No tengas esperanza si quieres cambiar las cosas, como Hannah Arendt
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CUESTIONES FILOSÓFICAS

No tengas esperanza si quieres cambiar las cosas, como Hannah Arendt

Repasamos la visión que tenía esta pensadora de un sentimiento a simple vista tan noble y positivo como es la esperanza. ¿Por qué no deberíamos esperar ya nada más?

Foto: La filósofa Hannah Arendt.
La filósofa Hannah Arendt.

Paul McCartney, en un derroche de optimismo, lanzaba en 2014 'Hope for the future', un tema cuya letra alentaba a creer que los mejores días estaban por llegar. Ese mismo año, la banda de rock alternativo Modest Mouse publicaba 'Float On', una canción que describía situaciones cotidianas negativas para después animar al oyente con pensamientos positivos. Se trata de un recurso muy usado por diversos cantantes y grupos. En el mundo de la canción hispánica, a todos nos viene a la cabeza la palabra "esperanza" con la voz de Diego Torres. O el mítico 'Resistiré' del Dúo Dinámico, la cual tronaba en todos los balcones de España durante la cuarentena del año pasado. Si quieres escribir una canción alegre, lo más recurrente es presentar un hecho triste o trágico para luego después refutarlo con una emoción positiva cargada de confianza en el futuro.

Aunque el mundo siempre necesita artistas que recuerden la importancia de saber levantarse en los momentos difíciles ('The Rising' (2002), de Bruce Springsteen es el mejor ejemplo), esta arenga positiva a las masas en ocasiones puede inducir a la comodidad y ser contraproducente, pues basta con que "los hombres buenos no hagan nada para que el mal triunfe", como diría Edmund Burke. Y, en este sentido, la palabra 'esperanza' en su sentido más etimológico alude a la capacidad de esperar algo, o como mínimo, a un sentimiento de confianza que nos embarga al pensar en un futuro mejor.

"Fue aferrarse a la esperanza, argumentó Arendt, lo que dejó a tantos judíos y personas indefensas"

Esta concepción negativa de la esperanza ha sido muy discutida y analizada por algunos de los grandes pensadores del siglo pasado y de nuestro presente más inmediato. En épocas complicadas y decisivas, en las que un sentir colectivo desesperado induce a pensar que el destino de la humanidad pende de un delgado hilo, ya fuera la Segunda Guerra Mundial o la crisis nuclear de la Guerra Fría, la esperanza emerge como alternativa a no dejarse llevar por el pesimismo. Aunque a decir verdad, es difícil mantener la calma y pensar en positivo cuando el mundo ha visto tanto horror. De ahí el manido aforismo de Theodor W. Adorno que decía aquello de que "escribir poesía después de Auschwitz" era "un acto de barbarie".

Contra toda esperanza

Una de las autoras del siglo XX que más contribuyó al pensamiento crítico y analizó el auge, desarrollo y consecuencias de los totalitarismos, fue Hannah Arendt. En sus libros podemos encontrar muchas referencias a la esperanza en tiempos difíciles, teniendo en cuenta de que fue uno de los seres humanos, entre otros muchos, que más cerca estuvo del horror nazi y vivió para contarlo. Una de las obras de referencia de la pensadora judía fue 'Contra toda esperanza', de Nadezhda Mandelstam, una de los grandes títulos de la literatura rusa que mejor sirve para acercarse a la represión de Stalin junto con 'Archipiélago Gulag' de Aleksandr Solhenitsyn, escrita por la esposa del poeta Osip Mandelstam.

"Solo cuando perdieron la esperanza y el miedo", se dieron cuenta de que "la resistencia armada era la única salida moral y política"

Según Samantha Rose Hill, una de las mayores expertas norteamericanas en Arendt, quien ha publicado un largo artículo en 'Aeon' sobre la autora judía y sus ideas en torno a la esperanza, 'Contra toda esperanza' era una de las lecturas obligadas para sus alumnos de su vida como profesora universitaria. Además, también figuraba otro autor menos conocido que Mandelstam en su biografía de cabecera, en este caso el poeta polaco Tadeusz Borowski, quien se mostraba muy crítico contra la noción de esperanza en el pueblo judío.

"Nunca antes en la historia de la humanidad la esperanza había sido más fuerte que el hombre", escribe el poeta en 'This Way for the Gas Ladies and Gentlemen' (1946), un libro que no se ha traducido al español pero, a juzgar por su título, ha pasado a ser fácilmente uno de los relatos más duros sobre los campos de exterminio nazis. "Pero nunca antes había hecho tanto daño como en esta guerra, en este campo de concentración. Nunca nos enseñaron cómo perder la esperanza, y por eso hoy perecemos en las cámaras de gas". Borowski era tan solo un adolescente cuando Hitler invadió Polonia. "Fue aferrarse a la esperanza, argumentó Arendt, lo que dejó a tantos judíos y personas indefensas", sentencia amargamente Rose Hill. "Fue la esperanza lo que destruyó a la humanidad al alejar a las personas del mundo que tenían frente a ellos. Fue la esperanza lo que impidió que la gente actuara con valor en tiempos oscuros".

Foto: Imagen de archivo.

Más aún, según sostiene Arendt, eran los propios nazis quienes inocularon el sentimiento de esperanza en el pueblo judío para masacrarles, tal vez porque a pesar de todo les hicieron creer en que su maldad algún día sería corregida o no les infligirían el asesinato, la tortura. "Solo cuando perdieron la esperanza y el miedo", argumenta, se dieron cuenta de que "la resistencia armada era la única salida moral y política". Una vez instaurado su totalitarismo, las normas morales y éticas quedaron suspendidas durante aquellos años, tanto en Polonia como en Alemania. Al final, la ley que imperaba fue sustituida por el asesinato en masa.

"Las experiencias más básicas, como el amor, la pérdida, el deseo, el miedo, la soledad o la esperanza fueron instrumentalizadas por la propaganda fascista para influir en las masas", recalca Rose Hill. "Pero Arendt no se dejó convencer", ya que cuando sopesaba tomar la decisión de suicidarse en el campo de concentración en el que estaba para así acabar con su sufrimiento, "eligió la vida". En otras palabras, "estaba atrapada en el 'ya no' y 'todavía no'". Y quizá, en ese contexto y esa situación en la que ya se había abolido cualquier rasgo de humanidad, suicidarse podía entenderse como un acto de esperanza, el más básico sobre el que reflexionaban los filósofos existencialistas como Camus: la vida solo tiene sentido, más aún cuando se han borrado las condiciones humanas que la dignifican, por el derecho personal a elegir la muerte. De tanto esperar, ya solo cabía esperar la muerte.

El hombre y el sentido de esperanza

Evidentemente, hay más relatos filosóficos que se oponen a esta incómoda y pesimista visión de la esperanza de Hannah Arendt. Sin ir más lejos, el de Viktor Frankl, quien también escribió y relató sus experiencias en los campos de exterminio. Su famoso 'El hombre en busca de sentido' podría funcionar como el manual más contundente de lo que hoy en día llamamos (con manifiesta recurrencia y gratuidad) resiliencia, pues a pesar de todo el calvario que vivió durante aquellos años de reclusión y torturas, al final se aferra a la voluntad de vivir ante todo, pues no venimos aquí con un objetivo dado más allá que el de sobrevivir y el de buscar un sentido incluso a aspectos tan azarosamente violentos como puede ser el Holocausto. Y, como rezan las reseñas y análisis sobre el libro de Viktor Frankl, uno solo encuentra sentido a lo que pasa o a lo que le rodea si tiene paciencia, es decir, si sabe esperar y piensa con libertad y responsabilidad en sí mismo y en los demás.

Foto: Foto: Wikipedia.

En cada época histórica parece que el fin del mundo pende de un hilo, con su relativa esperanza de salvarlo. Tras la Segunda Guerra Mundial vino la Guerra Fría y con ella la amenaza nuclear, la cual perduró hasta finales del siglo XX. Más tarde, ya en el XXI, llegó el terrorismo y su respectiva guerra al terror. En la actualidad, existen retos tan grandes como la necesidad de adoptar medidas para ralentizar el cambio climático, la desigualdad económica tanto entre distintas regiones del planeta como dentro de los países, y la inmigración, que se prevé que aumentará en los próximos años; por no hablar de la sorpresiva pandemia que parece que ya está llegando a su fin aunque todavía sea pronto para saberlo. Y, de telón de fondo, como en el siglo anterior, la amenaza más fuerte que parece no haberse ido a pesar de todos los errores cometidos en el pasado: la posibilidad de que un creciente poder totalitario tome el control, ya sea a imagen y semejanza de las ideologías que le auparon en el siglo XX o bajo otra forma que todavía no hemos sabido entender ni ver.

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