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El ventilador: cómo las inglesas del siglo XVIII se las apañaron para entrar en el Parlamento
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Un sistema moderno masculino

El ventilador: cómo las inglesas del siglo XVIII se las apañaron para entrar en el Parlamento

En algún momento, los hombres congresistas permitieron que algunas mujeres, como ciudadanas de segunda, pudieran pasar a un cubículo en las alturas y permanecer en él durante horas “mientras estuvieran fuera de la vista” en los debates

Foto: Fuente: The Viewing Gallery, Houses of Parliament.
Fuente: The Viewing Gallery, Houses of Parliament.

El conducto de ventilación del Parlamento, ese fue el lugar que los políticos británicos dieron a las mujeres en el siglo XVIII. Por aquel entonces, acceder a la vida pública conllevaba un suplicio para ellas, que empeoraba aún más con el estatus social de cada una. El sistema político moderno que comenzaba a despertar en Europa era, literalmente, un sistema masculino: hombres blancos y de clase alta implantaban las normas, seguros y asegurándose de que solo ellos podrían hacerlo.

Lo que en la actualidad conocemos como patriarcado no era nuevo, pero no dejaba de retorcerse en función de los avances que, curiosamente, desde el propio pensamiento por y para hombres hacía tambalear aquellas ideas. "El comienzo del siglo XIX vio una regresión en el pensamiento popular a los ideales de la feminidad centrados en 'el ángel del hogar'; las mujeres debían ser amas de casa y cuidadoras, con ideales de feminidad centrados en la serenidad, la compasión y la sumisión. Aunque prácticamente era imposible desterrarlas por completo de la esfera pública, este pensamiento cultural popular separaba el mundo entre lo público y lo privado, siendo el dominio público el dominio de los hombres y el ámbito doméstico privado del hogar, la cárcel de las mujeres", sostiene la investigadora Amy Galvin en el portal de 'Women History World'.

Foto: La primera vez que votó una mujer en España, concretamente en Éibar, el 5 de noviembre de 1933. (Indalecio Ojanguren, Wikipedia)

En este contexto, las mujeres tuvieron espacio en el Parlamento. Si la idea resulta irónica para este punto de la historia, la forma en que se vieron obligadas a poder hacerlo lo es mucho más, porque simple y desgraciadamente la realidad de las mujeres ante el sistema machista dominante supera cualquier análisis, recuerdo o ficción que busque acercarse a ella. Dentro de una cavidad conocida como “el ventilador” algunas pudieron escuchar el eco de los hombres que debatían el futuro del país.

Diseñado para que saliera el calor

En aquella época, la Cámara de los Comunes británica se encontraba situada en lo que fue la parte superior de la Chapel of Saint Stephen o Capilla de San Esteban original. Según apunta Galvin, “los parlamentarios comenzaron a quejarse sobre la acústica porque tenían problemas para escuchar los debates en un espacio tan amplio. Como solución, se construyó un techo artificial. En el centro del nuevo techo se colgó una lámpara de araña, y arriba se dejó un espacio, diseñado para llevarse el calor y los residuos de las velas”.

Así, no resulta muy difícil imaginar el aire caliente que llegaba a acumularse en ese respiradero, que además era pequeño porque no estaba pensado para albergar personas. Sin embargo, el algún momento los hombres permitieron que las mujeres, como ciudadanas de segunda, pudieran pasar al cubículo y permanecer en él durante horas “mientras estuvieran fuera de la vista”. Solo podían sentarse ocho mujeres que, paradójicamente, apartadas y escondidas, trataban de escucharlos desde arriba.

Otra de las tres ilustraciones que muestran cómo era

Así lo muestra un curioso boceto del que se desconoce autoría y fecha exacta. Según señala Richard Moss en el portal de 'Museum Crush', se cree que fue pintado por Lady Georgiana Chatterton, una novelista cuyos libros, entre ellos ‘Cuentos de la tía Dorothy’ (1837) y ‘Rambles en el sur de Irlanda’ (1839), quedaron en el olvido del devenir, como parte del legado que aún está por recuperar en la lucha feminista. El dibujo, a color, fue descubierto en 2017 escondido en el reverso de un volumen de acuarelas de Rebecca Dulcibella Ferrers, en los archivos de Baddesley Clinton Estate.

Solo existen tres representaciones de este lugar

Se trata de una de las tres únicas representaciones visuales del ventilador que se conocen hasta la fecha. Galvin y Kathryn Rixa ofrecen en la web de 'Victorian Commons' algunos datos más que ayudan a las investigadoras e investigadores a reconstruir la historia con situaciones y experiencias como la de aquellas mujeres. Concretamente, el boceto se halló junto a un billete para acceder al Westminster Hall con fecha de 11 de julio de 1821. “Esta era la fecha del Discurso del Rey en la Cámara de los Lores, por lo que habría habido una gran demanda de entradas para el Parlamento, que debían obtenerse a través de enlaces a diputados. Una joven de catorce años con buenas conexiones, como Georgiana Chatterton en ese momento, pudo asistir tal vez con un acompañante”, explican.

placeholder Henrietta Georgiana Marcia Lascelles Chatterton, posible autora de la ilustración a color del ventilador. (ver imagen principal). Fuente: Wikipedia
Henrietta Georgiana Marcia Lascelles Chatterton, posible autora de la ilustración a color del ventilador. (ver imagen principal). Fuente: Wikipedia

Su pintura representa a ocho mujeres que asoman la cabeza por pequeños agujeros en lo más alto del Parlamento y observan al montón de hombres reunidos bajo ellas. Con numerosos detalles, revela parte del trato vejatorio al que, con la supuesta suerte de pequeñas permisividades, las mujeres (y solo aquellas privilegiadas) debían construirse dentro de un orden social preestablecido. Tenían empeño, sí, y voluntad, pero sobre todo tuvieron paciencia hasta no poder más. Recuerda que aún quedaban años para que tomara forma el movimiento sufragista.

No está claro cuándo comenzaron a ocupar aquel lugar. Sin embargo, aunque no existen más de tres representaciones gráficas, sí hay numerosos relatos de mujeres que alguna vez llegaron a pasar al ventilador, recuerda Galvin.

Dando paso al Sufragismo inglés

Según asegura Moss, a las mujeres de Inglaterra se les había prohibido la entrada a las galerías públicas en 1778, tras un debate en torno a la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. El debate provocó un revuelo que quedó plasmado en registros parlamentarios como "el motín". Pista: no lo fue.

En aquel momento, a las mujeres presentes las obligaron a abandonar el edificio. Algunas mujeres se negaron a hacerlo, aquel gesto, como un presagio de décadas posteriores, sorprendió a las autoridades que prohibieron a toda costa que las mujeres volvieran.

Pero lo hicieron, desde arriba y encerradas, sin participación, fueron agrupándose y conociéndose, reivindicándose. En 1866, John Stuart Mill se encargó de presentar en el Congreso una solicitud firmada por 1.500 mujeres que exigían que en la reforma del sufragio que se estaba debatiendo en ese momento la inclusión del voto femenino. Tendrían que pasar más de 60 años para que lo consiguieran.

placeholder Mujeres sufragistas inglesas en 1908. Fuente: Wikipedia
Mujeres sufragistas inglesas en 1908. Fuente: Wikipedia

Como sugiere Galvin, otra cosa no, pero el ventilador pudo haber sido la conformación conjunta de la educación política que a las mujeres se les negaba. “Aunque marginado, el ventilador como espacio brindó a las mujeres un acceso único a los debates políticos e inició el reingreso de las mujeres al Parlamento”.

El conducto de ventilación del Parlamento, ese fue el lugar que los políticos británicos dieron a las mujeres en el siglo XVIII. Por aquel entonces, acceder a la vida pública conllevaba un suplicio para ellas, que empeoraba aún más con el estatus social de cada una. El sistema político moderno que comenzaba a despertar en Europa era, literalmente, un sistema masculino: hombres blancos y de clase alta implantaban las normas, seguros y asegurándose de que solo ellos podrían hacerlo.

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