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Nueva Atlántida: el país que creó el hermano pequeño de Ernest Hemingway
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Un relato curioso

Nueva Atlántida: el país que creó el hermano pequeño de Ernest Hemingway

Era julio de 1964, cuando Leicester Hemingway aseguró su balsa al motor de un coche antiguo a unas siete millas al suroeste de Jamaica, echó el ancla y declaró una nueva nación

Foto: Elaboración propia.
Elaboración propia.

Hubo una vez en que la familia Hemingway estuvo de moda, no a través de la leyenda de sus cuerpos sin vida sobre la vida que tuvieron, ostentosa y peculiar cuanto menos, arriesgada, pretenciosa y tantos otros adjetivos, incluso, opuestos. La moda del escritor intrépido pasó por alto, sin embargo, el relato más curioso donde hasta el apellido parece ser lo de menos. No se trata de Ernest, sino de su hermano, Leicester Hemingway. Una balsa, un país propio, una nación diminuta y otros disparates no escritos componen esta historia.

Ocurrió hace medio siglo, en algún punto del mar caribe, pero antes de llegar hasta allí hay que transitar por las luces y sombras de la existencia de Leicester. Dieciséis años menor que Ernest, desarrolló desde pequeño devoción hacia su hermano. Así, le gustaba escribir, también, y la naturaleza, y aventurarse de cualquier manera. Llegó a publicar numerosos artículos sobre pesca y varios libros, incluido el semiautobiográfico 'The Sound Of The Trumpet' y 'My Brother, Ernest Hemingway', una biografía de su famoso hermano que llegaría a las librerías en 1962. Sin embargo, solo este último le hizo ganar a Leicester Hemingway una buena cantidad de dinero. Aquello fue el culmen para reforzar una idea en la que llevaba tiempo trabajando: construir su propio país.

Foto: Esta plataforma luchó por ser un estado independiente (Foto: Twitter)

No lo hizo así como así, sino aprovechando una ley vigente en ese momento en Estados Unidos. Según el texto, promulgado en 1856 y conocido como la Ley de las Islas Guano, cualquier ciudadano estadounidense tenía derecho a reclamar y explotar cualquier isla con un depósito de guano valioso, o lo que es lo mismo, excremento de aves marinas o murciélagos que fertiliza el suelo. De esta forma, siempre que no hubiera sido reclamado por otro gobierno reconocido, cualquier rincón del mundo en aguas internacionales podía convertirse en propiedad de un estadounidense.

Una balsa de bambú

Cierto es que esto no es gran novedad aún hoy en día (aunque aquella ley ya no exista), cuando la especulación de la tierra y la construcción de territorios artificiales sobre el mismísimo mar sigue siendo tendencia entre una pequeña parte de la población, ricos y magnates, empeñada en alzarse por encima de la naturaleza misma, pero la manera en que Leicester Hemingway puso esta práctica en marcha no resulta indiferente décadas después.

Aseguró su balsa al motor de un coche antiguo a unas siete millas de la costa suroeste de Jamaica, aproximadamente, echó el ancla hacia la escasa profundidad de las aguas de la zona y declaró que la mitad de la balsa pertenecía a EEUU y la otra mitad a una nueva micronación que llamaría New Atlantis o Nueva Atlántida, explica Karen Harris en 'History Daily'. Era 4 de julio de 1964.

placeholder Leicester Hemingway junto a su hermana Carol. (Fuente: Illinois Digital Archive)
Leicester Hemingway junto a su hermana Carol. (Fuente: Illinois Digital Archive)

Les, como le llamaban, dividió el perímetro que consideraba entre la jurisdicción estadounidense y una nueva basada, en cualquier caso, en la anterior. Surgía así una especie de nuevo país de muy pequeña escala, compuesto por una balsa de bambú, una tubería de hierro, cables de acero y piedras. Sus coordenadas exactas fueron latitud 18 grados, 1 minuto norte y longitud 78 grados, 4 minutos oeste. Este lugar tomado, donde sorpresa: no había caca de murciélago hasta que él mismo la llevó, se elevaba desde una profundidad marina de algo más de 15 metros.

Bandera, moneda y hasta títulos

¿Y qué se hace después de autoproclamar un nuevo país? Pues escribir una constitución. Para hacerlo tampoco se complicó demasiado: más o menos, la constitución de Nueva Atlántida era simplemente la Constitución de EEUU, reemplazando "Estados Unidos" por "Nueva Atlántida".

Su esposa, Mary Welsh, diseñó una bandera cosida en tono azul marino con un triángulo dorado apuntando hacia abajo. Fue por supuesto nombrada Primera Dama, y sus hijas, Anne e Hilary, también recibieron sus correspondientes títulos. Tampoco faltó una moneda nacional que consistía en algarrobas y dientes de tiburón, a lo que él en cualquier caso llamó "escrúpulos".

placeholder Ejemplares de billete y monedas. (Fuente: New Atlantis collection)
Ejemplares de billete y monedas. (Fuente: New Atlantis collection)

Poco a poco, fueron llegando residentes permanentes. Ni uno ni dos, sino varios fueron los vecinos que asumieron las reglas establecidas por su nuevo presidente y, al mismo tiempo, alcalde. No es de extrañar, ya que, como recordaba su hija mayor, Hilary Hemingway, en una entrevista para el periódico local 'Miami New Times' publicada en junio de 2021, Les vendía ciudadanías de New Atlantis por los bares de Miami, muchos ya cerrados. "A cambio de una inversión en su país, ofreció títulos oficiales, casi como una forma temprana del actual método de influencia comercial", explica en el artículo el periodista Jason Katz.

Reconocimiento internacional

Su insistencia llegó en forma de cartas a Lyndon Johnson, que acababa de asumir el cargo de presidente tras el asesinato de su predecesor John F. Kennedy en 1963. A la primera dama estadounidense, Lady Bird Johnson, así como a sus hijas, Hemingway otorgó el honor de "Orden de la Arena Dorada". Y sí, el presidente le respondió, dirigiéndose a un todavía joven Les como presidente de Nueva Atlántida (paralelo al de la geopolítica, en el mundo de las micronaciones, un gesto así se considera reconocimiento internacional).

placeholder Ejemplares de billete y monedas. (Fuente: New Atlantis collection)
Ejemplares de billete y monedas. (Fuente: New Atlantis collection)

Con su país reconocido, los Hemingway pasaron por varias casas del barrio de Miami conocido como Coconut Grove, incluida una donde tenían un mapache como mascota, pero finalmente se instalaron en las Islas Venetian de Miami en 1965. La compraron usando los últimos fondos que la venta de la biografía de Ernest les había generado. "El libro es un entrañable retrato de hermanos separados por una diferencia de edad de casi dos décadas, cuya relación fue forjada por la tragedia cuando su padre se suicidó en 1928. Era la única biografía que conocería Ernest Hemingway antes de su muerte", apunta Katz.

En aquella última residencia los Hemingway junior llevaron a cabo todo tipo de fiestas acordes con el escenario. No pudieron faltar, por supuesto, las sesiones de espiritismo, una práctica común entre toda la familia. "Las conexiones de Les y Hilary con lo paranormal se remontan a Grace Hall Hemingway, la madre de Ernest y Les, Gracie, quien tenía conversaciones regulares con el famoso espiritista de principios del siglo XX, Edgar Cayce. Los archivos digitalizados de su correspondencia confirman que los dos se comunicaron".

El legado de los Hemingway

Cierto o no, su hija Hilary también parece haber heredado la habilidad de contar historias. Es coautora de varios libros sobre, precisamente, lo paranormal. Nada queda ahí tampoco, porque su marido, Jeff Lindsay es ni más ni menos que el autor de Dexter.

placeholder La familia Hemingway en 1917. (Fuente: Wikipedia)
La familia Hemingway en 1917. (Fuente: Wikipedia)

Por desgracia, Nueva Atlántida estaba condenada al fracaso desde el principio. Incluso con aquella aplicación de la ley de la que se valió Les, su "isla" seguía siendo una balsa de bambú, lo que complicaba el asunto de la supervivencia.

En 1966, solo dos años después de su fundación, New Atlantis se soltó de su atadura en medio de una fuerte tormenta y acabó yéndose mar adentro. Ahí terminaba aquel personal sueño americano. En cualquier caso, nadie resultó herido, y del relato no solo se conserva la memoria de las descendientes, sino numerosos objetos como sellos postales y banderas.

Hubo una vez en que la familia Hemingway estuvo de moda, no a través de la leyenda de sus cuerpos sin vida sobre la vida que tuvieron, ostentosa y peculiar cuanto menos, arriesgada, pretenciosa y tantos otros adjetivos, incluso, opuestos. La moda del escritor intrépido pasó por alto, sin embargo, el relato más curioso donde hasta el apellido parece ser lo de menos. No se trata de Ernest, sino de su hermano, Leicester Hemingway. Una balsa, un país propio, una nación diminuta y otros disparates no escritos componen esta historia.

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