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La ciencia que no hacía falta: estas son las investigaciones más absurdas del año
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La ciencia que no hacía falta: estas son las investigaciones más absurdas del año

Los Ig Nobel reconocen el esfuerzo de la comunidad científica, pero el esfuerzo por poner a prueba cosas que se acercan a lo absurdo

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Cada año se publican cientos de estudios sobre cientos de cosas. La ciencia, aunque con hándicaps, no deja de seguir buscando, investigando, observando para acercar respuestas a pequeñas y grandes preguntas. Sin embargo, entre tanto estudio también se cuela algún que otro texto que, más bien, resuelve preguntas pequeñísimas o, directamente, no resuelven nada. Son tantos que existen unos premios a los estudios científicos más absurdos. Y estos son los resultados de 2021.

Los Ig Nobel reconocen el esfuerzo de la comunidad científica, pero el esfuerzo por poner a prueba cosas que se acercan a lo absurdo. Cuestiones innecesarias que nunca nadie se ha preguntado, no porque hayan pasado desapercibidas, sino porque no hace falta preguntarse nada sobre ellas. Este último año, la ceremonia ha compartido investigaciones de lo más curiosas.

Foto: Fuente: iStock.

Se trata de unos premios creados por la revista de humor científico 'Annals of Improbable Research'. Sí, existe una revista así, algo que tampoco te habrías preguntado, y aunque todo su contenido es en tono de broma, las investigaciones que reconoce no lo son. Ahí van:

¿Es algo bueno o malo?

La primera y uno de los platos fuertes es la investigación llevada a cabo por Robin Radcliffe y su equipo de expertos de la Universidad de Cornell. Estos investigadores colgaron a 12 rinocerontes boca abajo durante 10 minutos para averiguar si la salud de estos animales puede verse comprometida cuando cuelgan de sus patas debajo de un helicóptero. Porque, ¿qué no podría pasar al colgar un rinoceronte bocabajo en un helicóptero? Además de sentido, también parece que le falta ética.

Aunque habría un argumento en el fondo de todo esto, y es que querían probar si esta es la mejor manera de transportar a los rinocerontes, en lugar de simplemente moverlos hacia abajo o de lado."Cuando me enteré del premio Ig Nobel no estaba seguro si era algo bueno o malo. Pero creo que para nosotros se trata de ese mensaje, de que 'te hace reír y luego pensar'", declaró Radcliffe tras ganar su premio.

Foto: Fuente: NASA / JPL-Caltech

Por su parte, el Premio de Biología fue para Susanne Schötz, por analizar variaciones de los ronroneos, murmullos, maullidos, gruñidos, gemidos, parloteos, trinos, chillidos, gorjeos, silbidos, aullidos y otros modos de comunicación entre gatos y humanos. Aunque esta no nos diga nada, suena sencillamente demasiado tierna.

Las bacterias de los chicles

El Premio de Economía ha ido directo a las manos de Pavlo Blavatskyy, por descubrir que la obesidad de los políticos en un país puede ser un buen indicador de la corrupción que existe en esa nación.

También hay Premio de Ecología. Este ha sido para Leila Satari y sus compañeros, por utilizar el análisis genético para identificar las diferentes especies de bacterias que se alojan en los chicles desechados y que terminan pegados en las aceras de varios países.

Foto: El estudio incluye una encuesta a 3.300 personas (Unsplash)

Por supuesto, no podía faltar el Premio de Medicina que robó el aplauso para Olcay Cem Bulut y su equipo de investigadores, por demostrar que los orgasmos pueden ser tan efectivos como los medicamentos descongestionantes y así mejorar la respiración nasal.

Un análisis del cine inesperado

Y en cuanto al premio de Química, llegó directo a Jörg Wicker y su equipo, por analizar químicamente el aire que circula dentro de las salas de cine, y probar si los olores producidos por una audiencia indican de manera confiable los niveles de violencia, sexo, comportamiento antisocial, uso de drogas y malas palabras en la película que están viendo.

Como ya es costumbre, los Ig Nobel los entregaron por verdaderos premios Nobel, entre ellos Frances Arnold (química, 2018), Carl Weiman (física, 2001) y Eric Maskin (economía, 2007).

Los ganadores obtuvieron un trofeo de papel que tenían que ensamblar ellos mismos a partir de una impresión en PDF y un premio en efectivo en forma de un billete de Zimbabue falso de 10 trillones de dólares.

Ojo: los premios Ig Nobel no son una burla, solo una broma. Sus creadores sostienen que solo pretenden ser una ofensa al estilo de los Razzies, pues más bien son premios a grandes investigaciones que “primero deberían hacerte reír pero luego hacerte pensar”.

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