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Cinco falsas creencias sobre ti y el mundo que te impiden estar bien
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PSICOLOGÍA

Cinco falsas creencias sobre ti y el mundo que te impiden estar bien

Una experta psicóloga hace un repaso sobre aquellas frases tan recurrentes que a veces vienen a nuestra mente y que nos hacen más mal que bien

Foto: Foto: iStock.
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La forma en la que entendemos el mundo acaba determinando el carácter de nuestras acciones, proyectos y anhelos. La mayoría de los preceptos son heredados, pues llegamos al mundo como una pizarra en blanco que poco a poco vamos llenando con los predicados que los demás nos dirigen. Pero, ¿qué es lo que determina la naturaleza de nuestras acciones? Uno de los debates más candentes en la actualidad es reconocer cuáles de nuestros deseos son propios, pues el mundo virtual en el que nos hayamos inmersos nos condiciona a la hora de elegir, desde el famoso 'filtro burbuja de Google' hasta las recomendaciones de productos de Amazon que se despliegan cada vez que le damos a aceptar al botón de las 'cookies' cuando navegamos por Internet.

Ahora bien, en un nivel psicológico más profundo, las creencias que dirigen nuestras acciones pueden partir de experiencias personales pasadas y de acontecimientos que en su momento provocaron un cambio en nosotros mismos o una emoción. Aunque en ocasiones podamos actuar sin conciencia alguna y con ello aumentemos nuestras posibilidades de equivocarnos, en el fondo la brújula que guía nuestros actos se reduce a una relación de interés, de un coste de oportunidad constante que también se traduce en cada vez que dejamos de hacer una cosa para hacer otra, nos comprometemos con una idea o una persona o sacrificamos nuestro tiempo para llegar a una meta determinada.

"Obtener la aprobación de todos es tarea imposible. ¿Cómo puedo sentirme bien con mis elecciones a pesar de no agradar a todo el mundo?"

Y, otras veces, aun siendo víctimas de nuestro propio autoengaño, acabamos haciendo cosas que sabemos que no deberíamos, bien porque una persona de autoridad nos lo exige o porque se supone que tenemos que hacerlo. Es en estos momentos cuando debe imperar la reflexión, que puede venir de muchas fuentes, bien en una conversación con alguien a quien respetamos y nos aprecia o a través de un buen libro o una obra de arte del tipo que sea.

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En caso de no disponer de esa fuente de información fiable sobre las decisiones que debemos tomar, podemos recurrir a una persona especializada en diligencia personal que nos oriente y asesore. De ahí la función que cumplen los 'coaches' o entrenadores personales de hoy en día. Una de ellas es Marcia Reynolds, quien recientemente ha publicado en 'Psychology Today' un inspirado texto en el que repasa algunas de las creencias que tenemos interiorizadas y aprendidas, desde el plano afectivo al laboral. Tal vez esta serie de desmentidos te ayude a saber dirigir mejor tu vida hacia donde tú quieres y no hacia donde no deberías o porque te lo están imponiendo.

"Debo trabajar duro para ser perfecto"

La creencia de que todo se consigue con empeño y esfuerzo es bastante errónea. Bien es cierto que, como dice el refrán, "quien algo quiere, algo le cuesta", pero en realidad aquí entran en cuenta muchos otros factores como puede ser la suerte. En vez de repetirte mentalmente esta frase, Reynolds propone otra distinta: "La gente admirará mis esfuerzos, especialmente si reconozco y acepto mis errores, sabiendo que todos aprendemos de ellos para el futuro. Puede que me avergüence, me enfade conmigo mismo, pero es preferible a no vivir con el estrés de ser perfecto, Me esfuerzo por ser excelente, no perfecto".

"Todos tienen que estar de acuerdo conmigo"

Hay que escuchar siempre la opinión de familiares y amigos, pero tampoco ser una marioneta que no tiene personalidad ni voluntad. Y, mucho menos, temer a lo que ellos puedan juzgar de lo que haces. "Obtener la aprobación de todos es tarea imposible", observa la experta. "¿Cómo puedo sentirme bien con mis elecciones a pesar de no agradar a los demás?"

"Hay que ganar mucho dinero para ser feliz"

Evidentemente, el dinero no da la felicidad, pero sí que ayuda. Teniendo en cuenta esto, y aplicándolo al mundo de las profesiones, deberemos actuar de acuerdo a nuestras pasiones y no solo pensando en si lo que hacemos nos va a reportar pingües ingresos. Lógicamente, tampoco tenemos que caer en la trampa de guiarnos solo por lo que nos gusta y ser unos ingenuos. Hay que intentar buscar el punto medio entre aquello que nos apasiona y aquello que nos da de comer.

"Nunca seré lo suficientemente bueno"

Reynolds propone cambiar el enunciado de esta forma para no tener que repetirnos esta frase tan lastimera. "Puedo temer al fracaso y sentir la emoción de aprender y expandir mis habilidades y conocimientos con nuevas experiencias. Si recuerdo mi propósito, aquello que defiendo y las fortalezas que impongo para obtener un resultado positivo, tendré el valor de actuar incluso cuando tenga miedo".

"No puedo enfadarme porque alejaría a la gente de mí"

"La ira, como todas las emociones, es una energía que mueve el cuerpo para que actuemos", asegura la experta. "Cuando puedo interpretarla y tratar de determinar por qué estoy enfadado, puedo saber también si estoy dispuesto o necesito dejar de lado a alguien". Obviamente, hay un punto medio. Lo más sano es intentar hablar y escuchar con la persona que nos ha ofendido o herido. Ello implica fuerza de voluntad y ganas, pues habrá que ceder para escuchar lo que el otro tiene que decir. Si al darle la palabra el otro no está dispuesto a escuchar o es incapaz de aceptar nuestro enfado, lo mejor es dejarlo, pues corres el riesgo de enturbiar más la relación, lo contrario de lo que querías conseguir.

La forma en la que entendemos el mundo acaba determinando el carácter de nuestras acciones, proyectos y anhelos. La mayoría de los preceptos son heredados, pues llegamos al mundo como una pizarra en blanco que poco a poco vamos llenando con los predicados que los demás nos dirigen. Pero, ¿qué es lo que determina la naturaleza de nuestras acciones? Uno de los debates más candentes en la actualidad es reconocer cuáles de nuestros deseos son propios, pues el mundo virtual en el que nos hayamos inmersos nos condiciona a la hora de elegir, desde el famoso 'filtro burbuja de Google' hasta las recomendaciones de productos de Amazon que se despliegan cada vez que le damos a aceptar al botón de las 'cookies' cuando navegamos por Internet.

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