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¿Cómo es posible que sigan en pie las moles arquitectónicas de la Antigua Roma?
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SECRETOS DEL MUNDO ANTIGUO

¿Cómo es posible que sigan en pie las moles arquitectónicas de la Antigua Roma?

Viajamos al Panteón de Agripa para tratar de descubrir la receta con la que este templo ha resistido incólume a tantos siglos de historia

Foto: El Panteón de Agripa en la actualidad. (iStock)
El Panteón de Agripa en la actualidad. (iStock)

"Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo". Cualquiera que haya visitado Roma, y más concretamente el imponente Panteón de Agripa, se habrá quedado ensimismado en la plaza donde dicha edificación se encuentra. Sin duda alguna, este templo romano construido entre los años 118 y 125 d. C. transmite a la perfección al ingenuo visitante todo el peso (y paso) de la historia. Su inscripción de la parte frontal es el testamento de una obra arquitectónica que pretendía reunir en su interior a todas las deidades ('Pantheon', en lengua latina significa "templo de todos los dioses") que en su día habitaban el mundo antiguo. Un objeto fuera de tiempo, un legado de piedra y roca que ha sobrevivido hasta nuestro siglo, llenando sus calles adyacentes de turistas armados de tecnología punta, fotografiando sin cesar esta colosal construcción como si fuera parte de un sueño o de una película, un regreso visual al pasado más remoto del corazón de nuestra civilización por parte de aquellos que fueron la mayor influencia a la hora de desarrollar planes de urbanismo, dirigir campañas militares o sentar las bases del derecho.

Y, sin embargo, ahí está: de pie, imperturbable al paso de los siglos y de los imperios, intacto a la destrucción de las guerras y los desastres naturales. No obstante, no tuvo la misma suerte a los pocos años de ser erigido, pues el que vemos nosotros hoy es el resultado de una obra en ruinas, de un templo anterior que mandó construir Marco Agripa dos siglos antes y que fue destruido por un incendio en el año 80 y posteriormente por un rayo en el 110. Por esto mismo podemos entender la historia a veces como si fuera caprichosa, pero en el caso del Panteón es como si sus robustos cimientos de hormigón parecieran protegerlo de las inclemencias bélicas o naturales que han ido aconteciendo desde su fundación.

"Los romanos querían que su hormigón fuera reactivo y eligieron un agregado volcánico que regenerara el material con el paso de los años"

¿A qué se debe esto? Todavía, a pesar de las grandes innovaciones de ingeniería, los científicos siguen sorprendidos de cómo los romanos en aquella época pudieran dar a luz a semejantes construcciones como el Panteón. La mayoría concluyen que el secreto está en la receta de cemento que usaron que, a pesar de no haberlo inventado, resultó extremadamente duradero y estable como para seguir siendo usado a día de hoy, tantos siglos después. A partir de una mezcla de piedras calizas horneadas y trituradas con rocas volcánicas de distintos tipos, los ingenieros romanos inventaron un hormigón superresistente de una dureza de la que pueden llegar a adolecer los cementos modernos.

Un hormigón único

Según explica Marie Jackson, geóloga de la Universidad de Utah, en un reciente artículo de la 'BBC' sobre el tema, el secreto está en las piedras volcánicas usadas, las cuales se mantienen activas químicamente a lo largo de los siglos, reforzando las pequeñas grietas que puedan formarse en su superficie y evitando que se produzca un efecto dominó con ellas por toda la estructura. "Los cementos de hoy en día no están pensados para que puedan cambiar químicamente, y si lo hacen tendrían un efecto negativo", asegura. "Los romanos querían que su hormigón fuera reactivo y eligieron un agregado volcánico que regenerara el material con el paso de los años".

Foto: Vistas de la ciudad de Roma (Flickr/Moyan Brenn)

Jackson es una de las mayores especialistas en el cemento romano del mundo. En 2014 ella y su equipo revelaron en un estudio la presencia de ettringita, un mineral muy especial localizado en las piedras volcánicas que, al añadirlo a las rocas calizas, recubre las "zonas interfaciales" de la capa de hormigón, es decir, aquellas más propensas a agrietarse o a sufrir deterioros en la superficie. Sin embargo, volvieron a hacer una revisión de sus hallazgos y descubrieron que no solo el material se mantenía duro y firme gracias a este mineral, sino también a otro rico en potasio que afloraba en distintas partes de Roma y que también tiene origen volcánico: la leucita.

En otro estudio de 2021 resolvieron que la leucita se había disuelto con el paso de los siglos, liberando el potasio por toda la estructura de hormigón, lo que en un primer momento se pensó que debería ser la causa de grietas como sucede con el cemento moderno. Pero este potasio disuelto, al contrario de lo que sucedería con el cemento de hoy en día, acabó funcionando como un "pegamento químico" que endurece la base del hormigón, haciéndola más resistente a los fenómenos naturales y al clima.

El misterio de la cúpula

Nueve metros de diámetro por los que poder ver los siete cuerpos celestes más cercanos a la Tierra según la estación del año: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, el Sol y la Luna. El óculo que preside la cúpula del Panteón filtra la luz hacia el interior y sirve de punto de unión de esta semiesfera de 5.000 toneladas sobre la que se han escrito ríos de tinta para intentar explicar esa geometría perfecta que la mantiene en pie sin necesidad de ningún elemento de sujeción adicional. En su interior, cinco hileras concéntricas de 28 cuadrículas cada una, un número que los romanos veneraban por su perfección, ya que se obtenía a partir de la suma de sus divisores naturales a excepción de él mismo (1+2+4+7+14).

placeholder Una auténtica maravilla de la arquitectura antigua. (iStock)
Una auténtica maravilla de la arquitectura antigua. (iStock)

Una de las explicaciones para argumentar cómo es posible que semejante peso pueda seguir siendo sostenido por la base está en las propias cuadrículas. Al ser huecas y perfectamente simétricas, redujeron la tensión de tracción, es decir, la fuerza que se opone al estirar un cuerpo, haciéndola mucho más ligera. En el documental 'Roma: Construir lo imposible' corroboran esta teoría, además de volver a incidir en las mezclas que obtenían con el hormigón, en este caso añadiendo cenizas de puzolánica, las cuales generaban resistencia de tracción. Y, por otro lado, la composición de dicho material no es la misma en sus niveles inferiores que en los superiores: los romanos aligeraron la mezcla con piedra pómez en vez de usar travertino en la parte más alta, para que así pudiera sostenerse.

"Marco Agripa, hijo de Lucio, cónsul por tercera vez, lo hizo". Cualquiera que haya visitado Roma, y más concretamente el imponente Panteón de Agripa, se habrá quedado ensimismado en la plaza donde dicha edificación se encuentra. Sin duda alguna, este templo romano construido entre los años 118 y 125 d. C. transmite a la perfección al ingenuo visitante todo el peso (y paso) de la historia. Su inscripción de la parte frontal es el testamento de una obra arquitectónica que pretendía reunir en su interior a todas las deidades ('Pantheon', en lengua latina significa "templo de todos los dioses") que en su día habitaban el mundo antiguo. Un objeto fuera de tiempo, un legado de piedra y roca que ha sobrevivido hasta nuestro siglo, llenando sus calles adyacentes de turistas armados de tecnología punta, fotografiando sin cesar esta colosal construcción como si fuera parte de un sueño o de una película, un regreso visual al pasado más remoto del corazón de nuestra civilización por parte de aquellos que fueron la mayor influencia a la hora de desarrollar planes de urbanismo, dirigir campañas militares o sentar las bases del derecho.

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