Más allá de los pájaros: otros animales que también pueden cantar
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Más allá de los pájaros: otros animales que también pueden cantar

Muchos estudios llevan tiempo analizando los animales que, curiosamente, también entonan melodías. ¿Por qué lo hacen? ¿Podría ser un rasgo evolutivo?

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Aunque todos preferimos una dulce voz humana que nos relaja con una melodía, tampoco le hacemos ascos a despertarnos relajados, gracias al cantar de los pájaros. Dos criaturas que cantan dulcemente, intercambiando trinos y chirridos, no pueden ser menos que dos pájaros (piensas mientras cierras los ojos, dejándote llevar y felizmente relajado). Te equivocas, sin embargo, son dos ratones cantores: diminutos roedores de los bosques de Centroamérica que se comunican así.

Sus curiosos sonidos nos llevan a una certera aunque curiosa conclusión: los pájaros cantores no son los únicos animales (además de los humanos) que cantan. De hecho, hay más animales que cantan de lo que se podría esperar. Entonces, ¿qué especies lo hacen? ¿Y cantan solo para encontrar pareja y marcar su territorio, o quizás también, como nosotros, simplemente porque lo disfrutan?

Según un artículo publicado recientemente en 'Live Science', antes de nada hay que entender qué es lo que separa lo que consideramos una canción de otros sonidos. Pocos investigadores afirman tener una respuesta definitiva, pero de una manera simple definen una canción como una secuencia de tonos, que puede repetirse durante un período de tiempo en algo que se asemeja a lo que llamaríamos una melodía. En pocas palabras, todas las canciones son sonidos, pero no todos los sonidos son canciones. Según esta definición, el ladrido de un perro o el croar de una rana no se consideraría a priori canciones.

Los animales que cantan son con más frecuencia aquellos que lo aprenden de sus padres, en lugar de nacer con la habilidad

Yendo un paso más allá, una canción implica cierto grado de composición, a lo que ayuda la capacidad de improvisar. Curiosamente, los animales que cantan son con frecuencia aquellos que aprenden sus vocalizaciones de sus padres, en lugar de nacer con la habilidad, lo que apuntala esa capacidad de improvisar. Aunque es una definición subjetiva y profundamente humana para entender algo, cantar es algo así como una forma abreviada de explicar un subconjunto de señales animales que suenan musicales.

Y bien, entonces, ¿qué animales lo hacen? El murciélago mexicano de cola libre (o Tadarida brasiliensis) intenta atraer la atención de las hembras durante la temporada de apareamiento con una melodía aguda (tan aguda, de hecho, que los humanos necesitan sintonizar un equipo de audio especial para escucharla). Cuando logra captar el interés de una potencial pareja, actualiza esa 'canción' con una variedad de frecuencias para mantener a la hembra intrigada el tiempo suficiente antes de que comience el apareamiento.

El murciélago de cola libre intenta atraer la atención de las hembras durante la temporada de apareamiento con una melodía aguda

Los gibones, por otro lado, desafían a los humanos como cantantes sublimes. No todas las especies de gibones cantan, pero las que lo hacen producen arias complejas que suelen intercalar gritos largos y agudos con ráfagas de sonido más breves, utilizando mecanismos vocales que los investigadores han descubierto que también son comunes en los cantantes de ópera. Además, pueden cantar a dúo para fortalecer los lazos sociales.

Y, por supuesto, están también los inquietantes cantos de la ballena jorobada (la fascinante ballena de 52 hercios canta para que nadie pueda escucharla), que en 1970 el biólogo Roger Payne grabó en vinilo y distribuyó, cautivando al público durante aquella época. Mostraron, además que las orcas y las belugas también cantan, y que muchas ballenas tienen canciones únicas que sirven para identificarse.

Se descubrió que las composiciones de Mozart reducían la presión arterial de los ratones

Pero, ¿hay algún animal que cante por el mero placer de hacerlo? En realidad no hay una respuesta precisa. Hay una creciente evidencia de que tienen una respuesta emocional a la música. Por ejemplo, los investigadores han estudiado el impacto de las composiciones de Mozart en ratones, que pueden escuchar los tonos de frecuencia más alta, y han descubierto que reduce su presión arterial. Un estudio de 2015 estudio cómo un grupo de canciones pensadas para gatos se recibían con interés entre este difícil público: se acercaron a los altavoces y se frotaron con ellos.

El hecho de que las canciones compuestas puedan tener este efecto en los animales ha llevado a algunos a considerar que el impacto emocional de la música puede tener raíces evolutivas más profundas de lo que creemos. Según fuentes del estudio: "Esto muestra que hay un componente emocional en la música y que si manipulamos estos factores emocionales, podemos cambiar el comportamiento de los animales". En cuanto a sí los animales realmente cantan por el simple gusto de hacerlo, los investigadores aún no se atreven a afirmarlo rotundamente. Las preguntas más interesantes son, también, las más difíciles de probar.

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