El origen del juego del calamar y otros pasatiempos infantiles que no conoces
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El origen del juego del calamar y otros pasatiempos infantiles que no conoces

Algunos juegos, como el escondite, son sin duda universales, pero cada país tiene los suyos propios, que marcan la idiosincrasia y la cultura del lugar al que pertenecen

Foto: Parte final del primer episodio de 'El juego del calamar'. (Netflix)
Parte final del primer episodio de 'El juego del calamar'. (Netflix)

'El juego del calamar' está causando sensación esta semana. La producción surcoreana, en la que un grupo de personas al más puro estilo Battle Royale deben competir y garantizar su supervivencia mediante juegos infantiles, a cambio de una enorme suma de dinero, se ha convertido en una de las series más vistas de la plataforma Netflix. Una distopía sangrienta que pone de manifiesto la diferencia de clases.

Pero, ¿qué es el juego del calamar? Se trata de un juego que estuvo muy de moda en el país surcoreano allá por los años 70. Se deben hacer dos equipos, siendo uno el que ataca y otro el que defiende, y antes de comenzar se lanza una moneda al aire para elegir quién será cada uno. El atacante necesita ingresar en el dibujo del calamar que se ha hecho en el suelo (y que por ello da nombre al juego, como es lógico), correr más allá de la defensa y luego tocar con el pie la cabeza del calamar para ganar. La defensa por su parte tiene que empujar al atacante fuera del dibujo. Si uno de los dos no puede seguir jugando, el que queda en pie gana.

Probablemente una de las razones por las que la serie de televisión se ha hecho tan popular es por la fascinación que produce ver juegos destinados a niños convertidos en armas letales. Según tu pericia, como sucedía en la infancia, ganarás o no, pero en este caso te juegas la vida. Desde que los seres humanos se asentaron y unieron en tribus o comunidades, los más pequeños inventaron fantasías con las que poder aventurarse en el mundo adulto, pues al final muchos juegos nos preparan para la vida y nos adaptan a las dinámicas de grupo, tan necesarias en la sociedad.

Muchos juegos nos preparan para la vida y nos adaptan a las dinámicas de grupo, tan necesarias en la sociedad

Probablemente otra de las razones por las que la serie ha triunfado, más allá del boca a boca, es por la curiosidad de ver juegos que nosotros no conocemos. Algunos, como el escondite, son sin duda universales, pero cada país tiene los suyos propios, que marcan la idiosincrasia y la cultura del lugar al que pertenecen. Más allá del calamar, hacemos un recorrido por otros juegos infantiles que a nosotros nos son completamente desconocidos. Algunos son versiones de otros que conocemos, y otros tienen distintos nombres (por ejemplo, la rayuela, que dependiendo del lugar se llama de una manera diferente).

La payana

Con distintos nombres (desde payaya a pampula, pasando por yaquis, aunque su nombre viene del quechua) se trata de un juego popular de Centro y Sudamérica que se practica con cinco piedras pequeñas (u objetos similares). Existen numerosas variables locales, pero la idea es lanzar las piedrecillas verticalmente con la palma al cielo extendida en posición horizontal, y mientras dura la trayectoria, invertir la orientación de la palma para recibirlas. El juego va aumentando la dificultad y tiene muchas etapas o pruebas diferentes que lo complican, por lo que es entretenido y los niños suelen jugar bastante.

Oware

El oware es un juego de estrategia para dos personas, originario de África Occidental, que pertenece a la familia de los llamados 'mancalas' (los juegos de tablero más antiguos de los que se tiene constancia). Se requiere un tablero y 48 fichas llamadas semillas: habitualmente está compuesto por dos hileras de seis hoyos situadas una enfrente de la otra.

placeholder Mujeres jugando a Oware.
Mujeres jugando a Oware.

Dos hoyos más grandes a ambos largos del tablero sirven para guardar las semillas que los jugadores capturen en el desarrollo de la partida (la finalidad consiste en capturar el máximo de semillas posibles). La hilera inferior pertenece al jugador que mueve primero (llamado sur), y la superior o norte al segundo (o norte). Los jugadores realizan movimientos en turnos alternativos hasta que alguno capture más de 24 semillas.

Ddakji

Este juego surcoreano aparece en 'El juego del calamar'. Es fácil de hacer y no requiere mucha infraestructura: se doblan papeles en forma de cuadrados, se hacen equipos y se coge un tirador. Después, se ponen los cuadrados de papel en el suelo y el tirador del equipo contrario debe tirar su pieza de papel sobre la que se sitúa en el suelo y, si logra darle la vuelta, gana.

Mayt mât

Juego tradicional marroquí que igual te suene un poco más que los anteriores. Se divide un espacio rectangular en dos mitades y en cada una se coloca un equipo formado por cinco jugadores que defienden un aro que contiene dos pañuelos. Cuando se grita 'Mayt mât' los jugadores de los dos equipos intentarán llevarse los pañuelos del equipo contrario, evitando ser capturados en el campo contrario. Si se toca a un jugar en el campo del otro equipo, quedará eliminado. El ganador es el equipo que consiga tener en su campo los cuatro pañuelos.

Tetsuagui oni

Quizá también te suene porque en España tenemos nuestras propias versiones. No hay límite de jugadores: uno de ellos persigue al resto del grupo con la intención de atraparlos uno a uno. Podría parecer el pilla-pilla, pero la particularidad es que cuando coge a uno se cogen de la mano persiguiendo a los demás, creando una larga cadena. De hecho, cuando la fila de perseguidores es muy larga se puede dividir en dos y seguir jugando: el juego termina cuando todos han sido atrapados.

La rueda de San Miguel

Juego clásico mexicano que consiste en formar un círculo con las manos cogidas e ir girando al ritmo de una canción. La persona que canta va nombrando a los integrantes del círculo y estos tendrán que darse la vuelta al escuchar su nombre y continuar de espaldas. Después de ver 'El juego del calamar' parece buena idea aprender sobre juegos tradicionales, pero solo por si las moscas, claro.

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