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El apache Gerónimo, la feroz resistencia de un hispanohablante
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El poder de las convicciones

El apache Gerónimo, la feroz resistencia de un hispanohablante

Un iletrado poliglota y filosofo analfabeto que firmaba con el pulgar y fue autor de una de las gestas militares más asombrosas de la historia

Foto: Gerónimo apache (Fuente: Wikimedia)
Gerónimo apache (Fuente: Wikimedia)

“Si soplas sobre brasas, las enciendes y si escupes sobre ellas, las apagas, y ambas cosas salen de tu boca.

Eclesiastés 28/12.

En atención de la humanidad, y de aquellos que tengan curiosidad por el saber, decir que un extraordinario sabio libanes llamado Khalil Gibran dejó, en su momento, tras una fértil obra literaria en la que destaca el poeta sobre el ensayista y novelista, una frase de profundo calado que cada ser de este planeta deberíamos de recitar como un mantra cada mañana al despertar: “La perplejidad es el comienzo del conocimiento.”

Pero no solo dijo eso, dijo muchísimas más cosas con fundamento (que diría el filósofo Arguiñano) que para aquellos que tengan interés por crecer ante la avalancha de la desnaturalización del pensamiento humano, cada vez más teledirigido, intervenido e intoxicado sin que tristemente haya contestación activa (salvo por una minoría desplazada y silenciada- cuando no señalada y estigmatizada) una frase para la posteridad, que ha quedado disuelta en un maremágnum de consignas banales y artificiosas que camuflan la grandeza de este humanista y pensador en lo que cada día se parece más a un mercado de baratillo.

Foto: Vasco de Quiroga (Fuente: Wikimedia)

En el año 1931, en primavera, moría en Nueva York este poeta y místico cuya discreta y elegante crítica social impregnaba sus escrituras. Tras publicar un libro que era más una premonitoria sentencia que otra cosa, por el simbolismo que reflejaba, decidió dar un portazo e irse a explorar la eternidad. 'Los Dioses de la Tierra' era su título: una reflexión casi de corte hermético soplando sutilmente sobre las velas de la libertad.

Como a los malinterpretados Sócrates, Spinoza o Nietzsche y otros grandes e incomprendidos ilustrados abanderados de una vanguardia de invisibles y numéricamente irrelevantes, se podía concluir que, por el miedo nos someten los que jamás obtendrán el reconocimiento de sus gobernados. Aquellos que se arrogan la representación del Altísimo con independencia de que este esté interesado o no por la olvidada y huérfana condición humana, solo son intérpretes de una farsa cuya correa de transmisión sigue el mismo patrón desde hace eones; silenciar a los que no se someten al “Diktat”. La democracia griega inherente al espíritu de la Grecia Clásica y más concretamente por la cimera polis de Atenas, a los ojos de nuestra cultura actual era modélica (algo así como un paraíso terrenal) pero nada más lejos de la verdad. De los 300.000 atenienses en el 400 a.C solo un 15% eran ciudadanos con derechos, los demás eran metecos, ilotas o, directamente (las cosas hay que llamarlas por su nombre), esclavos. Nada nuevo bajo el sol.

El Gerónimo de nuestra historia sabia perfectamente por donde iban los tiros y luchó a muerte ante el salvajismo de la civilización.

placeholder Fuente: iStock
Fuente: iStock

Los Dioses de la Tierra solo lo son provisionalmente y los pilares de su dominio están sustentados en la razón de la fuerza, pero sus trayectos suelen ser de corto recorrido. Ocurrió con los nazis, con los acólitos de Mussolini y sus imitadores, con los corifeos de Iosif Stalin y en la actualidad, con los guardianes del pensamiento homogéneo; se les está acabando el tiempo porque se les ha visto el plumero.

Algunos sujetos con problemas de ventilación en la azotea, y con un claro sesgo de superioridad racial, intentaron extender la Edad Dorada de la nueva nación del oeste transatlántico hacia las costas del Océano Pacífico, al precio de una devastación de una magnitud espeluznante.

Evidentemente, cada triunfo sin duda tiene una perdida y a veces la palabra genocidio se encoge y queda almidonada por relatos que se nutren de la mas capciosa manipulación. Cuando los peregrinos del Mayflower (no más de un centenar y dos docenas de tripulantes) tocaron tierra en Cape Cod - Massachusetts en el año 1620, los amerindios norteamericanos se acercaban según las estimaciones más sesudas a cerca de 900.000 nativos, según el historiador James Mooney. En 1900, casi tres siglos más tarde, no llegaban a 250.000 indígenas. ¡Milagro! Durante aproximadamente doce generaciones no tuvieron ninguna descendencia, por lo que se deduce que tuvo que haber alguna especie de ruptura espacio temporal o quedaron algunas esporas habitando en algún extraño lugar ¿o quizás les ocurrió algo que ha sido borrado de los libros de historia…? Genocidio, señoras y señores. Sin más.

Foto: Fuente: iStock

En la actualidad, el conjunto de las reservas distribuidas en los diferentes estados no alberga más del millón de descendientes de las 50 tribus existentes 400 años antes. El índice de consumo de drogas y alcohol por habitantes es en estas reservas el más alto de EE.UU, por cierto, una democracia. Saquen sus conclusiones.

Pero yendo a la lana…

En un recodo de un rio de pequeña entidad, el Lawton, en el estado de Oklahoma, un lugar cuyo lema motor es el del latinajo 'Labor Omnia Vincit' (El trabajo lo conquista todo), uno de los indígenas norteamericanos nieto de nietos de milenarios ancestros, yacía boca arriba moribundo bañado por la gélida corriente del rio en el que antaño se purificaba ritualmente limpiando su espíritu de manera copiosa practicando generosas abluciones en sus aguas.

"El hombre que más bajas había causado al ejército norteamericano desde la fecha de su alzamiento"

Semiinconsciente, miraba extáticamente la miríada de estrellas de una profunda noche llena de incógnitas y, sin respuestas que atendieran la naturaleza de sus dudas, confundido ante su deteriorada condición a caballo entre la ebriedad y la vejez, lentamente, se rendía ante la gran evidencia. Era un invierno atroz del año 1909, y su curtido cuerpo y mente estaban en un trance que poca tenia de místico y bastante de puesta en escena de la miseria humana por su condición finita.

Gerónimo, el famoso jefe indio experto en sonadas emboscadas y maestro del camuflaje, el hombre que más bajas había causado al ejército norteamericano desde la fecha de su alzamiento contra el sistemático genocidio de aquellos anglosajones de ambición desmedida, iniciaba el gran transito que pocos días después lo arrancaría de este extraño lugar arrasándolo con una pulmonía de aquí te espero.

Y, como una cosa lleva a la otra, decir que el cielo es infinito sí, es una certeza, pero muy selectivo también: solo se entra a golpe de talonario o te quedas empantanado en el barro del purgatorio para los restos. Esa matemática tan absurda que nos han enseñado en la que dos y dos y un esfuerzo colosal suman para progresar adecuadamente y ser reconocido, tiene mucho de falacia. La experiencia de un parado o un ama de casa sumando perras gordas nos da la verdadera medida del tiempo sobre cómo llegar a fin de mes contando las monedas con cuentagotas y haciendo malabarismos para volver otra vez al día de la casilla de partida. Una cosa es la esencia de esa disciplina y otra bien distinta la de los meros números abstractos que, por sí mismos, sin contexto en el que relativizar o comparar, no dan para navegar por los meandros de la existencia. Si, el cielo debe de ser maravilloso, pero solo para los elegidos.

"Hijo de la paz y del silencio, se había visto obligado a combatir el desprecio y la ambición desmedida de los representantes de 'la civilización'"

Los blancos anglosajones WASP habían reducido a los indios a la mas absoluta miseria, y los habían condenado al infierno en vida. Morían de hambre, enfermedades infectocontagiosas, elementos de comorbilidad y toda suerte de humillaciones. Ni por asomo les salían las cuentas de finde mes a gentes que habían poseído la inmensa libertad de las inabarcables praderas por donde circulaban como Pedro por su casa con sus tradiciones animistas y panteístas.

Gerónimo lo tenía más claro que el caldo de un asilo y por ello se hizo acreedor de un lugar en la gloria a pesar de morir demonizado por la hipocresía de los que manejan los limites de la moral a su antojo.

En esa filosofía contable estaba este buen hombre curtido en soles inmisericordes, anchos e interminables desiertos y fugas de antología, un guerrero a su pesar que contaba sus batallas contra los rubicundos depredadores que venían arrasando desde el este, y que Gerónimo veía como una infinita cinta de Moebius cuyas fuentes inagotables de soldados azules nunca mermaban, mientras sus exiguas fuerzas debían de multiplicarse en ubicuas apariciones para desaparecer a gran velocidad. Este nativo de las praderas, hijo de la paz y del silencio, se había visto obligado a combatir el desprecio y la ambición desmedida de los representantes de 'la civilización'.

Agazapado en algún remoto lugar de la zona mejicana de Sierra Madre, antes de ser expropiada a sus naturales por el imperio del norte, zona en la que Gerónimo se movía como una lagartija entre los secarrales del desierto de Sonora y su aledaña y brutal orografía, huía y emboscaba, cribaba al ejército norteamericano de efectivos y se convertía en un fantasma. Era una pesadilla.

placeholder Grabado a un grupo de nativos en 1870 (Fuente: iStock)
Grabado a un grupo de nativos en 1870 (Fuente: iStock)

La dudosa veracidad de principios militares académicos e inamovibles y en apariencia incuestionables, es válida siempre y cuando no se apliquen a las guerras asimétricas, y Gerónimo lo sabía.

Este nativo apache se convirtió en el adversario más escurridizo al que los gobiernos de Estados Unidos y Méjico tuvieron que enfrentarse durante años, siendo un fugitivo célebre al escabullirse constantemente del poderoso ejército azul. La muerte de su madre y familia a manos de los uniformados, lo dejó en manos de una mujer mejicana que le enseñó el arte de las pócimas, ungüentos, rituales chamánicos y, la lengua española.

Las guerras apaches fueron una serie de conflictos convertidos en auténticos y salvajes enfrentamientos asimétricos en las que el ejército de los Estados Unidos entre 1861 y 1886 tuvo unas bajas descomunales. Finalmente, y tras 25 años de un enfrentamiento que se presumía interminable, combatientes civiles e indios renegados colaboraron en las campañas contra los nativos acorralándolos en Arizona. Inferiores en número y armamento, afrontaron las diferentes ofensivas militares gracias al excelente conocimiento del terreno. La tremenda aversión provocada por la prensa contra los nativos generó esa desmedida ambición contra ellos por parte de los “conquistadores del oeste”. El coste de esta larguísima guerra dejó exhaustas las arcas del erario público, pero, a la postre, como en todas las guerras acometidas por los EE. UU, siempre el que paga es el pueblo llano al que tan cínicamente llaman el contribuyente en beneficio de un grupo muy selecto de vendedores de muerte.

"Jefes de la categoría de Toro Sentado, Cochise, Mangas Coloradas y otros muchos, defendieran formas de vida más acordes de comunión con la naturaleza"

Aunque, en puridad, la insurrección de los apaches había comenzado ya en 1821 tras la independencia de México, hay que destacar que, durante la época del virreinato de Nueva España, una extensión de más de 7.000.000 de Km2, solo hubo conflictos esporádicos entre los comanches y los entrenados Dragones de Cuera, y estos fueron muy puntuales. Se podría decir que los apaches vivían integrados o cohabitaban sin fricciones con los españoles, mercadeando en los “presidios” y las misiones franciscanas. Los que venían desde el este tenían otro punto de vista.

Las Guerras Indias no solo acabaron con un Gerónimo en estado de gracia (al principio de sus increíbles hazañas, aunque más tarde su autodestrucción ante la impotencia de enfrentar un porvenir negro lo llevaran a la tumba). Jefes de la categoría de Toro Sentado, Cochise, Mangas Coloradas y otros muchos, defendieran formas de vida más acordes de comunión con la naturaleza, pero a la postre fueron fagocitados por el depredador gen anglosajón.

Prescott Bush, padre de la saga de los Bush, una familia muy peculiar abonada a la idea de la impunidad y a crear problemas donde no los había, según dice la leyenda (y los hechos) fue el primero en conservar en un lugar secreto a través de la famosa (por racista) sociedad de los Skulls&Bones, los cráneos de los enemigos de Norteamérica. Algunos de ellos ,como es el caso de Pancho Villa, Gerónimo, Torrijos, y otros luchadores contra el imperio caníbal, al parecer habitan en cálidas y reconfortantes urnas de formol en algún lugar indeterminado.

Leyenda, especulación o verdad la de un pueblo que desde su fundación lleva 246 años en continua guerra sin pararse a tomar un respiro. Con una filosofía así tarde o temprano te encuentras la horma de tu zapato. Gerónimo fue uno de esos casos.

Este texto es un homenaje a su memoria.

“Si soplas sobre brasas, las enciendes y si escupes sobre ellas, las apagas, y ambas cosas salen de tu boca.

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