De las hetairas griegas a las geishas: las cortesanas a lo largo de la historia
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De las hetairas griegas a las geishas: las cortesanas a lo largo de la historia

Cultas e instruidas, altas cortesanas o jóvenes obligadas a servir a hombres adinerados, en la historia de la humanidad ha habido distintas mujeres que vendían su cuerpo

Foto: Interior de un burdel. (Henri de Tolouse-Lautrec)
Interior de un burdel. (Henri de Tolouse-Lautrec)

Desde la emperatriz Mesalina a la Bella Otero o Mata Hari, el oficio más antiguo del mundo ha dado cortesanas que han pasado a la historia. Paseaban por los burdeles, lupanares o barrios rojos de todo el mundo sin saber que sus nombres se harían eternos por el simple hecho de dar placer a los hombres. En todas las épocas y países ha existido la prostitución, algo que incluso a día de hoy sigue creando fervorosos debates entre círculos feministas. La Declaración de Viena sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, aprobada por la Organización de Naciones Unidas en 1993, reconoce la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres. Sin embargo, algunas voces están a favor de su legalización con el propósito de ayudarlas y otorgarlas derechos.

Sea como fuere, a lo largo de la historia del ser humano fueron muchas las diferentes cortesanas. Algunas incluso parecían gozar de enormes derechos por el simple hecho de serlo (como sucedía con las hetairas, comparables en cierta medida a las geishas), lo cual suena sorprendente quizá porque con el paso del tiempo la prostitución fue tomando otro cariz: durante la Edad Media, aunque no se concebía su erradicación, sí fue objetivo de críticas morales, y en la Edad Moderna sí intentó prohibirse justamente por la prevalencia de enfermedades de transmisión sexual.

Las hieródulas

Los hieródulos, tanto hombres como mujeres, eran literalmente 'esclavos del templo': se dedicaban al culto de los dioses y eran de origen oriental. Con frecuencia se les relaciona con el culto a deidades de Asia Menor, Fenicia o Siria. Había dos clases, y a una de ellas pertenecían las mujeres, que se prostituían y presentaban a los dioses el dinero que obtenían de esa forma.

En Babilonia había una obligación para todas las mujeres, al menos una vez en la vida: acudir al Templo de Ishtar para practicar sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico

Historiadores como Heródoto documentan la existencia en Babilonia de una obligación para todas las mujeres, al menos una vez en la vida: acudir al Templo de Ishtar para practicar sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico. Probablemente son los primeros registros de prostitución que se tienen de la época antigua: en el Código de Hammurabi se hallan apartados que regulan sus derechos particulares.

Hetairas griegas

No simples prostitutas, sino mujeres cultas y libres. Así podría calificarse a las hetairas, pues en Atenas había una clara distinción entre las llamadas pornai (prostitutas corrientes) y las hetairas: mujeres educadas que recitaban poemas, bailaban y cantaban, y solían tener pocos clientes. Sus servicios incluían la conversación, la danza, la música y la estimulación intelectual, y llevaban peinados enrevesados como los de las mujeres de clase alta, además de prendas transparentes en contraste con el resto de mujeres, que vestían de lino.

placeholder La leyenda cuenta que Friné tuvo que desnudarse para salvar su vida. (Jean-Léon Gérôme)
La leyenda cuenta que Friné tuvo que desnudarse para salvar su vida. (Jean-Léon Gérôme)

Desde Thais, que acompañaba a Alejandro Magno, a Friné, célebre por su belleza y su historia: según la leyenda, tuvo que desnudarse durante un juicio para que no la condenaran. También se cuenta que acumuló tanta riqueza que se ofreció a financiar la reconstrucción de las murallas de Tebas, destruidas por Alejandro Magno en el 336 a.C, eso sí, con una condición: que se escribieran en las paredes las palabras: "destruido por Alejandro, restaurado por Friné la cortesana". Muchas hetairas han pasado a la posteridad, igual que las historias de grandes hombres enamorados de alguna: desde Platón a Pericles.

Las odaliscas del harén Imperial

En realidad no eran concubinas del harén, pero podían llegar a serlo, aunque en un principio se encontraban en lo más bajo del 'status quo', sirviendo a las propias concubinas del sultán en el Imperio Otomano. Solían ser regalos al sultán a los hombres ricos, y si sobresalían por su belleza o sus dotes en el canto o el baile podían llegar a ser parte del harén. Si era seleccionada y era entrenada como concubina del sultán podía servirle sexualmente y después podía convertirse en una verdadera concubina. Hay más: si se quedaba embarazada del sultán y daba luz a un hijo varón, se convertía automáticamente en una de sus esposas.

Solían ser regalos al sultán a los hombres ricos, y si sobresalían por su belleza o sus dotes en el canto o el baile podían llegar a ser parte del harén

Algo parecido sucedía en la América Precolombina, también había un grupo de prostitutas que cumplían la función ritual de acompañantes de los guerreros, con quienes tenían la posibilidad de casarse.

Diferencias entre la geisha y la oiran

Si paseas por una calle tranquila de Kioto, quizá puedas encontrarte a una geisha (o una maiko, aprendiz) caminando apresuradamente y haciendo ruido con sus sandalias. En un principio las geishas eran hombres, profesionales del entretenimiento, pero con el paso del tiempo las mujeres empezaron a superarles en número. Todavía existe mucha confusión con respecto al término: la geisha se encargaba de entretener, y no solo a hombres. También hay cierto secretismo en lo que respecta a sus actividades sexuales, pero era (y es) libre de casarse y aunque 'Memorias de una geisha' ha dado lugar al equívoco con la venta de su virginidad, lo que sí es cierto que podían tener un danna u hombre adinerado que financiaba sus costes del entrenamiento tradicional. Eran contratadas para asistir a casas de té y entretener mediante el canto, el baile y otras artes.

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Fuente: iStock.

Las oiran, por otro lado, con las que se suele confundir a la geisha, sí eran cortesanas (aunque de alto rango) en Japón. Surgieron a principios del período Edo y vivían en los barrios de placer: generalmente eran vendidas por sus padres a los burdeles, y aunque también eran instruidas en el arte, el baile, la poesía o la caligrafía, su principal servicio (al contrario que la geisha) era el sexual.

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