumenta de manera exponencial la cantidad de oxígeno en nuestro organismo, algo particularmente provechoso que surge como efecto del aumento del ritmo circulatorio. Del mismo modo, al activar tanto nuestro sistema nervioso, también mejora la actividad del sistema inmunológico, por lo que estaremos más protegidos contra agentes infecciosos externos al liberar una mayor cantidad de glóbulos blancos. Un baño de agua fría además está recomendado, como decíamos, para combatir el dolor de músculos y articulaciones, ya que contribuye a eliminar la inflamación en las zonas que se han desgastado por el esfuerzo físico. En definitiva, una buena ducha de agua fría no te hará sentir menos calor una vez termine, pero sí que contribuirá a mejorar tu salud en general, aunque no por ello pienses que te convertirá de la noche a la mañana en una persona exitosa, como piensa Dorsey.

Seguro que en estos momentos, mientras lees este artículo, hace un calor de espanto (si estás en España). Solo piensas en una cosa: darte un chapuzón en alguna piscina o, en caso de no tener acceso a estos espacios, meterte bajo agua helada en la ducha. Paradójicamente, esto será contraproducente: si te bañas con agua a una temperatura baja, sentirás un alivio corto y necesario, pero cuando salgas, es posible que tengas el mismo calor; por el contrario, si optas por subir el agua unos grados aunque lo veas contraproducente, ya que estás acalorado, cuando salgas de la ducha sentirás más frescor. La explicación está en que nuestro cuerpo se activa cuando siente calor, de ahí que haya un mayor gasto energético con su correspondiente sensación de calor, mientras que si es de agua caliente, la temperatura estará más acorde con la del exterior. Entonces, tu cuerpo no necesitará calentarse, y entonces, el contraste será mucho mayor, produciendo una sensación de frescor.

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