Los sombreros más curiosos de la historia, explicados
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Los sombreros más curiosos de la historia, explicados

Miles de años han dado para mucho, e incluso grandes personajes de la humanidad no se conciben en el imaginario colectivo sin el característico sombrero que los acompañaba

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El sombrero y el ser humano han recorrido un camino común de la historia durante mucho tiempo, pues se trata de una de las prendas que más se ha utilizado en todas las épocas y en todas sus variantes. La razón es sencilla: en general era usado por el campesinado porque servía para proteger de la lluvia y el sol, aunque en tiempos de Carlos VIII comenzó a usarse en ciudades y a popularizarse. De hecho, fue hace bien poco cuando cayó en desuso: en los albores del siglo pasado, con las dos guerras, no eran especialmente útiles, y después comenzaron a ser considerados refinados y clásicos, más propios de gente mayor.

Pero miles de años han dado para mucho, e incluso grandes personajes de la humanidad no se conciben en el imaginario colectivo sin el característico sombrero que los acompañaba. Desde el frigio (una especie de capucha cónica que se usaba en Anatolia) al pétaso (sombrero redondo que llevaban los efebos griegos en el gimnasio), muchos se han perdido en el tiempo y la mayoría de la gente sabe poco acerca de ellos. Hoy hacemos un recorrido por algunos de los más curiosos (y graciosos) de todos.

La libertad del píleo

Uno de los sombreros más antiguos que se conocen tiene una historia digna de ser contada. El píleo era algo así como un pétaso sin alas (al dios Hermes se le solía representar con este sombrero, de ahí lo de las alas). Se usó tanto en la Antigua Grecia como en la Roma clásica, y era un sombrero de viaje, fabricado en cuero o en fieltro. Generalmente servía también para reconocer las estatuas que representaban a los Dioscuros (Cástor y Polux).

En la Antigua Roma los esclavos podían ser liberados por sus dueños en una ceremonia que incluía la colocación del píleo sobre la cabeza del hasta entonces esclavo

Los espartanos adoptaron el casco píleo. Pero quizá lo más interesante es que en la Antigua Roma los esclavos podían ser liberados en una ceremonia que incluía la colocación del píleo por parte del amo sobre la cabeza del hasta entonces esclavo. Era algo así como la representación de la libertad.

El bicornio de Napoleón

El sombrero que todos reconocemos gracias al corso, aunque otros como Simón Bolívar también se apuntaron a la moda. En origen, tenía alas anchas recogidas hacia arriba y fue adoptado por los oficiales de alto rango militar (después por embajadores y demás diplomáticos).

Los estudiantes pobres de la Universidad de Salamanca llevaban en el bicornio una cuchara

Lo curioso es que se le solía llamar sombrero de brazo (o 'chapeau de bras') porque se podía plegar cuando uno se lo quitaba y llevarse cómodamente bajo el brazo. Los estudiantes pobres de la Universidad de Salamanca llevaban en el bicornio una cuchara, con la que comían en los conventos la sopa boba.

placeholder Napoleón Bonaparte.
Napoleón Bonaparte.

El casco vikingo

Nadie pone en duda que los vikingos usaran casco, ni mucho menos, pero lo de los cuernos es bastante ridículo y poco útil para la batalla. En realidad comenzaron a hacerse populares en las óperas del siglo XIX (especialmente en las de Richard Wagner), aunque solo son un invento de los que diseñaron el vestuario han llegado hasta nuestros días.

El gat coreano

Ahora que las producciones coreanas de época están en el punto de mira, mucha gente comienza a familiarizarse con su vestido tradicional: el hanbok, utilizado durante la dinastía Joseon. Está hecho con crines de caballo sujetos a un marco de bambú, la mayoría son cilíndricos y tienen un ala muy grande.

placeholder Ilustración del sombrero tradicional coreano.
Ilustración del sombrero tradicional coreano.

Durante el siglo XIX solo podían llevarlos hombres casados de clase media, y hubo un tiempo en que el negro solo podían llevarlo aquellos que habían pasado el examen gwageo (examen para el servicio civil nacional).

El gorro de burro

Tiene una historia muy interesante. El sombrero hecho de papel con forma de cono, un clásico de nuestro imaginario popular, siempre se ha relacionado con las aulas y los alumnos más traviesos o patosos, a los que se les ponía como castigo burlón y humillante para demostrar su ignorancia. En realidad su origen está en el siglo XIII, de la mano del escocés John Duns Scoto, teólogo y filósofo perteneciente a la escolástica.

placeholder Un niño desconsolado llora al fondo con su gorro de burro, en 1770.
Un niño desconsolado llora al fondo con su gorro de burro, en 1770.

Por algún motivo, Scoto creía que su sombrero mejoraba el aprendizaje actuando como una especie de embudo del conocimiento, pero con el paso del tiempo sus enseñanzas comenzaron a condenarse y ridiculizarse, y el sombrero pasó a ser el sinónimo de 'los tontos'.

El pickelhaube

Probablemente no te lo pondrías para salir a la calle, pero no te agobies por su pincho porque es puramente decorativo. El sombrero favorito de Otto Von Bismark en realidad se puso de moda un poco antes: fue diseñado en 1842 por el rey Federico Guillermo IV de Prusia y su uso se fue extendiendo lentamente a otros estados alemanes y luego a otros países europeos.

placeholder Otto von Bismarck con su sombrero predilecto.
Otto von Bismarck con su sombrero predilecto.

Durante la Primera Guerra Mundial estaban hechos de cuero, pero como no eran muy útiles fueron sustituidos por los cascos de acero. En la actualidad forma parte del imaginario colectivo porque se utilizaba incansablemente en la propaganda antialemana. Tuvo tiempos mejores.

El fedora de los tipos duros

Si Humphrey Bogart no hubiera llevado su característico sombrero en 'Casablanca', probablemente hubiera perdido parte de su atractivo. Él y otros tipos duros y molones del cine clásico lo llevaron en la década de los años 30, y es tan famoso como el sombrero de las flappers.

El fedora comenzó a comercializarse pensando en las mujeres en la década de 1880, y fue la actriz Sara Bernhardt la que lo puso de moda

En realidad, el fedora comenzó a comercializarse pensando en las mujeres en la década de 1880, y fue la actriz Sara Bernhardt la que lo puso de moda (protagonizó una obra de teatro en 1882 llamada así).

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En 1921 fue el Príncipe Eduardo el que empezó a usarlo y consiguió convertirlo en moda masculina, llegando a ser el favorito de muchos hombres en Estados Unidos y Gran Bretaña. Se mantuvo un par de décadas, pero perdió popularidad en los 60 (algunos culpan a JFK de su caída). Cosas del directo.

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