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El estudio sobre drogas psicodélicas en 1962 que quiso cambiar la religión para siempre
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'THE GOOD FRIDAY EXPERIMENT'

El estudio sobre drogas psicodélicas en 1962 que quiso cambiar la religión para siempre

Un escritor y un teólogo se propusieron demostrar que la psilocibina, tan en boga hoy en día para tratar casos de depresión, mejoraba la vida espiritual de las personas a largo plazo

Foto: Tras las puertas de la percepción. (iStock)
Tras las puertas de la percepción. (iStock)

En la actualidad, cada vez hay más estudios que demuestran las propiedades beneficiosas que poseen ciertos principios activos de las drogas psicodélicas (como la psilocibina, presente en los 'hongos mágicos') de cara a tratar enfermedades mentales que van desde la ansiedad o la depresión hasta adicciones a otro tipo de sustancias como el tabaco o el alcohol. Sobre todo en Estados Unidos, un país acosado por otra pandemia mucho más silenciosa que la del coronavirus, la de la crisis de los opioides, que se calcula que se cobra la vida de 90 personas al día a causa de la sobredosis.

De un tiempo a esta parte, son muchos los titulares que anuncian nuevos avances en la investigación y la legalización de drogas sintéticas como el MDMA o la ya mencionada psilocibina. Canadá ha sido el último país que ha aprobado el uso médico de estas sustancias para tratar depresiones graves después de que se sometiera a juicio por parte de la comunidad médica del país en 2020, cuando empezó a plantearse de manera seria y oficial. Obviamente, los pacientes no toman la droga y los síntomas de su enfermedad mental desaparecen por arte de magia: como todo medicamento, las revisiones continuas con el psiquiatra para acompañar estas pequeñas dosis con la terapia cognitivo-conductual son los responsables del avance en calidad de vida y bienestar.

Pahnke pensó que había una clara relación entre la experiencia descrita por Huxley y algunas de los hechos narrados en la Biblia

Tanto es así, que se espera que en cuestión de uno o dos años, en el país vecino, Estados Unidos, haya una gran regulación que consiga que el éxtasis y la psilocibina entren a formar parte de la farmacopea en todo su territorio después de que estados como Oregón ya las hayan legalizado. Con ánimo de repasar los antecedentes históricos de cómo estas drogas, sobre todo la psilocibina, hayan entrado dentro de las esperanzas de la medicina para tratar la salud mental (tan lesionada en todo el mundo por la pandemia) y su regulación sea percibida como la gran revolución de la psiquiatría en los próximos años, hoy vamos a repasar el que quizás sea uno de los grandes hitos en el que se tomó en serio este principio activo de los 'hongos mágicos' como terapia para tratar adicciones o depresión.

Foto: Foto: iStock.

Hay que remitirse a los comienzos de la década de 1960, cuando todavía el presidente Nixon no había emprendido su famosa guerra contra las drogas. Concretamente, al 20 de abril de 1962, que en aquel año cayó justo en Viernes Santo, cuando se realizó el 'Good Friday Experiment' (también llamado el Marsh Chapel Experiment), diseñado por Walter N. Pahnke, un graduado en teología de la Harvard Diviniy School.

Viernes Santo en una capilla de Boston

La elección de tal efeméride religiosa no fue casualidad, al igual que el hecho de que un estudioso del cristianismo dirigiera el estudio, pues en aquel momento la fe religiosa empezó a asociarse con las experiencias místicas del sujeto. Y, en un rango menor, la salud mental del individuo como resultado de esa vida espiritual a la que se podría acceder al tomar estas drogas enteógenas (este es el término que se usa para describir los efectos de la ayahuasca o los hongos mágicos, ya que entran dentro de esas sustancias vegetales que desde milenios se han usado por distintas comunidades para acceder a estados alterados de conciencia, principalmente en contextos religiosos y chamánicos).

"Se planteó la hipótesis de que la psilocibina podía facilitar una experiencia 'mística' en religiosos al tomarla en un entorno sacro"

Toda esta concepción de la psilocibina como sustancia que conducía a lo sagrado venía, en parte, por el éxito editorial cosechado por Aldous Huxley con su canónico libro 'Las puertas de la percepción', publicado por primera vez en 1956 (ocho años antes del experimento). De alguna forma, Pahnke pensó que había una clara relación entre la experiencia descrita por Huxley y algunos de los hechos narrados en el Nuevo Testamento, como, por ejemplo, la repentina conversión de Pablo de Tarso al cristianismo tras caerse de su caballo y sufrir una aparición.

Lo que se preguntó el joven investigador es si realmente esos acontecimientos bíblicos tan intensos y decisivos, tanto para el destino de sus protagonistas como para la comunidad religiosa de la época, tenían una causa científica aparente, más allá de las circunstancias mágicas que suelen empañar los relatos sagrados. ¿Y si Pablo había ingerido a conciencia o por accidente una de estas setas con propiedades alucinatorias?

Pahnke se reunió con Timothy Leary, escritor famoso y otro de los pioneros en la investigación de sustancias psicodélicas, para llevar a cabo el experimento con 20 voluntarios de la Escuela Teológica Andover Newton, los cuales se mostraron como fervientes católicos. "Planteó la hipótesis de que las drogas psicodélicas, en especial la psilocibina, podrían facilitar una experiencia 'mística' en personas religiosas al tomar la sustancia en un entorno sacro, dando lugar a cambios positivos persistentes en sus actitudes y comportamiento", explica Rick Doblin, doctor de la Universidad de Cambridge en Massachusetts, en una revisión del estudio publicada en 'The Journal of Transpersonal Psychology'. En otras palabras: llevaría a cabo la prueba en un entorno en el que los participantes pudieran estar predispuestos a sentir la 'llamada'. Y ese lugar solo podía ser una iglesia o capilla, en este caso la Marsh Capel, localizada en el campus de la Universidad de Boston.

placeholder Mosaico de la Marsh Chapel en donde se llevó a cabo el experimento. (John Stephen Dwyer)
Mosaico de la Marsh Chapel en donde se llevó a cabo el experimento. (John Stephen Dwyer)

El resto de la parte metodológica se abordó de la siguiente manera: la mitad recibiría una dosis de 30 miligramos de psilocibina, mientras que el resto de un medicamento placebo, en este caso de niacina, el cual también puede llegar a provocar una reacción fisiológica similar. Ninguno de los dos grupos estaba al tanto de la droga que ingirieron. Justo después, irían a una misa tradicional de Viernes Santo en la capilla para más tarde describir las sensaciones físicas, místicas o psicológicas que sintieron, de tal forma que aquellos que tomaron el principio activo de los hongos mágicos reportaron un mayor nivel en la intensidad de experiencias místicas.

Una "naturaleza mística genuina"

Tiempo después, Doblin criticaría el cuestionario diseñado por Pahnke y Leary, además del hecho de que ninguno de los sujetos supiera qué sustancia le estaban dando. De hecho, uno de ellos tuvo una crisis de ansiedad aguda, teniendo que ser inmovilizado tras huir de la capilla convencido de que era el elegido para anunciar el regreso del Mesías. Esto prueba que el experimento fue demasiado lejos, pero también que altas dosis del principio activo podían resultar peligrosas para la salud mental de los individuos. Algo que, a largo plazo, no resultaba tan letal, sino al contrario. En el 25 aniversario del experimento, se volvió a reunir a los participantes para que calificaran su experiencia, alegando que había sido uno de los días más importantes de su vida espiritual al haber entrado en contacto con "una naturaleza mística genuina".

Foto: 'Ayahuasca' de Pablo Amaringo.

En definitiva, el experimento tuvo bastante éxito. Las hipótesis que Pahnke y Leary querían demostrar eran correctas: sí que había una estrecha relación entre las experiencias de psilocibina con los relatos místicos de personas cercanas al mundo cristiano, ya no solo en cultos chamánicos y, a su vez, los sujetos se sentían mejor a nivel psicológico con el paso de los años, ya que, al menos, reconocían haber sido recargados de esa energía espiritual que les hiciera sentirse más cerca de Dios y, con ello, aumentar su fe.

Sin embargo, para los investigadores, las cosas no fueron bien. A Leary le echaron de Harvard y a Pahnke se le desacreditó por los aspectos morales y científicos de su prueba. Sin embargo, con el auge de la cultura 'hippy' y su correspondiente reacción, la guerra contra las drogas de Nixon, las propiedades beneficiosas de la psilocibina (al menos en el ámbito religioso más 'mainstream') se quedaron en suspenso.

¿Estás listo para un 'cambio cuántico'?

La experimentación con psilocibina regresó al ámbito académico cuando en el 2006 la Universidad de Johns Hopkins obtuvo los permisos federales para realizar un estudio que probara los efectos beneficiosos de la sustancia a la hora de tratar enfermedades mentales como la depresión resistente, el trastorno de estrés postraumático o la adicción. Pero no solo eso, sino que también recogía el testigo de Pahnke y Leary al incluir en sus conclusiones como un factor fundamental el hecho de que inducía a otorgar un valor espiritual a la vida del individuo o al menos a desarrollarlo.

Foto: Foto: iStock.

Ahora, tantos años después, se han realizado múltiples estudios que corroboran los efectos positivos de la psilocibina en muy mínimas dosis y siempre acompañada de terapia cognitivo-conductual para tratar adicciones como al alcohol o al tabaco. Incluso, a la cocaína. Médicos e investigadores especialistas en este tipo de enfermedades mentales, como William Miller, hablan de una especie de 'cambio cuántico' como esos momentos íntimos de lucidez espiritual que son capaces de remover tanto la conciencia del individuo hasta el punto de eliminar comportamientos o actitudes que son muy nocivas para él, en este caso una adicción.

Para terminar, una bonita metáfora de ese 'cambio cuántico' podría ser la razón por la que de la noche a la mañana el ya mencionado Pablo de Tarso pasa de perseguir a los cristianos a ser uno de los mayores embajadores de la vida y obra de Jesús. ¿Qué es lo que le llevó a tal giro en su vida? Tal vez la misma causa por la que una persona sale de una adicción o problema mental agudo: una profunda experiencia inmersiva y positiva que trastoca todas las creencias y actitudes aprendidas del individuo, tan relevante en su vida que consigue derribar los cimientos mentales y psicológicos que le atrofian.

En la actualidad, cada vez hay más estudios que demuestran las propiedades beneficiosas que poseen ciertos principios activos de las drogas psicodélicas (como la psilocibina, presente en los 'hongos mágicos') de cara a tratar enfermedades mentales que van desde la ansiedad o la depresión hasta adicciones a otro tipo de sustancias como el tabaco o el alcohol. Sobre todo en Estados Unidos, un país acosado por otra pandemia mucho más silenciosa que la del coronavirus, la de la crisis de los opioides, que se calcula que se cobra la vida de 90 personas al día a causa de la sobredosis.

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