Los perros también pueden sufrir TOC: estas son las señales para identificarlo
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Ojo a las repeticiones

Los perros también pueden sufrir TOC: estas son las señales para identificarlo

El Trastorno Obsesivo-Compulsivo es uno de los problemas conductuales más frecuentes y más estudiados en medicina veterinaria de pequeños animales

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El Trastorno Obsesivo-Compulsivo es una condición de la salud mental con tres características principales en personas: pensamientos involuntarios, irracionales, y repetitivos, llamados obsesiones, y la aparición de ansiedad, angustia y miedo que llevan a realizar acciones compulsivas con el fin de reducir este estado. Esta es la descripción que la International OCD Foundation apunta sobre el TOC. Sin embargo, este comportamiento involuntario de la mente no sucede solo en seres humanos, también otros animales como los perros pueden sufrirlo.

Según han descubierto los veterinarios G. Quintana, R. Álvarez en un estudio publicado por la Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA), los factores del TOC en perros son múltiples, pero sus principales síntomas se localizan en la piel. Aunque, en realidad, las señales cutáneas son el resultado de los síntomas internos. A veces, esto último no es fácil de detectar, por ello los autores de la investigación ofrecen una serie de claves para poder conocer mejor y ayudar a nuestras mascotas.

Foto: Un labrador inclina la cabeza. (iStock)

Dermatitis, heridas, alopecia, y comportamientos repetitivos que, aunque puedan parecer normales en un perro, no lo son. El TOC es “uno de los problemas conductuales más frecuentes y más estudiados en medicina veterinaria de pequeños animales”. Según los expertos, en estos casos el animal persiste en la acción y es incapaz por sí solo de parar sin la intervención de un estímulo externo.

Herencia y traumas

El TOC canino suele darse como consecuencia de traumas en el animal, como el haber sido separado de su madre muy rápidamente, haber quedado abandonado o haber sufrido accidentes en sus primeros años. La aparición del trastorno se produce en estos casos como válvula de escape para el perro. Sin embargo, los profesionales también apuntan a la herencia genética como un factor determinante, ya que resulta más frecuente en unas razas que en otras.

Entre los síntomas se encuentran la realización de actividades de manera compulsiva. Por ejemplo, que se muerda, persiga su cola constantemente, se lama con mucha frecuencia, pero también que ladre o excave sin parar o presente una actitud tímida o se muestre poco sociable.

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Uno de los más habituales es el que los expertos denominan “tailchasing”, o lo que es lo mismo: que el perro da vueltas sobre sí mismo persiguiéndose la cola. Según apuntan, el animal suele entrar en una especie de trance cuando hace esto, algo que puede empeorar si aumenta su ansiedad. Suele darse en perros jóvenes de la raza Bull Terrier, Pastor Alemán y Pastor Australiano.

Fibrosis, infecciones y úlceras

Otra reacción es la dermatitis acral por lamido. Se trata de la consecuencia de que el perro se lama de forma compulsiva. Se manifiesta especialmente en la zona de las patas, y puede derivar en calvas, hiperpigmentación, fibrosis, infecciones bacterianas e incluso úlceras. En este caso, es más frecuente en razas de perros grandes, cercanos a la mediana edad y que sufren ansiedad por separación o abandono.

En cualquier caso, si tu perro muestra este tipo de comportamiento, debes saber que el animal necesitará ser explorado por un profesional y, en ocasiones, adiestrado con ayuda de un etólogo, la persona que estudia el comportamiento de los animales.

La medicación o la rectificación del comportamiento son los tratamientos más eficaces para procurar estos trastornos, si bien recuerdan que en algunos casos el pronóstico podría llegar a ser reservado. "En aquellos casos en los cuales no existan lesiones de gravedad, salvo un problema estético, y que no interfieren en la salud o el bienestar del perro, puede que no requieran tratamiento médico. No obstante, en los casos en que la conducta compulsiva se vuelve tan intensa que puede llegar a provocar lesiones de importancia o contribuir a la aparición de otros problemas (disminución en la ingesta de alimentos, ausencia de respuesta cuando los propietarios tratan de frenar la conducta problema), el tratamiento médico estaría justificado, debiendo implementarse de forma concurrente la modificación de la conducta si existe un problema de base etológica", sostiene el estudio.

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