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Ni el cielo es azul ni la hierba verde: los colores dependen del idioma en que se nombren
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Ni el cielo es azul ni la hierba verde: los colores dependen del idioma en que se nombren

El pueblo berinmo de la nación insular de Papúa Nueva Guinea, en el suroeste del Pacífico, tiene una única palabra para los colores azul, verde y oscuro. No es el único

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Las cuestiones más obviadas son, a menudo, las más complejas y basta que ocupen un segundo en nuestro pensamiento para percatarnos de que nos sitúan de lleno en la inmensidad del mundo. Aunque el organismo humano puede diferir en cada cuerpo, y este a su vez se presenta único en cada uno de nosotros, todas las personas comparten una misma estructura: el mismo tipo de cerebro con sentidos que funcionan de la misma manera, el mismo tipo de órganos, en general. Sin embargo, esto no quiere decir que el resultado del trabajo de estos sea universal. Los conceptos, significados, la percepción de la vida misma tienen un sinfín de especificidades. ¿Que el cielo es azul? Lo será para ti.

Los colores son una prueba evidente de esa inmensidad que pasa de largo. Si hablas español, inglés, italiano o francés, por ejemplo, el cielo es azul, sí, pero qué sucede en otros idiomas. Pues sucede que las cosas se nombran y categorizan de manera diferente: El pueblo berinmo de la nación insular de Papúa Nueva Guinea, en el suroeste del Pacífico, tiene una única palabra para los colores azul, verde y oscuro. Así, parece que entre sus habitantes el cielo resulta del mismo color que, por ejemplo, la hierba, pero por supuesto que no.

Foto: Fuente: iStock.

El ojo humano contiene células detectoras de luz llamadas bastones y conos. Tres tipos diferentes de conos capturan un vasto arco iris de alrededor de 1 millón de tonos diferentes. En algunos casos, una persona puede tener menos tipos de conos de lo habitual. Eso causa daltonismo. También hay informes de una condición aún menos común que agrega un cuarto tipo de cono. Estas personas pueden ver muchos más colores que el resto de nosotros. Pero no se trata de nada de esto, sino del lenguaje.

La historia de los colores no es una historia única

En palabras, la historia de los colores no es una historia única. El griego antiguo tenía muy pocas categorías de colores, por ejemplo, mientras que hoy, el griego moderno, tiene muchas. La mayoría de las lenguas aborígenes australianas también han agregado nuevas categorías básicas de colores con el tiempo. No obstante, en otras lenguas ha sucedido lo contrario, han ido perdiendo categorías de color.

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(iStock)

Esto no es nada nuevo para las personas que se dedican a la investigación en el campo de la lingüística, la semiótica y otras áreas que estudian la capacidad humana de procesar con el habla la percepción. En 2017, el neurocientífico Bevil Conway y el científico especializado en cognición Edward Gibson midieron cuán fácil resultaba para las personas comunicar colores. La comunicación fácil del color, sugerían, significa que cuando alguien te dice el nombre de un color, es probable que ambos imaginéis un tono muy similar.

Sin embargo, si alguien te dice que algo es de un determinado color en un idioma distinto al que hablas, existen altas posibilidades de que discrepes. ¿Por qué? ¿Qué sucede en el cerebro cuando encuentra categorías familiares o desconocidas? La psicología social tiene las respuestas.

Los plátanos no son amarillos

Para empezar, asegura Gibson, todos los idiomas tienen la misma estructura básica: "los colores cálidos son más fáciles de comunicar y los colores fríos son más difíciles". Esto es lo que encontraron durante el estudio llevado a cabo junto a Conway. Analizaron en clave matemática los resultados de una encuesta mundial de colores que se había realizado previamente con hablantes de 110 idiomas distintos que debían utilizar una tabla para registrar los nombres de los colores tal y como los conocían. Lo que encontraron es que, en todos los idiomas, los colores cálidos tienden a generar menos conjeturas que los colores fríos.

placeholder (Mikael Vejdemo-Johansson, Susanne Vejdemo, Carl-Henrik Ek/Wikimedia)
(Mikael Vejdemo-Johansson, Susanne Vejdemo, Carl-Henrik Ek/Wikimedia)

"No importaba si un idioma tenía dos categorías de colores o 10. Los nombres de colores cálidos, como el rosa, el rojo, el naranja y el amarillo, tendían a cubrir menos tonos en el espectro de colores", señalaron tras su estudio. Es decir, tendemos a estar más de acuerdo sobre qué tonos deberían recibir los nombres de los colores cálidos. ¿Tiene esto alguna lógica científica? Por supuesto.

La gente nombra colores, aseguran estos expertos, para categorizar las cosas que les son significativas, y en general solemos preocuparnos más por las cosas que podemos tocar y con las que podemos interactuar. Es por eso que los colores más cálidos obtienen una mayor cantidad de categorías. "Los plátanos no son amarillos", señala Gibson, pero no lo son siempre. Comienzan de color verde, y poco a poco se vuelve amarilla. En su interior, la fruta es blanca. Cuando se estropean, se vuelven marrones y negros. El amarillo no es otra cosa que "el color de los plátanos que nos importa".

De Bolivia a Papúa Nueva Guinea

Si te paras un momento a analizar tu alrededor, lo más seguro es que las pequeñas cosas que te rodean existan, en su mayoría, en tonos cálidos. Hay muy pocos animales, frutas o flores azules, por ejemplo. Si bien el azul natural también nos envuelve, es más inaccesible. El cielo no se puede tocar, el mar se nos presenta inmenso.

Asimismo, la diversidad de colores de los objetos naturales no es tan amplia como podría parecer a priori, por lo que nombrar los colores de estas cosas al detalle, a veces, no parece necesario. Para comprobarlo, Gibson viajó hasta la selva amazónica de Bolivia para reunirse con el pueblo T'simane. Allí, señala, "todos conocen el negro, el blanco y el rojo". Claro que tienen algunas palabras para otros colores, pero tienden a no estar de acuerdo en lo que significan. "Simplemente, no hablan de los otros colores. No se preguntan de qué color es el cielo".

placeholder Casa de agricultores tradicionales en las montañas de Papúa Nueva Guinea. (iStock)
Casa de agricultores tradicionales en las montañas de Papúa Nueva Guinea. (iStock)

Mientras tanto, los Berinmo tienen dos palabras separadas, "nol" y "wor", para hablar del amarillo. Los idiomas que no tienen una palabra separada para el azul a menudo agrupan el verde y el azul en una categoría, que los lingüistas llaman "grue". La palabra "kirguisa kok" es un ejemplo. En una canción tradicional kirguí, esta palabra aparece con el significado de azul, pero en otros textos también se refiere a la hierba.

"Creemos que el mundo es de una manera", señalan los investigadores, pero esto es así "porque así es como tendemos a hablar al respecto, como nos han enseñado a hacerlo". Al mismo tiempo, otras personas en otras culturas pueden estar hablando de las mismas cosas que nosotros, pero de manera totalmente diferente. Ocurre lo mismo con otras nociones de orientación: puede que tú estés acostumbrado a utilizar izquierda y derecha, pero otras personas lo han aprendido mediante norte, sur, este y oeste.

Las cuestiones más obviadas son, a menudo, las más complejas y basta que ocupen un segundo en nuestro pensamiento para percatarnos de que nos sitúan de lleno en la inmensidad del mundo. Aunque el organismo humano puede diferir en cada cuerpo, y este a su vez se presenta único en cada uno de nosotros, todas las personas comparten una misma estructura: el mismo tipo de cerebro con sentidos que funcionan de la misma manera, el mismo tipo de órganos, en general. Sin embargo, esto no quiere decir que el resultado del trabajo de estos sea universal. Los conceptos, significados, la percepción de la vida misma tienen un sinfín de especificidades. ¿Que el cielo es azul? Lo será para ti.

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