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"Si trabajamos todos juntos, en 10 o 15 años se podría hablar del fin del cigarrillo"
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ENCUENTRO DIGITAL CON LECTORES-PHILIP MORRIS

"Si trabajamos todos juntos, en 10 o 15 años se podría hablar del fin del cigarrillo"

El director científico de Philip Morris respondió a las preguntas de los lectores y analizó la situación actual y previsiones para un futuro próximo del tabaquismo en España

A medida que se ha ido teniendo la evidencia científica de que fumar perjudica seriamente la salud, no han dejado de implementarse medidas políticas, sociales y sanitarias encaminadas a eliminar el consumo de tabaco. No obstante, los datos muestran que se trata de un hábito muy difícil de erradicar: la última Encuesta Sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones en España (EDADES), elaborada por el Ministerio de Sanidad en 2020, indica que, por detrás del alcohol, el tabaco es la sustancia psicoactiva más consumida en España entre la población de 15 a 64 años.

Esta es la radiografía actual, pero las previsiones para un futuro próximo no son muy alentadoras: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2025 se espera que sean más de 1.200 millones los consumidores de tabaco en el mundo. Estos datos sugieren que las medidas tradicionales de control del tabaquismo han agotado su potencial para reducir significativamente el número de fumadores, y apuntan la necesidad de encontrar enfoques innovadores para conseguir un mundo libre de humo.

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De estos enfoques innovadores se ha hablado en el transcurso del encuentro digital ‘La reducción del daño en el ámbito del tabaquismo’, en el que los lectores han podido preguntar sus dudas a Ignacio González-Suárez, doctor en Bioquímica y Biología Molecular, y actual director científico de Philip Morris International, quien ha explicado las claves de las posibles alternativas científicas al cigarrillo.

La cuestión que más veces se ha puesto sobre la mesa es la del daño real que hace el tabaco. En este sentido, el experto ha querido hacer hincapié en que “los datos científicos son muy claros: lo mejor que puede hacer una persona es no empezar a fumar. Y, si ya es fumador, lo mejor es que lo deje. Pero la realidad es que muchos fumadores continúan fumando a pesar de que saben que es perjudicial”. Así, en España todavía hoy fuma una de cada tres personas, un número que no ha experimentado cambios significativos en los últimos 20 años.

Prevención y cesación

En estos años, las políticas se han centrado en dos pilares: la prevención -para evitar que las personas comiencen a fumar- y la cesación, para conseguir que los fumadores cesen en su hábito. Puesto que los datos muestran que estas políticas no han sido capaces de aminorar el número de personas que fuman, la pregunta planteada por un lector es la de qué otras medidas se pueden implementar; en este sentido, González-Suárez señala que “es aquí donde entra la estrategia de reducción de riesgo. Como su propio nombre indica, se trata de reducir el riesgo de una actividad cuando sabemos que es inevitable que se produzca”.

Es decir, se trataría de asumir que hay personas que no van a dejar de fumar y de ofrecerles “productos alternativos que hayan demostrado científicamente que son menos perjudiciales para la salud que continuar fumando”.

Entre estos productos alternativos se encuentran el tabaco calentado o los cigarrillos electrónicos. Con respecto a ellos, los lectores han planteado sus dudas en torno a en qué se diferencian del cigarrillo clásico y por qué se consideran que son menos perjudiciales. Desde su experiencia como biólogo molecular y experto en el desarrollo de enfermedades, González-Suárez ha explicado la importancia de comprender cuáles son las causas de las enfermedades asociadas al cigarrillo. “Para entender el problema, hay que saber que, cuando un cigarrillo se enciende, se quema el tabaco y se producen la combustión y el humo”.

La clave está en el humo

El humo que libera un cigarrillo tradicional contiene muchos químicos generados por la combustión (quemado) del tabaco y de sus aditivos: en concreto, alrededor de 100 sustancias tóxicas, y según la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos), 15 son dañinas o potencialmente dañinas. “Estas sustancias son la causa principal de las enfermedades asociadas al cigarrillo”, ha asegurado el experto.

¿Y qué papel juega la nicotina? En realidad, ha explicado el director científico de Philip Morris, esta sustancia es la principal causa de adicción. Es decir, es la más importante razón por la que se fuma y “es un compuesto que no tiene riesgo cero y que, en grandes cantidades, puede ser tóxico. Pero es muy importante separarlo del resto de los tóxicos que vienen con el cigarrillo. Evidentemente, cuando un fumador fuma un cigarrillo, lo hace por la nicotina, pero con ella está inhalando todas esas sustancias tóxicas”.

Esta información es la base en la que se sustentan las herramientas de reducción de daño. En los últimos años, los avances en ciencia y tecnología han permitido el desarrollo de productos alternativos que “están diseñados para no quemar el tabaco; de esa manera, no se produce humo y se reducen los niveles de los compuestos tóxicos que están presentes en el humo del cigarrillo". A la pregunta de si estos productos logran eliminar por completo estos niveles, el experto ha recalcado que "no se eliminan por completo; por eso, estos productos no tienen riesgo cero. La mejor opción que tiene un fumador preocupado por su salud es dejar de fumar”.

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El respaldo de la ciencia

Una de las cuestiones que estuvo muy presente en las preguntas de los lectores es la evidencia científica detrás de estas alternativas. ¿En qué se basa la estrategia de reducción de daños para considerarse verdaderamente una mejor opción frente al cigarrillo? ¿Es creíble la ciencia que hay detrás de estos productos? “Soy consciente de que trabajo en una empresa controvertida, con un pasado negro y un déficit de credibilidad”, reconoció Ignacio González-Suárez, para añadir a continuación que “el pasado no se puede cambiar, pero podemos recuperar la credibilidad con rigor científico y con transparencia. Hemos hecho numerosos estudios con los más altos estándares de calidad, los hemos compartido y cualquiera puede verlos. Además, cada vez hay más estudios independientes que están en línea con nuestros resultados. Y las agencias reguladoras han evaluado miles de artículos y en sus informes se concluye que estos productos alternativos no tienen riesgo cero, pero sí reducen los niveles de tóxicos”. En su opinión, se trata de tener “una mente crítica, pero también abierta, para entender estas conclusiones y creer en los resultados científicos”.

Una vez explicados los riesgos del cigarrillo y las alternativas, los lectores también plantearon que hay mucha confusión en torno a los efectos de los cigarrillos electrónicos. En este sentido, el experto insistió en “la importancia de que se proporcione información clara, concisa y que no dé lugar a errores, acerca de lo que estas alternativas son y lo que no son. Para que así, al final, sea el consumidor el que tome una decisión informada sobre lo que quiere hacer”.

La cuestión acerca de cómo regular las estrategias de reducción de daño también ha surgido en el encuentro. En opinión del biólogo molecular, hay dos posturas diferenciadas en torno a una reducción del riesgo relativo frente a una reducción absoluta: “Por un lado, hay organismos y expertos que dicen que estas alternativas no tienen riesgo cero, no son cien por cien seguras y, por tanto, no deben ser consideradas; para ellos, la única opción posible es dejar de fumar. Por otro lado, lo que los datos científicos dicen es que hay una realidad: mucha gente no va a dejar de fumar y necesitan algo más. No son la mejor opción, pero sí son preferibles. Es importante tenerlo en cuenta, porque, si no consideramos estas alternativas, se llega a la posición ‘quit or die’, es decir, o dejas de fumar o asumes las consecuencias. Y hay organismos que están de acuerdo en que esto es preferible”.

¿Y cómo podrían implementarse estas políticas reguladoras? La cuestión, ha contestado González-Suárez, pasaría por “alcanzar un equilibrio en el que se proteja al no fumador para prevenir que comience a utilizar estos productos, pero también se garantice el acceso a ellos para aquellos fumadores adultos que, de otro modo, van a continuar fumando. Y siempre dando información veraz”.

Una estrategia complementaria

Esta es la línea que se está siguiendo ya en otros lugares. Países como Reino Unido, Estados Unidos o Nueva Zelanda, entre otros, ya contemplan dentro de sus estrategias de control del tabaquismo el uso de otras alternativas menos dañinas al cigarrillo convencional para los casos en los que no sea posible la deshabituación tabáquica. De tal modo -y de forma complementaria a las estrategias existentes de cesación y prevención- se trabaja no solo en reducir la cifra de fumadores, sino también en reducir el daño para la salud de quienes siguen fumando.

Con respecto al futuro, y para cerrar el encuentro, Ignacio González-Suárez reveló cuál es la visión de Philip Morris: “El objetivo de la compañía es un mundo libre del humo de cigarrillos; lo que queremos es que ocurra lo antes posible y estamos poniendo todo nuestro esfuerzo en ello. Hemos invertido en los últimos más de ocho mil millones de dólares en el desarrollo y la evaluación científica de estos productos, y más del 99% de nuestra inversión en i+D va a estos productos. Hoy ya hay más de 20 millones de personas que los utilizan; de ellos, el 70% han dejado el cigarrillo. Pero nosotros no podemos hacerlo solos, necesitamos trabajar con otros estamentos. Si conseguimos trabajar todos juntos y que haya un marco regulador adecuado, y lo conseguimos en muchos países, en diez o quince años se podría hablar del fin del cigarrillo”.

A medida que se ha ido teniendo la evidencia científica de que fumar perjudica seriamente la salud, no han dejado de implementarse medidas políticas, sociales y sanitarias encaminadas a eliminar el consumo de tabaco. No obstante, los datos muestran que se trata de un hábito muy difícil de erradicar: la última Encuesta Sobre Alcohol, Drogas y otras Adicciones en España (EDADES), elaborada por el Ministerio de Sanidad en 2020, indica que, por detrás del alcohol, el tabaco es la sustancia psicoactiva más consumida en España entre la población de 15 a 64 años.

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