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¿Sientes ansiedad cuando notas que le gustas a alguien? Así lo gestiona nuestro cerebro
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PSICOLOGÍA HUMANA

¿Sientes ansiedad cuando notas que le gustas a alguien? Así lo gestiona nuestro cerebro

Si sufres estrés cuando una relación con alguien empieza a estrecharse, hay dos caminos: la evitación o la complacencia, pero ambos pasan por la necesidad de una comunicación sincera

Foto: Foto: iStock.
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Por lo normal, las relaciones comienzan a afianzarse de manera natural. Al final, si te gusta pasar tiempo con alguien es porque de alguna manera es recíproco. A no ser que seas un pesado o un iluso, tiendes a esforzarte por encontrar un hueco o generar un espacio de confianza con aquellas personas de las que recibes algo. Los vínculos se sostienen mediante el interés, el cual no tiene por qué llegar a tener una connotación negativa: si buscas a alguien es porque quieres obtener algo a cambio, a la vez que la otra persona de ti.

Pero, evidentemente, hay una verdad universal: no te puedes meter en el cuerpo y la mente o de otra persona. Por ello, nos movemos basándonos en nuestras intuiciones. ¿Quién nos cae mejor o peor? ¿Con quién queremos estar? ¿Está equilibrada la relación, es decir, ambos están predispuestos a lo mismo o buscan algo parecido? Estas preguntas también son óptimas en el caso de las relaciones románticas, quizá con más intensidad.

"Los esquemas mentales que nos hacemos sobre los demás son una hoja de ruta interna para predecir cómo van a actuar"

Al estar con alguien, emerge una complicidad y confianza entre los dos que puede dar paso a la creación de un mundo de símbolos y significados compartido. Desde un mismo tipo de humor a una escala de valores parecida, lo que alimenta el vínculo son las ganas de volver a verse, bajo el principio de seguir ensanchando ese espacio y tiempo juntos. Lógicamente, no nos comportamos igual con unas personas que con otras, y es aquí donde reside el 'quid' de la cuestión.

Expectativas y predicciones

"Los esquemas mentales que nos hacemos sobre los demás son una hoja de ruta interna para predecir cómo van a actuar", asevera Jessica Stern, psicóloga estadounidense, en un reciente artículo de 'Mel Magazine'. "Nuestros cerebros son como máquinas de predicción que nos ahorran una gran cantidad de energía y esfuerzo para poder predecir cómo se comportará alguien. Pero si su actitud hacia con nosotros cambia de forma inesperada, se interrumpe nuestro esquema, echando por tierra nuestras expectativas y predicciones".

"Cuando cambia la relación de repente, la parte más primitiva de nuestro cerebro, la amígdala, se activa, pasando al modo de lucha o huida"

Aquí es cuando aparece el punto de inflexión de toda relación que crece. O hay un cambio positivo (basado en una serie de señales que denotan que la otra persona quiere conocerte con mayor profundidad y quizá con un interés más allá del mero hecho de ser amigos) o, por el contrario, emerge un cambio negativo (que puede ir desde una actitud pasiva, dejada, hasta un 'ghosting' de libro). Por normal general, esto sucede en las relaciones románticas incipientes, pero también en las amistosas.

Pero imagina que el dado cae de la balanza buena, es decir, el interés de esa persona por ti crece de manera exponencial de un día para otro. "Cuando esto sucede, la parte más primitiva de nuestro cerebro, la amígdala, se activa, y pasamos al modo de lucha o huida", asevera Stern. "Nuestro sentido de seguridad y familiaridad puede sentirse amenazado". Es entonces cuando vienen las palabras, ya que si algo ha cambiado entre vosotros irremediablemente se tiene que hablar para volver a conseguir esa seguridad que había al principio.

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¿Qué ocurre si en realidad no te gusta esa persona y sientes que el sentimiento no está equilibrado? Puedes adoptar dos posiciones: de evitación y de huida o de complacencia. "Las personas complacientes a menudo intentan hacer felices a todo el mundo", explica por su parte la psicóloga Carla Manly. "Este tipo de personas tienden a crecer en entornos con conflictos y han aprendido a sobrellevar la situación convirtiéndose en unas pacificadoras. Tienen una gran capacidad de sintonizarse mucho con los posibles cambios en las actitudes de los demás gracias a su homeostasis social".

Hay una señal clara de que lo vuestro no va a funcionar: la ansiedad. Y, en ese caso, lo mejor es ser sincero que complaciente, pues aunque al final te acostumbres, si te genera estrés el hecho de tener encima a una persona, esa sensación va a persistir por mucho que la evites. Por ello, es de vital importancia llegar a una serie de acuerdos o, como mínimo, tener una conversación para mostrar las cartas sobre la mesa. Las relaciones no son estáticas, sino que se renuevan y actualizan todo el tiempo. Por lo que aunque no quieras hablar de tus sentimientos a la otra persona, al final lo acabarás haciendo de todos modos, ya sea por ella o por la situación generada.

Por lo normal, las relaciones comienzan a afianzarse de manera natural. Al final, si te gusta pasar tiempo con alguien es porque de alguna manera es recíproco. A no ser que seas un pesado o un iluso, tiendes a esforzarte por encontrar un hueco o generar un espacio de confianza con aquellas personas de las que recibes algo. Los vínculos se sostienen mediante el interés, el cual no tiene por qué llegar a tener una connotación negativa: si buscas a alguien es porque quieres obtener algo a cambio, a la vez que la otra persona de ti.

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