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Todo sobre las malas energías: ¿por qué nos sentimos tan mal en determinados lugares?
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PARALIZADOS POR EL DOLOR

Todo sobre las malas energías: ¿por qué nos sentimos tan mal en determinados lugares?

Hay tres teorías que intentan explicar por qué hay personas que se muestran tan aprensivas cuando visitan un lugar en el que hubo una tragedia. Esto es lo que dice la ciencia

Foto: Foto: iStock.
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Muchas de las personas que se adentran en lugares con una carga histórica negativa, donde sucedieron hechos horrorosos, como por ejemplo el campo de concentración de Auschwitz, confirman haber sentido sensaciones bastante malas: opresión en el pecho, tristeza o ansiedad. Parece como si los lugares fueran un receptáculo de energía que, dependiendo de lo experimentado por muchas personas, se carga de energía positiva o negativa. ¿Es esto cierto? ¿Qué explicaciones científicas o psicológicas se dan a esta serie de sentimientos buenos o malos que nos producen distintos sitios?

Nuestro hábitat, por lo general, no tiende a ser tan neutral como parece. Las paredes hablan donde ha habido sufrimiento, miedo o violencia, con un lenguaje sensitivo que, según lo aprensivo que seas, puede hacerte temblar o como mínimo ponerte la piel de gallina. La revista 'Popular Mechanics', que ha recopilado una serie de estudios sobre este tema, admite que existen tres teorías que explicarían este fenómeno: la presencia de residuos emocionales (como resultado de emociones negativas muy intensas que sentimos en algún momento), lo que se conoce como "estrés geopático" que emana de la propia Tierra y, por último, el hecho de que nuestras expectativas ante un lugar sean tan poderosas que acaben produciendo estas sensaciones.

"Todavía hay mucho que aprender sobre cómo los humanos son influenciados por los impactos emocionales que se dan en un entorno"

Una de las explicaciones más interesantes que han tratado algunos estudios dentro del campo de la psicología es que el sistema nervioso humano es capaz de captar señales químicas que el cuerpo emite a través del sudor y las lágrimas, dos secreciones biológicas que implican dolor, sufrimiento o, como mínimo, un esfuerzo físico importante. En este sentido, hay investigaciones que comprueban cómo la líbido de los hombres disminuye en presencia de lágrimas femeninas, y que estas señales químicas pueden llegar a persistir en el entorno.

Las señales químicas del miedo o la felicidad

Por otro lado, también hay otros estudios en los que se descubrió que las señales químicas producidas esta vez por hombres que sentían miedo o disgusto, generaban una "reacción interesante" en las mujeres que estaban expuestas a ellas. Para demostrarlo, los científicos tomaron muestras del sudor de los hombres mientras asistían a una película de miedo o angustia y luego se las expusieron a las mujeres. Esta muestra de "sudor por miedo" produjo expresiones faciales de terror mientras realizaban una tarea visual, mientras que ellas pusieron una mueca de disgusto o asco.

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En otro estudio de 2015, se llegó a demostrar que la exposición al olor corporal de hombres que habían sentido emociones de felicidad o hilaridad produjo sentimientos positivos en. Previamente, los investigadores indujeron un estado de miedo y felicidad a los participantes de los que se tomó muestras de sudor. Después, 36 mujeres fueron expuestas a ellas: aquellas que olieron el sudor de los que estuvieron expuestos al miedo, tuvieron una reacción facial en la que movieron con más frecuencia el músculo frontal medial, el encargado de elevar las cejas, una mueca clásica de terror o de preocupación. En cambio, las que estuvieron expuestas al "sudor feliz", eran más propensas a dibujar sonrisas en sus caras. Esto llevó a los científicos a pensar que sí, en realidad, el bienestar o el malestar puede transmitirse por señales químicas muy concretas.

'Estrés geopático'

Ante esta conclusión, cabe preguntarse si los animales, al igual que los humanos, son capaces de detectar estas señales y con ello responder con miedo o temor. "Hay múltiples estudios que sí que confirman que estos responden a señales ambientales que no percibimos o al menos no conscientemente, como por ejemplo un aumento de sus niveles de hormonas del estrés antes de las tormentas o reaccionando a terremotos o maremotos", asegura Brian Hellmuth, profesor de ciencias medioambientales y políticas públicas de la Universidad de Northeastern en Boston, a 'Popular Mechanics'.

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Sí, efectivamente, los científicos hablan de "agujeros positivos" originados por tensiones en las rocas profundas de la Tierra que crean una especie de estrés geológico que los animales pueden captar. Estos fluyen de forma rápida desde la corteza hasta la superficie terrestre, donde ionizan las moléculas de aire de la zona en la que se da el terremoto, avisando a las criaturas con ondas electromagnéticas de frecuencia ultra baja, indetectables para el ser humano, de que ahí se va a producir una catástrofe. Evidentemente, esto solo se aplica a desastres naturales, por lo que no es aplicable a los humanos ni mucho menos sirve el ejemplo. "Creo que todavía hay mucho que aprender sobre cómo los humanos son influenciados por su entorno y especialmente por los impactos emocionales, físicos y psicológico del daño en un lugar concreto provocado por otros humanos", admite Hellmuth.

Ahora bien, ¿de dónde viene el término 'estrés geopático'? ¿Acaso la corteza terrestre infunde de cierta sensación de ansiedad a los seres humanos en ciertas localizaciones? El término nace del médico alemán Gustav Freiherr von Pohl, quien pensaba que ciertas fallas geológicas, es decir, fracturas de dos trozos de roca terrestre) de "energía radiada por la Tierra" estaban relacionadas con la prevalencia del cáncer en ciertas poblaciones, en este caso de la ciudad que investigó, Vilsbiburg. Resulta que todas las personas que fallecieron por cáncer desde que se tenían registros habían dormido en camas sobre estas líneas de tensión geopáticas, lo que llevó al médico a patentar el término.

"Las personas forman asociaciones de forma rápida y automática de lugares con recuerdos propios"

Según los defensores de las teorías del 'estrés geopático', hay ciertas zonas de la Tierra que pueden causar problemas de salud en los humanos, sobre todo en túneles, alcantarillas, tuberías, líneas de metro, depósitos minerales o canales de agua subterránea, donde se distorsiona la vibración que emite la Tierra, haciéndonos más propensos a enfermedades como el cáncer. Obviamente, esta es una teoría desechada por la ciencia más ortodoxa, ya que por supuesto influyen muchísimas más cosas, relacionadas con el ambiente o con el contexto o hábitos de cada uno, en poder desarrollar alguna que otra enfermedad.

¿Qué crees que te vas a encontrar en un campo de concentración?

La última teoría que nos queda por ver es si nuestras propias expectativas podrían ser mucho más poderosas que los residuos emocionales o el 'estrés geopático' a la hora de aportar una razón convincente a estos fenómenos. Tal vez, esta puede ser la más eficaz a la hora de dar con una explicación psicológica, pues al igual que te tapas los ojos con las manos en una película que te da miedo, cuando vas a un lugar en el que sabes que ha habido experiencias terroríficas, el cuerpo y la mente adoptarán una posición defensiva (estrés) ante esa situación.

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Entonces, si sabemos que vamos a visitar un espacio en el que se han cometido barbaridades o en donde hace un tiempo la gente sufrió muchísimo, por no hablar de ser escenario de grandes crímenes, lo lógico es que una parte de nosotros tienda a imaginar esas escenas que hemos visto en películas que hablan de la historia trágica de ese mismo sitio, como sucede con Auschwitz. "Las personas forman asociaciones de forma rápida y automática de lugares con recuerdos propios", asegura John Coley por su parte, profesor de psicología de la Universidad de Northeastern. Lo mismo sucede con casas abandonadas que pueden no tener nada de satánico o tétrico, sino que asociamos este tipo de edificaciones en ruinas o vacías con películas clásicas de terror. Esta sin duda puede resultar la explicación más plausible a por qué nos sentimos mal en centros donde han pasado cosas malas.

Muchas de las personas que se adentran en lugares con una carga histórica negativa, donde sucedieron hechos horrorosos, como por ejemplo el campo de concentración de Auschwitz, confirman haber sentido sensaciones bastante malas: opresión en el pecho, tristeza o ansiedad. Parece como si los lugares fueran un receptáculo de energía que, dependiendo de lo experimentado por muchas personas, se carga de energía positiva o negativa. ¿Es esto cierto? ¿Qué explicaciones científicas o psicológicas se dan a esta serie de sentimientos buenos o malos que nos producen distintos sitios?

Psicología Auschwitz Estrés
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