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Bulimia, deporte y tragedia: la excéntrica vida de Sissi Emperatriz
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la mujer más querida del mundo

Bulimia, deporte y tragedia: la excéntrica vida de Sissi Emperatriz

La princesa bávara tuvo una vida tremendamente desgraciada, aunque se casó por amor, y sus peculiaridades todavía siguen maravillando a la gente a día de hoy

Foto: Retrato de la emperatriz Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato de la emperatriz Sissi en 1864 de Franz Xaver Winterhalter. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

Antes que Diana hubo una princesa que representó la belleza, la fascinación y la rebeldía, y que en otro tiempo fue considerada 'la mujer más querida del mundo'. Fue así hasta el punto de que, muchos años después, nos llegó la historia tremendamente edulcorada de Isabel de Baviera (más conocida como Sissi Emperatriz), protagonizada por Romy Schneider. En realidad, la princesa bávara tuvo una vida tremendamente desgraciada, aunque se casó por amor, y sus excentricidades todavía siguen maravillando a la gente a día de hoy.

Isabel nació en Múnich una Nochebuena de 1837, hija del duque Maximiliano de Baviera y de la princesa real Ludovica de Baviera. Creció en la más absoluta libertad, lo que marcaría su tristeza y rebeldía posteriores, entre su ciudad natal y los parajes que rodeaban al castillo de Possenhofen, a orillas del lago de Starnberg, donde aprendió a montar a caballo. No solo amaba la equitación sino a los animales en general, desde los perros a otras especies más exóticas como los papagayos. Hablaba alemán, inglés, griego, francés y húngaro. Fue una mujer extremadamente culta, dotada de gran belleza y adelantada a su tiempo.

Cuando tenía 15 años acompañó a su madre y a su hermana mayor Elena (apodada Nené) en un viaje a la residencia de verano de la Familia Real de Austria, donde se encontraba el emperador de Austria, Francisco José I. El encuentro se había preparado para que el joven, que entonces tenía 23 años, se fijase en Elena y la tomase como prometida, pero el destino (o el propio emperador) tenía otros planes. Cuando la conoció, se sintió inmediatamente atraído por Isabel, lo que trastocó los planes de su madre. Solo en aquella ocasión el emperador iría en contra de la decisión de su progenitora. Todos los esfuerzos para hacer desistir al emperador de la idea de casarse con su prima fueron vanos, pues él mismo alegó "estar enamorado como un cadete". Se casarían al año siguiente.

Una vida marcada por la tragedia

La vida de Sissi no fue fácil. No se adaptó bien a la corte en Viena, sumamente estricta sobre todo en comparación con su infancia más distendida en Baviera. Cuando cumplió 18 años nació su hija, la archiduquesa Sofía (1855), pero fallecería con tan solo dos años de edad. Después llegaría al mundo Gisela (1856), a la que el pueblo recordaría con cariño por su solidaridad durante la Primera Guerra Mundial, más tarde el príncipe Rodolfo (1858) y, por último y con bastantes años de diferencia, María Valeria (1868), la única a la que crió y a la que consideraba 'su hija húngara'.

Días antes, Rodolfo había discutido con su padre, que le habría dicho que no era merecedor de ser el heredero al trono

Sissi no pudo influir en la crianza de sus hijos y le fueron arrebatados desde muy pequeños por su estricta y controladora suegra. De cualquier manera, huía de Viena siempre que podía a Corfú o Budapest, por lo que pasaba largas temporadas sin la compañía de su marido o sus hijos. Viajó mucho durante su juventud, probablemente para escapar de la melancolía que le producía la rectitud de la vida en palacio.

placeholder La tragedia de Mayerling.
La tragedia de Mayerling.

Desgraciadamente, Sofía no sería la única hija que perdería la emperatriz. Aunque adoraba al príncipe Rodolfo, este se comportaba con frialdad con su madre debido a la poca implicación que esta había tenido en su crianza. A los 30 años de edad, el heredero del Imperio Austrohúngaro apareció muerto junto a su amante la baronesa de Vetsera, en el pabellón de caza de Mayerling (cerca de Viena). Todavía a día de hoy no hay consenso sobre si fue un suicidio pactado o un asesinato, pero fue un verdadero golpe para la familia real y, según parece, días antes había discutido con su padre, que le habría dicho que no era merecedor de ser el heredero al trono. "Sé muy bien que no era digno de ser vuestro hijo", le escribiría a su madre como nota de despedida.

Excentricidades

Sissi llevaba siempre consigo varios amuletos para evitar que le echaran mal de ojo y tardaba tres horas en lavar y arreglar su largo pelo con una mezcla de huevo y coñac, pero probablemente es especialmente conocida por sus problemas con la báscula. Estaba obsesionada con su peso y toda su vida se mantuvo en los 50 kilos, aunque para ello tuvo que hacer grandes esfuerzos. Era probablemente bulímica, pues combinaba estrictas dietas con atracones de dulces y pasteles.

Tardaba tres horas en lavar y arreglar su largo pelo con una mezcla de huevo y coñac y era probablemente bulímica

Trataba de mantenerse activa el mayor tiempo posible y siempre que le era posible rehuía el comer en público. Amante de la equitación desde niña, montaba a caballo durante horas, practicaba esgrima, natación, ciclismo y senderismo (sus paseos por el campo duraban horas, lo que provocaba las quejas de sus damas de compañía). Trataba de caminar incluso cuando tenía audiencias, mientras escuchaba a sus visitas, y mandó colocar anillas y escaleras en sus propios aposentos para poder ejercitarse.

placeholder Retrato de la emperatriz Sissi, de Georg Raab. (Sisi Museum-Hofburg Wien)
Retrato de la emperatriz Sissi, de Georg Raab. (Sisi Museum-Hofburg Wien)

Su alimentación también era especialmente peculiar. Su lista de alimentos era increíblemente reducida y jamás comía verduras y frutas: su alimento favorito era un consomé compuesto por carne de ternera, pollo, venado, perdiz, leche y sangre de buey (ñam). Por supuesto, la dieta le pasó factura y a partir de los 44 años comenzó a sufrir dolores de ciática, reuma, neuritis y edemas, nunca viajaba sin un botiquín con morfina y los últimos retratos que se conocen de ella se los hizo con 30 años. Después, comenzó a llevar una sombrilla, un abanico de cuero y un velo y a cubrirse en público con él, en homenaje por la muerte de su hijo.

Muerte

Un 8 de septiembre de 1898 la emperatriz llegó a GInebra, acompañada por su séquito, para alojarse en una de las suites del Gran Hotel Beau-Rivage, bajo el nombre de la condesa Hohenems, un alias que utilizaba para pasar desapercibida. Dos días después debían partir hacia Montreaux, mediante un barco que cruzaba el lago Lemán. Mientras caminaba hacia el embarcadero, acompañada de su buena amiga y dama de compañía, la condesa húngara Irma Sztaray, un joven se chocó con ella de forma aparentemente accidental. En un primer momento, ambas mujeres creyeron que había tratado de robarle el reloj que lucía prendido como un broche en la zona del pecho. Sin embargo, ya en el barco, comenzó a sentirse mal y se desmayó.

placeholder Litografía del asesinato.
Litografía del asesinato.

Cuando la condesa le desabrochó el corpiño para ayudarla a respirar, se dio cuenta de que tenía una pequeña herida en la zona del pecho. La emperatriz falleció a causa de una hemorragia interna causada por un punzón que el italiano Luigi Lucheni, exsoldado, le clavó intentando atravesar su corazón. No lo consiguió por unos pocos milímetros, pero de cualquier manera la herida fue fatal.

La emperatriz falleció a causa de una hemorragia interna causada por un punzón que el italiano Luigi Lucheni, exsoldado, le clavó

En realidad, Lucheni estaba planteando un asesinato contra un príncipe de la casa de Orleans, pero cambió de víctima al leer en los periódicos que la emperatriz se encontraba en la ciudad. "Esas gentes me robaron la felicidad", fue lo único que alegó. La mujer más querida del mundo, por su parte, fue enterrada en la iglesia de los Capuchinos junto a su hijo. Francisco José I de Austria los seguiría muchos años después, y su muerte marcaría el final del Imperio Austrohúngaro y de una Europa que ya solo queda en el recuerdo.

Antes que Diana hubo una princesa que representó la belleza, la fascinación y la rebeldía, y que en otro tiempo fue considerada 'la mujer más querida del mundo'. Fue así hasta el punto de que, muchos años después, nos llegó la historia tremendamente edulcorada de Isabel de Baviera (más conocida como Sissi Emperatriz), protagonizada por Romy Schneider. En realidad, la princesa bávara tuvo una vida tremendamente desgraciada, aunque se casó por amor, y sus excentricidades todavía siguen maravillando a la gente a día de hoy.

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