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Por qué el hombro es un desastre de la evolución humana
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CURIOSIDADES ANATÓMICAS

Por qué el hombro es un desastre de la evolución humana

En comparación al de nuestros antepasados primates, dista mucho de ser tan fuerte y resistente. Pero eso no quiere decir que haya evolucionado para ser mucho más útil

Foto: Foto: iStock.
Foto: iStock.

Uno de los sistemas articulares más complejos del cuerpo humano, si no el que más, es el hombro. No en vano une tres huesos, dotándoles de movimiento: el omóplato, la clavícula y el húmero. En las radiografías podemos apreciar toda su complejidad: basta detenerse en su composición para quedar asombrados de cómo esta conjunción de huesos es la responsable de la mayor parte de los movimientos que realizamos, tanto parados como en movimiento, aunque estos sean imperceptibles.

Uno de los aspectos más curiosos es que tiene una baja estabilidad relativa, es decir, si no fuera por los tendones, manejarlo y ejecutar movimientos sería prácticamente imposible. De ahí que las lesiones en esta zona sean tan dolorosas y necesiten tanto tiempo de recuperación, al igual que en otro de los huesos que une como la clavícula, esencial a la hora de mantener los hombros alineados con el cuello y la caja torácica.

"Los efectos secundarios de tener un omóplato distinto al de nuestros antepasados es que somos más propensos a sufrir dislocaciones, tendinitis, pinzamientos, artritis..."

Pero si lo comparamos con otros animales, especialmente con los que son nuestros antepasados evolutivos como los monos y chimpancés, el hombro humano adolece de ciertas carencias que lo hacen tan propenso a las molestias, roturas y lesiones. En primer lugar, como decíamos, depende de los ligamentos, músculos y tendones para estar bien sujeto y realizar movimientos. En concreto, del llamado manguito rotador, una unión de cuatro músculos (el supraespinoso, el infraespinoso, el redondo menor y el subescapular) que lo estabilizan e impiden que la cabeza del húmero se desplace de modo no natural a la hora de elevar el brazo.

En segundo lugar, si observamos el comportamiento de nuestros antepasados primates podremos intuir que su hombro es mucho más perfecto que el nuestro; en caso contrario, no podrían saltar de liana en liana y balancearse en los espesos bosques tropicales. Esto se debe a que su omóplato apunta hacia arriba y el nuestro hacia abajo, lo que le hace mucho más fuerte y flexible, como podemos ver en la siguiente ilustración extraída de un vídeo del canal 'Cheddar' que argumenta por qué nuestra articulación es mucho más imperfecta que la de los chimpancés.

placeholder Captura del vídeo de 'Cheddar'. (YouTube)
Captura del vídeo de 'Cheddar'. (YouTube)

"Los efectos secundarios de tener un omóplato con esta forma es que somos más propensos a sufrir dislocaciones, tendinitis, rotura del manguito rotador, pinzamientos, artritis, capsulitis adhesiva u hombro congelado y, por supuesto, fracturas", asegura el profesor de biología Nathan Lents, de la Universidad John Jay, en dicho vídeo. A decir verdad, la articulación une tres huesos, como decíamos, pero en realidad estos son muy pocos, pues del tronco está completamente desconectado, lo que le confiere un carácter flotante y, con ello, más propenso a los problemas.

Una cuestión de flexibilidad, no de fuerza

Además, "el manguito rotador no es muy fuerte en comparación a otros que rodean la articulación, pero sí muy flexible", recalca el profesor. Como es evidente, el manguito ayuda a la movilidad mientras que los otros, como el trapecio o el deltoides, están dedicados al levantamiento de peso, ya que también están conectados al bíceps. Por ejemplo, sobre ellos recae el peso de algo cuando nos lo echamos a los hombros. Esta es la razón por la que dependiendo de la posición que adoptemos y dónde coloquemos el peso, nuestros hombros corren el riesgo de lesionarse, puesto que si lo cargamos sobre el manguito rotador, este se resentirá, dejará de ser tan flexible y, por tanto, nos provocará dolor en la zona.

"Creemos que realizar lanzamientos fue algo crucial en nuestro proceso evolutivo, ya que gracias a ello nos convertimos en cazadores"

Aquí también reside la 'maldición' que la evolución ha reservado al hombro humano. A medida que fuimos avanzando del 'homo erectus' (el cual tendía a vivir en una posición más inclinada y demostraba una gran habilidad para moverse entre los árboles), al 'homo sapiens' surgieron nuevas necesidades articulares que con el paso de los siglos empezaron a desarrollarse. Si observamos a otros animales que caminan a cuatro patas, sus hombros son más fuertes y resistentes que los nuestros porque los necesitan para desplazarse. En cambio, en cuanto evolucionamos, los brazos dejaron de servirnos para trepar y balancearnos por los árboles y empezaron a resultarnos útiles para cazar con lanzas rudimentarias o para golpear.

Es por ello por lo que el hombro es una articulación tan importante, ya que siempre está en movimiento en cada actividad diaria. Sin ir más lejos, la activación del hombro y del omóplato es esencial para cualquier deporte que hagamos, desde el fútbol que no emplea los brazos hasta el baloncesto (por supuesto), el golf o el balonmano. Y, sobre todo, a nuestros antepasados históricos les sirvió para lanzar objetos, algo que a ningún otro animal se le ocurrió hacer, como explica Lens.

Foto: Fuente: iStock.

"Esto se debió a nuestro manguito rotatorio", prosigue el profesor. "Creemos que realizar lanzamientos fue algo crucial en nuestro proceso evolutivo, ya que gracias a ello nos convertimos en cazadores. Y eso hizo que nuestro hombro se hiciera flotante en comparación con el de otras especies". Otra de las características esenciales es que aprendimos a utilizar más músculos en esos lanzamientos, de ahí que la mayor parte de las lesiones en el hombro en la actualidad sean provocadas por un desigual reparto de la fuerza entre los diferentes músculos que intervienen en la actividad de lanzar. Y esto, nuevamente, fue solo posible al carácter flotante de la articulación, lo que la hizo mucho más débil respecto a la de nuestros antepasados primates, pero no por ello menos útil.

Uno de los sistemas articulares más complejos del cuerpo humano, si no el que más, es el hombro. No en vano une tres huesos, dotándoles de movimiento: el omóplato, la clavícula y el húmero. En las radiografías podemos apreciar toda su complejidad: basta detenerse en su composición para quedar asombrados de cómo esta conjunción de huesos es la responsable de la mayor parte de los movimientos que realizamos, tanto parados como en movimiento, aunque estos sean imperceptibles.

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