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La paradoja de sentirnos más solos que nunca cuando han terminado las restricciones
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después de la pandemia

La paradoja de sentirnos más solos que nunca cuando han terminado las restricciones

Muchas personas sentían soledad antes de la pandemia, pero cuando esta llegó exacerbó el sentimiento y aún hay mucho que arreglar al respecto

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Hace dos años lo único que ansiábamos era reunirnos con nuestros familiares y amigos y poder ver sus caras, lo que implicaría que la pandemia había terminado. Ahora eso ha pasado, se han levantado las restricciones sociales, las familias, amigos y vecinos se reúnen y parece que hay más fiestas que nunca. Y, sin embargo, puede que rodeado de gente te sientas más solo que nunca. No eres el único.

Muchas personas siguen sufriendo física y emocionalmente, quizá por síntomas persistentes derivados del covid, y otros quizá por soledad. Llevamos dos años oyendo hablar de salud mental, pero lo cierto es que no todo el mundo ha salido de la pandemia preparado para reincorporarse al escenario social. Como la pandemia tiene un impacto menor en la vida diaria (pero sigue ahí), es importante llegar a las personas que aún experimentan soledad y ansiedad porque las investigaciones revelan que tanto su salud física como mental puede depender de ello.

La soledad y el aislamiento social son conceptos distintos, pues las personas pueden tener poco contacto pero no sentirse solos

Por supuesto, la pandemia exacerbó el sentimiento, pero muchas personas ya se sentían solas de antes. Un estudio llevado a cabo por Mareike Ernst reconoce la soledad y el aislamiento social como las preocupaciones de salud pública cada vez más comunes antes de la pandemia de COVID-19 debido a su grave impacto en el bienestar, la salud mental y física y la longevidad. Con la llegada de dicha pandemia y sus medidas de contención, estos sentimientos fueron aún más relevantes.

Foto: Pedro Sánchez, durante su visita a las instalaciones de la sede central de Hipra. (Hipra)

Específicamente, señalan que las restricciones sociales de la pandemia de COVID-19 diseñadas para mitigar la transmisión, como el distanciamiento físico, se han identificado como factores de riesgo potenciales para la soledad, lo que a su vez puede aumentar el riesgo de condiciones adversas de salud física y mental. Curiosamente el estudio aclara que la soledad y el aislamiento social son conceptos distintos, pues las personas pueden tener poco contacto pero no sentirse solos. La soledad depende de multitud de factores (características del individuo y de su entorno, expectativas racionales, necesidad de contacto, normas culturales, salud física y mental...), estas variables explican por qué la pandemia no ha afectado a todos por igual.

Y algo incluso más sorprendente: aparentemente la soledad puede incluso afectar la efectividad de la vacuna. Un estudio de Gallagher Stephen investigó sobre la respuesta a una sola dosis de la vacuna y descubrió que las personas que informaron sentirse más solas estaban vinculadas con una menor respuesta de anticuerpos. Llegaron así a la conclusión de que los sentimientos de "estar juntos" afectan la fuerza de la respuesta de anticuerpos a la vacunación, lo que enfatiza el significado y la importancia de la cohesión social pandémica, informa 'Psychology Today'.

Las personas que informaron sentirse más solas estaban vinculadas con una menor respuesta de anticuerpos a la vacuna

Y un último estudio exploró el impacto de la soledad en el miedo y el efecto de la desconexión social creada por el COVID en la ansiedad. Investigaciones anteriores sugieren que la desconexión puede afectar profundamente a la salud tanto mental como físicamente, afectando particularmente a los trastornos del miedo. Los sentimientos de desconexión y los altos niveles de amenaza diario percibida durante la pandemia se combinaron para crear condiciones que eran particularmente propensas a provocar miedos disfuncionales y persistentes. Su propia investigación mostró que la soledad daña el proceso a través del cual se disipan los miedos, que es fundamental tanto para la regulación del miedo como para el tratamiento de tales trastornos.

Reconociendo el vínculo entre la soledad y la vulnerabilidad a la salud física y mental, se nos alienta a todos a revisar nuestra lista de contactos y comunicarnos con aquellos con quienes perdimos contacto durante la pandemia. El apoyo social es significativo tanto física como mentalmente. Es fácil de dar y curativo de recibir. Coge el teléfono hoy y llama a alguien.

Hace dos años lo único que ansiábamos era reunirnos con nuestros familiares y amigos y poder ver sus caras, lo que implicaría que la pandemia había terminado. Ahora eso ha pasado, se han levantado las restricciones sociales, las familias, amigos y vecinos se reúnen y parece que hay más fiestas que nunca. Y, sin embargo, puede que rodeado de gente te sientas más solo que nunca. No eres el único.

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