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La tragedia de Mayerling: la muerte que cambió el mundo
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el declive de un imperio

La tragedia de Mayerling: la muerte que cambió el mundo

El 30 de enero de 1889, el archiduque Rodolfo de Habsburgo y su amante aparecieron muertos en un pabellón de caza. Todavía hoy se discute sobre aquel suceso

Foto: Rodolfo retratado hacia 1873.
Rodolfo retratado hacia 1873.

"En mi imperio, la desgracia no conoce el ocaso". Cuentan que esa fue la frase que salió de los labios de Francisco José I, emperador de Austria y rey de Hungría y Bohemia, cuando conoció el fallecimiento de su mujer Sissi. Años antes, ya había tenido que enfrentarse a la muerte de su primogénito y heredero de su imperio, el archiduque Rodolfo, en circunstancias poco claras que todavía no se han resuelto y conformaron uno de los mayores misterios del siglo XX.

Pero mucho antes de que el archiduque Rodolfo decidiera quitarse la vida, según las fuentes oficiales, en aquella tragedia de Mayerling tan famosa, incluso mucho antes de que naciera, un verano de 1853, su padre se enamoró perdidamente. Por aquel entonces, el joven Francisco José, de tan solo 23 años, se reencontró con su prima Isabel de Baviera (apodada Sissi), de 16, y cayó rendido a sus pies. Aquel encuentro ni siquiera estaba dispuesto para que ambos parientes se casasen, sino que, en principio, Francisco José habría de desposarse con Nené, la hermana de Sissi. Pero por primera y prácticamente última vez en su vida, desoyó los consejos de su madre y dejó que el corazón eligiese.

Francisco José debía desposarse con Nené, la hermana de Sissi. Pero por primera y prácticamente última vez en su vida, desoyó los consejos de su madre y dejó que el corazón eligiese

El emperador había subido al poder en un momento difícil, y su largo reinado de 68 años estuvo marcado por multitud de acontecimientos históricos de gran envergadura: la revolución austríaca de 1948, que le llevó a establecer políticas de carácter marcadamente absolutista, y la Primera Guerra Mundial. Falleció antes de que terminase la contienda, por lo que jamás presenció cómo su imperio en el que parecía no ponerse el sol se desmoronaba para siempre. Murió completamente sereno y tranquilo, el 21 de noviembre de 1916, tras haber comulgado y despachado los asuntos de Estado aquella mañana.

Los padres de la víctima

El matrimonio entre Sissi y Francisco José, pese al enamoramiento del segundo, no fue fácil. Sissi no se adaptó bien a la corte en Viena, sumamente estricta, sobre todo en comparación con su infancia más distendida en Baviera. El día de la boda sufrió un ataque de ansiedad, y no pudieron consumar el matrimonio hasta tres días después. Su carácter, reflejado en películas y libros, tampoco era sencillo y tenía multitud de manías: todos los días caminaba ocho horas diarias, mandó colocar anillas y escaleras en sus propios aposentos para poder ejercitarse (era bulímica y estuvo obsesionada con su peso toda su vida), sufría de periodos de depresión y tardaba tres horas en lavar y arreglar su largo pelo con una mezcla de huevo y coñac. A partir de los 35 años, no permitía que la fotografiasen.

placeholder Retrato de 1865 de la emperatriz Isabel de Baviera, Sissi, pintado por Franz Xaver Winterhalter.
Retrato de 1865 de la emperatriz Isabel de Baviera, Sissi, pintado por Franz Xaver Winterhalter.

Esos periodos depresivos se vieron acrecentados por el fallecimiento de su primera hija, la archiduquesa Sofía (1855), que perecería con tan solo dos años de edad debido al tifus. Entonces, fue su suegra la que comenzó a dedicarse a la crianza del resto de sus hijos al no considerar a Sissi capacitada. Además de Sofía, la pareja tuvo otros hijos: Gisela (1856), a la que el pueblo recordaría con cariño por su solidaridad durante la Primera Guerra Mundial, más tarde el príncipe Rodolfo (1858), protagonista de esta historia, y, por último y con bastantes años de diferencia, María Valeria (1868), la única a la que Sissi cuidó y a la que consideraba 'su hija húngara'.

Fue la propia Sissi la que alentó las relaciones de su marido con la actriz Katharina Schratt, a la que comenzaron a llamar la "Emperatriz de Austria sin corona"

La relación entre Sissi y Francisco José, aunque basada en la ternura y el amor en un principio, comenzó a enfriarse, y la emperatriz aprovechaba para viajar y no pasar tiempo en la corte, aquejada de enfermedades tanto reales como psicosomáticas. De hecho, fue la propia Sissi la que alentó las relaciones de su marido con la actriz Katharina Schratt, a la que comenzaron a llamar la "Emperatriz de Austria sin corona".

Inteligente, liberal, díscolo

Rodolfo, el único hijo varón de la pareja, fue criado desde un primer momento para convertirse en el digno sucesor de su padre. Era inteligente y curioso, y también marcadamente ateo y anticlerical, pero en lugar de la estricta educación que su padre pretendió darle, se vio más influido por el temperamento artístico y libre de su madre. Simpatizaba con los movimientos nacionalistas húngaros, igual que Sissi, y en los círculos conservadores del gobierno se sentía completamente aislado. Aunque respetaba al emperador, veneraba a su madre, ausente debido a sus viajes y a sus demonios internos.

placeholder  La muerte del archiduque Rodolfo. (Wikimedia commons)
La muerte del archiduque Rodolfo. (Wikimedia commons)

Tras la victoria de Prusia sobre Austria en la batalla de Sadowa (julio de 1866), e influido por su madre, comenzó a sentir una fuerte atracción por Hungría y estaba convencido de la necesidad de extender el imperio hacia el este (lo que, tarde o temprano, tendría que provocar una guerra con Rusia). Su vida en teoría parecía normal, nada más y nada menos lo que se esperaba de él conforme fue creciendo. Terminó sus estudios en 1877, fue nombrado coronel y después comandante del 36 Regimiento de Infantería, visitó Inglaterra y Alemania. En 1880 contrajo matrimonio en Bruselas con la princesa Estefanía (hija del rey Leopoldo II de Bélgica), y la luna de miel transcurrió en el Palacio de Laxenburg.

Las relaciones con su mujer se rompieron definitivamente cuando ella contrajo una enfermedad venérea por su culpa, que la dejó estéril y sin posibilidad de concebir un heredero al trono

Sin embargo, en la práctica, las cosas eran bien diferentes. En la corte no veían con buenos ojos sus relaciones con medios burgueses y liberales y sus ideas anticlericales, aunque su padre las desconocía. El mismo año de 1880, conoció al periodista y editor de prensa austríaco Moritz Szeps, y de forma anónima criticó en su periódico la política de su padre, lo que se consideró un verdadero escándalo. Aunque en 1883 nació su única hija, Isabel María de Austria, su matrimonio era una farsa. Rodolfo era extremadamente mujeriego y jamás quiso renunciar a sus aventuras amorosas, y las relaciones con Estefanía se rompieron definitivamente cuando ella contrajo una enfermedad venérea por culpa del archiduque, que la dejó estéril. Se negó a tener relaciones con Rodolfo, con los problemas que acarreaba para la estabilidad del trono el no haber engendrado ningún hijo varón.

En 1888 conocería a la mujer que cambiaría su vida: María Vetsera, aristócrata de origen húngaro que se convirtió en su amante hasta el día de su muerte.

La tragedia de Mayerling

El 30 de enero de 1889, el conde Hoyos, Felipe de Sajonia (amigos personales de Rodolfo) y su ayuda de cámara consiguieron derribar la puerta de su dormitorio en el pabellón de caza de Mayerling, a pocos kilómetros de Viena. Lo que descubrieron, cambiaría el devenir del imperio austrohúngaro: el cadáver de Rodolfo, al borde de la cama, aún estaba caliente. A su lado se encontraba el de su amante María Vetsera, frío, lo que indicaba que debía haber muerto unas horas antes que su amado. El conde Hoyos y Rodolfo habían cenado aquella misma noche, pero el heredero se retiró a dormir antes, aquejado de un leve resfriado. Llevaban dos días en aquel pabellón de caza, lugar de retiro del archiduque, a petición suya: "Si el tiempo lo permite, el final de la próxima semana quisiera que viniese conmigo a Mayerling".

Rodolfo se levantó a las siete y media de la mañana y le dijo a Johann Loschek, su ayuda de cámara, que le despertase un poco más tarde. Fue la última vez que se le vio con vida

Según el primer testimonio oficial, Rodolfo se levantó a las siete y media de la mañana y le dijo a Johann Loschek, su ayuda de cámara, que le despertase un poco más tarde. Fue la última vez que se le vio con vida. Después, intentó abrir su habitación sin éxito, y algo cohibido porque pensaba que se encontraba con una mujer, avisó al conde Hoyos. Loschek explicaría después que lo había encontrado sobre un charco de sangre y había creído que lo habían envenenado. Los cuerpos fueron trasladados a Viena y el emperador envió una carta al Papa en Roma para que se le permitiese sepultar a su hijo, con todos los honores, el 5 de febrero en la Cripta Imperial. El de María, que solo tenía 18 años, fue enterrado en un pequeño cementerio.

placeholder Funeral de Rodolfo, dibujo de la época.
Funeral de Rodolfo, dibujo de la época.

¿Suicidio?

Aunque en un primer momento se dijo que Rodolfo había muerto de una apoplejía, para poder así ser enterrado en la Cripta Imperial, los rumores de suicidio surgieron desde el principio. En primer lugar, el 26 de enero (poco antes de ir a Mayerling), Francisco José y Rodolfo habrían tenido un duro enfrentamiento del que, según los testigos, el heredero salió de la sala en un auténtico estado de nervios y su padre se desmayó. Parece ser que el emperador incluso llegó a decirle que no era su digno sucesor, debido principalmente a su relación con María Vetsera (que ordenó, se pusiera fin de inmediato) y a sus contactos frecuentes con la oposición húngara. Además, Rodolfo se habría puesto en contacto con la Santa Sede para anular su matrimonio con Estefanía, lo que también habría disgustado al emperador.

Pocos días antes de su muerte, Rodolfo había tenido una gran discusión con el emperador. Le regaló un anillo a su amante: "Unidos en el amor hasta la muerte"

Por otro lado, el archiduque era proclive al carácter depresivo como su madre y tenía tendencias suicidas, agravadas quizá por la sífilis que padecía y había transmitido a su mujer en el pasado. El hecho de que no le permitieran mantener su amor con María Vetsera podría haber sido el detonante de que la pareja decidiera poner fin, junta, a su vida. Las cartas de despedida que escribió, por lo menos, parecen así avalarlo. "Muero, a pesar mío", le escribiría a su hermana Valeria. "Ya estás libre de mi presencia y de la calamidad que soy", le diría a su mujer. "Sé muy bien que no era digno de ser vuestro hijo", se despediría de Sissi, que a partir de entonces vestiría de luto para el resto de su vida. Un poco antes, el heredero le había regalado a María un anillo con la leyenda: "Unidos en el amor hasta la muerte".

placeholder Retrato de María Vetsera.
Retrato de María Vetsera.

Las teorías son varias: Rodolfo estaba deprimido y quería poner fin a su vida, pero temía hacerlo solo y le propuso a su amante que le acompañase. Ella aceptó. O quizá la mató y, después, se suicidó con una escopeta de caza. Hay otra incluso más melodramática: María estaba embarazada y la pareja había descubierto que la joven era fruto de una cierta relación de su madre con el emperador, lo que les llevó a poner fin a su vida.

¿Asesinato?

Por otro lado, hay muchas incongruencias en la tragedia de Mayerling. El revólver que se encontró junto a la cama no era del archiduque. Tenía un disparo en la sien derecha, cuando era zurdo, y además presentaba cortes en la cara y las manos. María no estaba embarazada, y según los informes forenses, recibió golpes y trató de defenderse de ellos, además de haber sido asesinada a puñaladas.

"Está muerto, es lo único que puedo decir. He dado mi palabra al emperador de no decir nada de lo que he visto"

Una de las teorías sobre el asesinato es que los Servicios Secretos Austríacos decidieron terminar con su vida puesto que, debido a sus tendencias liberales habría puesto en peligro el imperio. Algunas de las declaraciones de testigos y el círculo cercano de la familia también dejaron entrever que había algo más allá de las declaraciones oficiales, primero de apoplejía y después de los rumores de suicidio. "Las circunstancias de Mayerling son mucho peores de lo que se piensa" dijo Henrich Taaffe. "Está muerto, es lo único que puedo decir. He dado mi palabra al emperador de no decir nada de lo que he visto", señaló el conde Hoyos, e incluso muchos años después, Zita de Borbón-Parma llegó aún más lejos: "La verdad es que el archiduque Rodolfo fue asesinado y que este asesinato fue político. En nuestra familia, siempre hemos sabido la verdad, pero Francisco José hizo jurar a todos los que estaban al corriente del crimen que nunca dirían nada".

¿Asesinato? ¿Suicidio? Lo único que está claro es que, aquella noche en Mayerling, cambió no solo el destino de un puñado de personas, sino del mundo entero. El tema de conversación fue totalmente prohibido en presencia de Francisco José. Estefanía, amargada, se saltó el protocolo y contrajo segundas nupcias en 1900. Sissi pasó los últimos diez años de su vida, hasta su asesinato en Ginebra, vestida de luto, y Carlos Luis de Austria, que habría sido el supuesto sucesor de su hermano, renunció a favor de su hijo Francisco Fernando.

La muerte de Rodolfo precipitó la irremediable decadencia del Imperio Austrohúngaro con la llegada de la Primera Guerra Mundial

Sabemos lo que sucedió después: este y su mujer fueron asesinados en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del anarquista Gavrilo Princip, lo que precipitó la declaración de guerra de Austria a Serbia y derivó en la Primera Guerra Mundial, en la que murieron millones de personas y provocó heridas tan profundas en el continente europeo, que todavía sentimos algunos de sus ecos. Francisco José sobrevivió para ver el comienzo del fin, la decadencia de su propio imperio, y el cambio de un mundo que con su mente demasiado conservadora no llegó a entender nunca. Quizá Rodolfo sí lo habría hecho.

"En mi imperio, la desgracia no conoce el ocaso". Cuentan que esa fue la frase que salió de los labios de Francisco José I, emperador de Austria y rey de Hungría y Bohemia, cuando conoció el fallecimiento de su mujer Sissi. Años antes, ya había tenido que enfrentarse a la muerte de su primogénito y heredero de su imperio, el archiduque Rodolfo, en circunstancias poco claras que todavía no se han resuelto y conformaron uno de los mayores misterios del siglo XX.

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